Manuel
F. Ayau Cordón*
Ciudad de Guatemala. (AIPE)
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La palabra capitalista
tiene dos acepciones: una se refiere a una persona acaudalada y la otra
a una persona que siendo pobre o rica está a favor
del sistema capitalista, el cual consiste en la protección de la
vida, la propiedad y los contratos, dejando a la gente en paz, siempre
que se respeten los iguales derechos de los demás.
El asunto no tendría importancia si no fuese porque los políticos
suelen pedir la opinión y asesoría sobre economía
a quienes han logrado éxito económico y no se piensa que
quienes tienen capital puedan estar en contra de la economía de
mercado, es decir, en contra del capitalismo.
El político podrá creer que los empresarios que entienden
de negocios automáticamente entienden de economía, pero
entender de negocios no es lo mismo que entender de economía. La
confusión es universal y muy difícil de corregir, pues nadie
se atrevería a decirle a un empresario de gran éxito en
los negocios que no entiende de economía porque se expondría
a que le conteste: No seas imbécil, ¿no ves cuánto
dinero he ganado?.
Sin embargo, hay muchos empresarios muy ricos que son anticapitalistas
porque creen que el Estado (los políticos) debe manejar la economía.
Así, también, hay muchos pobres que sin tener capital son
capitalistas.
Todos dicen estar a favor de la igualdad ante la ley, pero a los socialistas,
ricos o pobres, les choca que la igualdad de derechos cause desigualdad
económica. Creen que los ricos son ricos, porque se aprovechan
de los pobres y tienen complejo de culpa por ser ricos. Olvidan que el
estado natural del hombre es la pobreza y que la riqueza es artificial,
que hay que producirla, que es precaria y que cuando las mismas reglas
se aplican a todos, por muchas razones los resultados siempre serán
desiguales.
Aprueban que se redistribuyan los ingresos, siempre que no sea la fortuna
propia que hicieron o heredaron. Confunden oportunidad con libertad y
condenan al capitalismo por la falta de igualdad de oportunidades como
si la carencia fuese culpa de los que sí las han tenido. Como no
saben de economía, no se percatan de que en una economía
de mercado las oportunidades de algunos no son la causa de la falta de
oportunidad de otros.
El tema no es fácil. La diferencia entre economía y negocios
no es obvia, pues las mismas palabras tienen distinto significado en economía
que en los negocios. Por ejemplo, pregúntele a un banquero cuál
es el precio del dinero y le contestará que la tasa de interés.
Pero, en realidad, ese es el precio del crédito y no del dinero.
¿Podrá un banquero explicar cuál es el precio del
dinero? Capital, en los negocios, es la diferencia entre activo
y pasivo, pero en economía es otra cosa muy distinta.
En economía, el capital es uno de los factores de producción;
los otros son la tierra, el trabajo y la organización. En ese sentido,
el capital es lo que hace posible la producción y está representado
en bienes, maquinarias, equipos, edificios, dinero, etc.
Depreciación, en los negocios es una cosa, pero ¿en economía
qué significa? ¿Cuántos empresarios podrían
explicar la diferencia entre ventaja competitiva y ventaja comparativa?
¿Cuántos grandes empresarios saben qué es el costo
muerto de un privilegio? ¿Acaso saben qué quiere decir que
los efectos de cualquier política son siempre al margen y no en
promedio? ¿Y nos podrán explicar cuál es el efecto
de los impuestos de importación en los ingresos de los exportadores?
¿Cuántos empresarios están conscientes de que son
tomadores de precios? ¿Cuántos creen que sus utilidades
es lo que agregan a sus costos? ¿Y podrán explicar cómo
es que en un intercambio libre ambas personas ganan?
En todo el mundo los consejos económicos de los empresarios han
hecho daño porque con la comprensible tendencia a dirigir la economía
como un negocio, desconfían del mercado y por el hecho de tener
dinero sobreestiman sus conocimientos económicos.
*Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco
Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin. © www.aipenet.com

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