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| Interceptado. Proximidades del tramo donde se
produjo el atraco el lunes.Foto EDH |
Ronald
Jovel/Jaime García
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Eduardo
Palomo, presidente Salvadoreña de la Federación de Remo,
fue víctima de los asaltantes que operan más allá
de la frontera con Guatemala. Este es su relato:
A eso de las 6:45 de la tarde del 8 de noviembre me dirigía
en mi auto, en la carretera de Guatemala, para asistir a una cena. Había
dejado la frontera de Las Chinamas y cuando transitaba por el kilómetro
41, cerca de un lugar donde venden piñas, se me aproximó
un vehículo con las luces altas.
No le tomé importancia, porque creí que sólo quería
rebasarme. Cuando lo dejé pasar, su vehículo colisionó
con la parte lateral izquierda del mío y me forzó a salir
de la calzada.
En ese momento seis sujetos se bajaron del auto disparando contra mi automotor.
Ninguno impactó directamente y algunos disparos se hicieron al
aire. Cuando hice el intento por escapar, otro auto se puso detrás
y ya no pude moverme.
Cinco sujetos se subieron a mi carro, y como por los nervios no podía
abrir la puerta, comenzaron a golpear el auto con las cachas de sus pistolas
y siguieron disparando.
Cuando al fin pude abrir, me jalonearon de la ropa, me golpeaban en la
cabeza y me lanzaron al asiento de atrás con la cabeza hacia el
suelo.
Me gritaban: ¡Danos la bolsa negra de la droga, vos la tenés,
somos policías!. Pero no estaban uniformados ni portaban
placas. Cuando intenté levantar la cara, uno de los delincuentes
me pegó una trompada.
Los sujetos manejaron como unos diez kilómetros a bordo de mi auto
y se metieron en una calle de polvo. Cuando llegamos a una cuesta, me
bajaron a tirones del carro y, como me llevaban en posición fetal,
logré sacarme el anillo de la universidad de la que me gradué
y lo metí en un calcetín.
Empezaron a pedirme la cartera y como sólo llevaba cien dólares
y cien quetzales, me pidieron los pines (números clave) de mis
tarjetas de crédito.
Yo les pedía que respetaran mi vida, porque tenía tres hijos.
Algunos gritaban que me mataran. En eso, uno de los hampones me puso la
pistola en la cabeza y me hacía ademanes como que me disparaba.
Me pegaron varias patadas y me ponían los pies en el cuello.
Les di los pines de mi tarjeta y me dijeron que si éstos no funcionaban,
regresarían para matarme. Cuando se fueron, me lanzaron a una cuneta.
Esperé varios minutos y cuando vi que no había nadie, intenté
correr, pero caí al suelo, porque tenía atados los zapatos
y las manos.
Como pude, me agaché y corté las cintas con la placa de
mi mismo auto. Salí a la calle y le pedí que parara a un
automovilista, pero no se detuvo.
Regresé a mi auto y vi que habían dejado las llaves puestas,
por lo que me marché a la ciudad de Guatemala y al día siguiente
puse la denuncia en el Ministerio Público. Por ahora es mejor no
viajar a Guatemala, concluyó.

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