Luis
Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Bajo la presidencia de
don Ricardo Simán, la Asociación Nacional de la Empresa
Privada inició un ejercicio de concertación al interior
de la misma cúpula empresarial, a través del cual se pretendía
obtener los consensos necesarios para presentar a los tres órganos
de Estado, en un solo documento, su visión sobre las medidas que
debían adoptarse para lograr la reactivación económica.
La respuesta del entonces Presidente de la República fue más
que elocuente: citó a los empresarios con fecha y hora para iniciar
una labor exhaustiva de análisis del documento y para discutir
sobre la metodología de trabajo que se adoptaría con los
distintos ministerios e instituciones autónomas. Las ediciones
de 2002 y de 2003 fueron igualmente bien recibidas por parte del Órgano
Ejecutivo, así como por el Legislativo y la Corte Suprema de Justicia,
habiendo logrado, por parte del primer órgano de Estado, la constitución
de una comisión ad hoc en la Asamblea Legislativa para iniciar
un diálogo franco y sincero con los señores diputados.
Hoy, la empresa privada lanza un nuevo reto, quizás el más
comprometedor de las cinco ediciones. Diversas coyunturas marcaron la
agenda de los anteriores Enades. Primero, la reactivación económica;
luego la construcción de un nuevo El Salvador, tema que respondía
a los terremotos que sufrió el país en enero y febrero de
2001; el siguiente, íntimamente relacionado con el libre comercio,
dado el inicio de las negociaciones del TLC entre Centro América
y Estados Unidos, y posteriormente el denominado gobernabilidad
democrática, el cual estuvo marcado por las elecciones presidenciales
del pasado 21 de marzo.
Esta edición no responde a coyunturas, los empresarios han reflexionado
sobre el papel que les toca cumplir en el desarrollo económico
y social del país. Si bien en los anteriores documentos nunca olvidaron
referirse a las propuestas que tendrían como objetivo el combate
a la pobreza, ahora lo hacen de manera integral, pues colocan como los
pilares fundamentales de su nueva propuesta a la responsabilidad social
empresarial y al diálogo social.
La evolución de la gremial de gremiales en este sentido es digna
de elogios. En una entrega anterior, cuando me referí a los problemas
políticos e ideológicos en El Salvador, hice referencia
a la percepción que se sigue teniendo de los empresarios. Allá
en 1999, apenas hace unos cuantos años, el sector privado organizado
no expresaba públicamente su interés sobre una ley de libre
competencia, o la necesidad de un refuerzo a los entes reguladores para
evitar abusos de parte de algunos regulados. Asimismo hacer referencia
a la protección al consumidor o una reforma fiscal profunda no
eran temas que estuvieran en la agenda pública de ANEP.
Hoy son temas del diario vivir. Los distintos voceros de la Asociación
no temen en promover una ley de libre competencia, o una nueva regulación
en materia de protección al consumidor. La reforma fiscal, si bien
tuvo algunas objeciones, fue apoyada prácticamente de forma integral
por las gremiales empresariales.
Es interesante, de igual forma, percibir el interés del empresariado
en el tema del diálogo social. En los últimos cuatro años,
la participación de los hombres de negocio en los distintos programas
promovidos por la Organización Internacional del Trabajo se ha
incrementado. Así, la erradicación de las peores formas
del trabajo infantil, la prevención de riesgos en los lugares de
trabajo, el reclamo público por parte de la cúpula hacia
aquellos miembros que no cumplen con el pago de sus cotizaciones al ISSS
y a las Administradoras de Fondos de Pensiones, así como la activa
presencia en el Consejo Superior del Trabajo y en las actividades tripartitas
a nivel internacional en materia de índole laboral, ha sido más
que evidente. Esos son hechos y no palabras. Esa es la empresa privada
que necesita El Salvador.
Me ha impresionado la forma en que visualizan a nuestro país en
veinte años. Y quiero hacer eco de lo que presentarán esta
tarde en el V Encuentro Nacional de la Empresa privada: El país
a que aspiramos en 2024 tiene como base la democracia para la convivencia
armoniosa y se sustenta en el crecimiento con equidad para el desarrollo
humano integral. En nuestro país no habrá analfabetismo,
se habrá duplicado su nivel de escolaridad y tendrá un alto
porcentaje de graduados universitarios y profesionales con post grado
en las diferentes áreas del conocimiento humano.
Asimismo, aspiramos a la eliminación de la pobreza extrema,
reducir a su mínima expresión la desnutrición, la
morbilidad y mortalidad infantil, con un sistema de salud universal y
un déficit habitacional que habrá descendido sensiblemente.
Igualmente, se habrán sentado las bases para un desarrollo
territorial equilibrado y detenido el deterioro de la naturaleza, rescatado
los mantos acuíferos y desarrollado una política hídrica
que asegure su sostenibilidad y adecuado aprovechamiento en beneficios
de todos los ciudadanos. Los desechos sólidos serán tratados
con tecnología adecuada en armonía con el ambiente y el
país tendrá capacidad para generar energía eléctrica
renovable a precios competitivos.
En lo económico, se habrán creado las bases en materia
de recursos humanos, talento empresarial, infraestructura física
y solidez de su sistema financiero para crecer de manera sostenida a tasas
sensiblemente superiores a las de la población, con niveles de
ahorro interno y de inversión privada que dupliquen los indicadores
actuales y con un sector externo capaz de competir con solvencia a nivel
internacional.
*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos
de la Presidencia de la República. Columnista de El Diario de Hoy.

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