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En busca de una academia musical

Ante la falta de educación formal, varios músicos locales comparten sus conocimientos en escuelas y academias privadas

Publicada 10 de noviembre 2004, El Diario de Hoy



Empírico. Muchos artistas salvadoreños nunca han estudiado música. .Foto EDH / Jorge Reyes

Claudia Núñez
El Diario de Hoy
claudiux@elsalvador.com

Las artes en general siguen sin incluirse, formalmente, en los planes curriculares de la mayor parte de colegios, escuelas y universidades.

Para ser músico, las opciones locales para profesionalizarse son cursos libres y regulares como los impartidos por el Centro Nacional de Artes (Cenar), la Escuela Método Suzuki, la Harmony, entre otras.

Con excepción de la primera, el resto no está acreditado por el Ministerio de Educación, ni siquiera hay un registro de cuántas existen en la capital.

Vida se dio a la tarea de visitar varias de ellas para conocer cómo están equipadas en cuanto a maestros, infraestructura, logística y programas de estudio.

Bastó con revisar la guía telefónica en los apartados de Academias y Escuelas de Música para dar con las posibilidades para un aprendiz de música por pasatiempo o que quieren profesionalizarse.

En la mayor parte de instituciones el común denominador es el mismo: los estudiantes reciben las clases por “hobbie” para aprender a ejecutar algunas tonadas populares.
Y los maestros son músicos egresados del Cenar (cuando existía el bachillerato en artes y obtenían el escalafón) o titulados en alguna universidad del extranjero.

Variaciones

La situación cambia en centros como Pro Arte, el que instruye a los integrantes de la Orquesta Sinfónica Juvenil, quienes en su mayoría dedican al menos diez horas por semana para mejorar sus destrezas.

Martín Jorge, director de la Orquesta, asegura que no se debe descuidar la enseñanza musical de jóvenes e infantes, pues representan la nueva generación artística.

“La falta de centros de educación formal es una generalidad en América Latina –salvo Costa Rica y Venezuela–. Hay capacidad en los profesores y la infraestructura necesaria, pero hace falta visión”, resalta.

Elmer Amaya, de la Escuela Método Suzuki; Fabio Reyes, de la Harmony, Carlos Pérez, del Cenar concuerdan con esa afirmación y añaden que como educadores, y músicos de profesión, lo máximo que ellos pueden hacer es crear las posibilidades para quienes quieren aprender.

El resto depende del interés y empeño de los alumnos, hasta que no exista una política de gobierno que les respalde.

Las opciones están en el extranjero

A sus 24 años, René Hernández es violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional y pertenece, desde hace dos años, a la Sinfónica de las Américas, siendo el único salvadoreño que destaca entre 120 músicos extranjeros.

Preparados. Las escuelas aseguran que tienen la capacidad para educar formalmente .Foto EDH / Jorge Reyes

Él y su hermano, Diego (actual concertino de la Orquesta Sinfónica del Estado de México), se iniciaron en la música bajo la instrucción informal de su padre. Luego ingresaron a la Escuela Método Suzuki donde vislumbraron esa arte como su modus vivendi.

Como en El Salvador no había conservatorio cuando René se graduó de bachiller, continuó atendiendo sus clases particulares y en 1995 aprovechó la creación de la Orquesta Sinfónica Juvenil para explotar su talento.

Luego utilizó una beca del colegio para estudiar música formalmente, durante un año, en la Universidad de Costa Rica y al regresar a El Salvador se integró a la Sinfónica.
En la actualidad cursa cuarto año de Derecho y planea estudiar una maestría en el extranjero. Buscará, además, para terminar sus estudios superiores en música cuando este fuera del país.

–¿Por qué todos piensan en salir del país?
–“¡Porque aquí hasta en los colegios han descuidado estas materias sin darse cuenta que sus beneficios van más allá de lo económico: mejora tu disciplina, tu intelecto y se crea una cultura de querer ser mejor cada día. Eso lo podés aplicar en cualquier área de tu vida”, respondió.

Para alcanzar el nivel que ahora tienen él y su hermano, René confiesa que el apoyo de sus padres ha sido vital.
“Todo sería más fácil si se empezara la formación en los colegios y tuviéramos más opciones localmente”, sostuvo.


Algunas de las alternativas
CENAR

Desde que se cerró el Bachillerato en Artes en 1997, este centro imparte cursos libres y regulares en diferentes especialidades. Los últimos incluyen tres niveles: infantil, básico y técnico que implican tres años de estudio con un pénsum y horarios fijos. Los precios oscilan entre $7 y $15 mensuales. Más información al teléfono: 198-1839 con el Lic. Carlos Pérez.

Escuela Método suzuki
Instruye de manera personalizada.Cuenta con ocho salones de clases, una biblioteca musical. Planea abrir en 2005 un proyecto de estudio a nivel técnico. Los precios van desde los $10 de matrícula, $25 por sesión o $60 al mes. Más información al 224-3906, con Elmer Amaya.

Escuela Harmony
Cuenta con servicio a domicilio y dos centros de formación. Imparte clases de música popular, religiosa o académica a alumnos de todas las edades. Su director, Fabio Reyes, advierte que en el país casi nadie enseña composición, basta con ejecutar un instrumento. Más inf. al teléfono 280-0106.

Instituto canzión
Abrió sus puertas el 14 de agosto de este año. Fue fundado por el músico cristiano Marcos Witt y tiene tres planes de estudio: para niños (formación inicial), Aulas en la ciudad (dividida en cuatro semestres) y la carrera técnica ministerial (que dura dos años más cuatro meses de prácticas ministeriales). Costos: entre $20 y $80. Información: 263-3806.




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