Pedro
Roque*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Esta semana escuché
en la reunión del Club Rotario San Salvador una conferencia sobre
los derechos humanos y la democracia. Entendí, entre otras cosas,
que en los países democráticos donde existen instituciones
dedicadas a la supervisión de estos derechos, parece que se respetan
más que en los países gobernados por dictaduras.
Yo pienso que el cumplimiento de los derechos humanos también será
más posible en función del desarrollo y crecimiento económico
de los países, pues al leer la Carta de los Derechos Humanos, algunos
requieren, además de democracia, también de reservas económicas
para que el Estado y sus instituciones cumplan sus compromisos.
Si se analizan los recursos que se requieren, se entiende fácilmente
cómo en los países donde los ciudadanos pagan sus impuestos,
el Gobierno dispone de fondos para que sus ciudadanos disfruten un poco
mejor de sus derechos humanos.
Por si le sucede como a mí, que hablamos de derechos humanos sin
saber exactamente cuáles son, a continuación los relaciono
tal como aparecen en Carta de los Derechos Humanos, firmada el 10/12/48
en la Asamblea General de las Naciones Unidas, que además de proclamarlos
y aprobarlos, pidió a los países miembros, que publicaran
el texto y dispusieran que fuera distribuido, expuesto, leído y
comentado en los centro de educación.
Pues los derechos a los que se refiere esta carta son: El derecho a la
vida, a la libertad y a la seguridad; al reconocimiento de la personalidad
jurídica; a igual protección contra toda discriminación
y a un recurso efectivo ante los tribunales; a ser oído públicamente
y con justicia por un tribunal independiente e imparcial; a que se presuma
la inocencia mientras no se pruebe la culpabilidad y a la protección
de la ley; a circular libremente y a elegir la residencia; a salir de
cualquier país y a regresar; a buscar asilo y a disfrutar de él
en cualquier país; a una nacionalidad; a casarse y fundar una familia;
a la propiedad, individual y colectivamente; a la libertad de pensamiento,
de conciencia y de religión; a la libertad de opinión y
de expresión; a la libertad de reunión y de asociación
pacíficas; a participar en el gobierno de su país; al acceso
en condiciones de igualdad a las funciones públicas; a la seguridad
social; a disfrutar de los derechos económicos, sociales y culturales;
al trabajo, a la libre elección del trabajo, a condiciones equitativas
y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo;
a igual salario por trabajo igual; a una remuneración equitativa
y satisfactoria, que asegure una existencia conforme a la dignidad humana;
a fundar sindicatos y a sindicalizarse para la defensa de los intereses;
al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable
de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas;
a un nivel de vida adecuado que le asegure la salud y el bienestar, la
alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica
y los servicios sociales necesarios; a los seguros en caso de desempleo,
enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de
sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.
La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales;
todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen
derecho a igual protección social; a la educación gratuita
y a escoger el tipo de educación para los hijos; a tomar parte
libremente en la vida cultural, a gozar de las artes y a participar en
el progreso científico y en los beneficios que de él resulten;
a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan
por razón de las producciones científicas, literarias o
artísticas de que sea autora; a que se establezca un orden social
e internacional en el que los derechos y libertades proclamados por la
Declaración de los Derechos Humanos se hagan plenamente efectivos.
Cómo y de dónde saldrán los fondos para garantizar
los derechos humanos no dice en la Carta y asume que si los gobiernos
los priorizan, deben organizarse para encontrar el dinero para garantizarlos.
De aquí que vivir en democracia no sólo es disfrutar de
los derechos, sino también asumir los deberes que ella nos requiere,
como pagar los impuestos que legalmente corresponden, pues los gobiernos
con poco dinero sólo eso pueden ofrecer.
La responsabilidad social, como nueva línea de pensamiento, en
todo el mundo y en El Salvador, quizás debiera incluir la revisión
de la infraestructura económica que requiere el Estado para garantizar
a los ciudadanos disfrutar de estos derechos. De ahí que evadir
impuestos va también en contra de los derechos humanos.
No sé por qué no existe o soy yo quien no conoce la Carta
de los Deberes Humanos, es decir, el listado de todo lo que debemos
hacer el gobierno, las instituciones, las empresas y los ciudadanos para
que los derechos humanos sean una consecuencia.
La supervisión del cumplimiento de los derechos humanos, es decir,
el control de por qué se producen agresiones, es un planteamiento
correctivo, pues se inicia después de la agresión
Mejor sería invertir más en educación y motivación
del cumplimiento de los deberes humanos, que en términos de la
gestión de la calidad de vida del país y los ciudadanos,
resultaría en un movimiento preventivo y además, seguramente
evitaríamos muchas frustraciones y garantizaría el uso más
eficiente de los recursos económicos.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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