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“Les pedía que no me mataran, por mis hijos”

Vapuleado. Un dirigente deportivo salvadoreño fue robado y golpeado brutalmente por una banda de 10 sujetos que se hacían pasar por policías

Publicada 13 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Interceptado. Proximidades del tramo donde se produjo el atraco el lunes.Foto EDH
Ronald Jovel/Jaime García
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Eduardo Palomo, presidente Salvadoreña de la Federación de Remo, fue víctima de los asaltantes que operan más allá de la frontera con Guatemala. Este es su relato:

“A eso de las 6:45 de la tarde del 8 de noviembre me dirigía en mi auto, en la carretera de Guatemala, para asistir a una cena. Había dejado la frontera de Las Chinamas y cuando transitaba por el kilómetro 41, cerca de un lugar donde venden piñas, se me aproximó un vehículo con las luces altas.

No le tomé importancia, porque creí que sólo quería rebasarme. Cuando lo dejé pasar, su vehículo colisionó con la parte lateral izquierda del mío y me forzó a salir de la calzada.
En ese momento seis sujetos se bajaron del auto disparando contra mi automotor. Ninguno impactó directamente y algunos disparos se hicieron al aire. Cuando hice el intento por escapar, otro auto se puso detrás y ya no pude moverme.

Cinco sujetos se subieron a mi carro, y como por los nervios no podía abrir la puerta, comenzaron a golpear el auto con las cachas de sus pistolas y siguieron disparando.
Cuando al fin pude abrir, me jalonearon de la ropa, me golpeaban en la cabeza y me lanzaron al asiento de atrás con la cabeza hacia el suelo.

Me gritaban: “¡Danos la bolsa negra de la droga, vos la tenés, somos policías!”. Pero no estaban uniformados ni portaban placas. Cuando intenté levantar la cara, uno de los delincuentes me pegó una trompada.

Los sujetos manejaron como unos diez kilómetros a bordo de mi auto y se metieron en una calle de polvo. Cuando llegamos a una cuesta, me bajaron a tirones del carro y, como me llevaban en posición fetal, logré sacarme el anillo de la universidad de la que me gradué y lo metí en un calcetín.

Empezaron a pedirme la cartera y como sólo llevaba cien dólares y cien quetzales, me pidieron los pines (números clave) de mis tarjetas de crédito.

Yo les pedía que respetaran mi vida, porque tenía tres hijos. Algunos gritaban que me mataran. En eso, uno de los hampones me puso la pistola en la cabeza y me hacía ademanes como que me disparaba.

Me pegaron varias patadas y me ponían los pies en el cuello.
Les di los pines de mi tarjeta y me dijeron que si éstos no funcionaban, regresarían para matarme. Cuando se fueron, me lanzaron a una cuneta. Esperé varios minutos y cuando vi que no había nadie, intenté correr, pero caí al suelo, porque tenía atados los zapatos y las manos.

Como pude, me agaché y corté las cintas con la placa de mi mismo auto. Salí a la calle y le pedí que parara a un automovilista, pero no se detuvo.

Regresé a mi auto y vi que habían dejado las llaves puestas, por lo que me marché a la ciudad de Guatemala y al día siguiente puse la denuncia en el Ministerio Público. Por ahora es mejor no viajar a Guatemala”, concluyó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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