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Derechos y deberes humanos

La responsabilidad social, como nueva línea de pensamiento, en todo el mundo y en El Salvador, quizás debiera incluir la revisión de la infraestructura económica que requiere el Estado.

Publicada 14 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Pedro Roque*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Esta semana escuché en la reunión del Club Rotario San Salvador una conferencia sobre los derechos humanos y la democracia. Entendí, entre otras cosas, que en los países democráticos donde existen instituciones dedicadas a la supervisión de estos derechos, parece que se respetan más que en los países gobernados por dictaduras.

Yo pienso que el cumplimiento de los derechos humanos también será más posible en función del desarrollo y crecimiento económico de los países, pues al leer la Carta de los Derechos Humanos, algunos requieren, además de democracia, también de reservas económicas para que el Estado y sus instituciones cumplan sus compromisos.

Si se analizan los recursos que se requieren, se entiende fácilmente cómo en los países donde los ciudadanos pagan sus impuestos, el Gobierno dispone de fondos para que sus ciudadanos disfruten un poco mejor de sus derechos humanos.

Por si le sucede como a mí, que hablamos de derechos humanos sin saber exactamente cuáles son, a continuación los relaciono tal como aparecen en Carta de los Derechos Humanos, firmada el 10/12/48 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, que además de proclamarlos y aprobarlos, pidió a los países miembros, que publicaran el texto y dispusieran que fuera distribuido, expuesto, leído y comentado en los centro de educación.

Pues los derechos a los que se refiere esta carta son: El derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad; al reconocimiento de la personalidad jurídica; a igual protección contra toda discriminación y a un recurso efectivo ante los tribunales; a ser oído públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial; a que se presuma la inocencia mientras no se pruebe la culpabilidad y a la protección de la ley; a circular libremente y a elegir la residencia; a salir de cualquier país y a regresar; a buscar asilo y a disfrutar de él en cualquier país; a una nacionalidad; a casarse y fundar una familia; a la propiedad, individual y colectivamente; a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; a la libertad de opinión y de expresión; a la libertad de reunión y de asociación pacíficas; a participar en el gobierno de su país; al acceso en condiciones de igualdad a las funciones públicas; a la seguridad social; a disfrutar de los derechos económicos, sociales y culturales; al trabajo, a la libre elección del trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo; a igual salario por trabajo igual; a una remuneración equitativa y satisfactoria, que asegure una existencia conforme a la dignidad humana; a fundar sindicatos y a sindicalizarse para la defensa de los intereses; al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas; a un nivel de vida adecuado que le asegure la salud y el bienestar, la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. 

La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales; todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social; a la educación gratuita y a escoger el tipo de educación para los hijos; a tomar parte libremente en la vida cultural, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten; a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora; a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados por la Declaración de los Derechos Humanos se hagan plenamente efectivos.

Cómo y de dónde saldrán los fondos para garantizar los derechos humanos no dice en la Carta y asume que si los gobiernos los priorizan, deben organizarse para encontrar el dinero para garantizarlos. De aquí que vivir en democracia no sólo es disfrutar de los derechos, sino también asumir los deberes que ella nos requiere, como pagar los impuestos que legalmente corresponden, pues los gobiernos con poco dinero sólo eso pueden ofrecer.

La responsabilidad social, como nueva línea de pensamiento, en todo el mundo y en El Salvador, quizás debiera incluir la revisión de la infraestructura económica que requiere el Estado para garantizar a los ciudadanos disfrutar de estos derechos. De ahí que evadir impuestos va también en contra de los derechos humanos.

No sé por qué no existe o soy yo quien no conoce la “Carta de los Deberes Humanos”, es decir, el listado de todo lo que debemos hacer el gobierno, las instituciones, las empresas y los ciudadanos para que los derechos humanos sean una consecuencia.

La supervisión del cumplimiento de los derechos humanos, es decir, el control de por qué se producen agresiones, es un planteamiento correctivo, pues se inicia después de la agresión… Mejor sería invertir más en educación y motivación del cumplimiento de los deberes humanos, que en términos de la gestión de la calidad de vida del país y los ciudadanos, resultaría en un movimiento preventivo y además, seguramente evitaríamos muchas frustraciones y garantizaría el uso más eficiente de los recursos económicos.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.



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