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Desde washington
Bush pierde terreno entre cubanos en Miami

A medida que se acercó la elección de 2004, Bush subió el tono de su retórica contra Castro nuevamente y formó una comisión presidencial presidida por el secretario de Estado, Colin L. Powell

Publicada 12 de noviembre 2004, El Diario de Hoy



Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Después de la elección presidencial de 2000, los votantes cubano-americanos se jactaban, con buena razón, de haber puesto al Presidente George Bush en la Casa Blanca. Bush ganó la Florida y, por ende, la presidencia, en gran medida, gracias a que Bush barrió con el 82 por ciento del voto cubano.

Bush demostró su gratitud rápidamente. A los tres meses de asumir su cargo, nominó a Otto Reich, un cubano-americano y prominente figura anticastrista, como secretario asistente de Estado para el Hemisferio Occidental. Reich nunca fue confirmado, pero Bush siguió nombrando a otros funcionarios del mismo perfil en cargos a lo largo de la administración. La creencia popular aquí y en América Latina fue que la política estadounidense hacia la región tomaría un definitivo tono anticastrista.

Después del 11 de septiembre, funcionarios de Bush como John R. Bolton, subsecretario de Estado para Control de Armas y Seguridad Internacional, empezaron a señalar a Castro como una amenaza terrorista inminente. Aunque la idea no caló, sí creó la ilusión de que la administración Bush iba a hacer algo drástico contra Castro.

A medida que se acercó la elección de 2004, Bush subió el tono de su retórica contra Castro nuevamente y formó una comisión presidencial presidida por el secretario de Estado, Colin L. Powell, que produjo un informe de 500 páginas con recomendaciones para acelerar la transición hacia una Cuba libre.

La subida de tono pareció surtir efecto: Bush ganó en la Florida de nuevo este año. Pero si se miran los resultados más de cerca, estos muestran que algunos votantes cubano-americanos, la base latina más fiel de los republicanos, no votaron por Bush.

En distritos electorales con más de un 75 por ciento de hispanos “el voto cubano hacia los demócratas aumentó entre un 3 y un 5 por ciento”, según Darío Moreno, un experto de política cubano-americana de Florida International University. En el condado de Miami-Dade, donde un 75 por ciento del voto hispano es cubano-americano, el departamento electoral asegura que Bush perdió 10 puntos porcentuales comparado con 2000.

La evidencia anecdótica demuestra lo que estos números parecen insinuar: la actual política de Estados Unidos hacia Cuba está perdiendo de vista a un creciente segmento de los cubano-americanos. Para algunos, la política está simplemente estancada; para otros, está yendo en contra de sus intereses y los de sus familiares en la isla.

Después de que la comisión presidencial terminó su trabajo, la administración Bush implementó dos de sus más duras recomendaciones: restricciones más fuertes a los viajes y mayores límites a las remesas y paquetes enviados a la isla. Para muchos cubanos del exilio, estas sanciones parecieron inhumanas. El año pasado unos 125,000 viajaron a Cuba a visitar familiares y más de 31,000 viajaron más de una vez. También miles de cubanos enviaron un promedio de 50,650 paquetes al mes, incluidos ropa e implementos de higiene personal. Ahora los viajes se limitaron a uno cada tres años, y los paquetes, a medicinas y alimentos.

Un prominente activista decidió ponerse totalmente en contra de los republicanos cuando la política hacia Cuba de la administración Bush no evolucionó más allá de la retórica anticastrista. Joe García, ex director ejecutivo de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), y un fuerte crítico de la administración Clinton en el caso de Elián González, ahora se ha convertido en la voz del esfuerzo demócrata del New Democrat Network, para cortejar el voto cubano en la Florida. García denunció lo que llamó la demagogia de la política republicana, y llamó a que los votantes “actuaran con responsabilidad”.

Pero no es necesario ser demócrata para empezar a reevaluar la estrategia hacia Cuba. Líderes cubanos están ansiosos por destacar que Mel Martínez, quien se convertirá en el primer senador cubano-americano en la historia, expresa en privado su desacuerdo con algunas de las restricciones.

Martínez obtuvo un escaño para los republicanos al derrotar a la demócrata Betty Castor. Pero tal vez más significativamente, durante las primarias, Martínez derrotó de forma rotunda a un candidato republicano de línea más dura en el tema cubano. Jorge Mas Santos, el actual presidente de la FNCA, pareció complacido con la llegada de una voz cubana más moderada al Congreso estadounidense. Martínez “está de acuerdo en ayudar a los cubanos a mantener la unión familiar y, al mismo tiempo, aislar a Castro”, dijo, indicando que Martínez ayudaría a modificar las restricciones que están afectando adversamente esos lazos familiares.

En ninguna medida el exilio cubano está unido en contra de las recientes restricciones de Bush. De hecho, Bush escuchaba a los cubanos de línea dura cuando aprobó esas medidas. Lo que es claro es que los desacuerdos internos en el exilio cubano están destinados a seguir creciendo en la medida en que ocurre un relevo generacional. Y la pérdida de terreno de Bush entre los cubano-americanos debería ser una advertencia acerca de los riesgos de ignorar las preocupaciones de los más moderados.

*Columnista del Washington Post.




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