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El Diario de Hoy
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A Dios gracias, pese a la persistente
oposición de los comunistas, se construyeron las vías que
empalman el nororiente del Gran San Salvador con el centro urbano y la
carretera a Santa Ana, ruta Colón, lo que es la mejor vía
alterna al colapsado Bulevar del Ejército. El problema causado
por el derruido puente sería menos grave de haberse completado
el periférico, pero el público ya conoce el permanente sabotaje
efemelenista a la obra.
Las buenas carreteras, los caminos en buen estado, las redes viales y
las vías férreas son la infraestructura fundamental para
la vida económica de un país. En la medida en que una comunidad
y las familias estén cerca de caminos y calles en buen estado,
mejora su calidad de vida. Comenzando porque gastan menos tiempo y dinero
en trasladarse a sus lugares de trabajo, en llevar a sus hijos a la escuela,
obtener servicios diversos, vender y comprar. Es gracias a que hoy en
día muchas poblaciones están conectadas a la capital con
buenas carreteras, que sus vecinos tienen empleo en San Salvador, empleos
superiores a los que se pueden conseguir en el interior.
En vista de eso, el sabotaje comunista a la construcción del periférico
no sólo perjudica a la población, sino que también
se convierte en un problema de patología mental. Ninguna persona
sensata logra entender cuáles puedan ser las razones para oponerse
a lo que beneficia a todos, fuera de siniestras posturas. Se oponen al
periférico como se oponen al libre intercambio comercial con el
exterior, a la modernización del Estado, a la mejoría de
las comunicaciones, a un sistema de pensiones autosostenible, a volver
más efectivo el sistema de salud, a hacer más eficiente
el Seguro Social y terminar con la corruptela que allí impera,
etc. Por una parte se oponen a todo lo que proponga el gobierno y los
sectores productivos, mientras por otro no ofrecen nada con valor o sentido.
Que revisen puentes y bóvedas
Volvamos al colapsado puente sobre el bulevar. El suceso indica que no
se efectuaron inspecciones regulares sobre una estructura cuyo diseño
y en especial la carga que soportaba, la predisponía a romperse.
Por lo general el Estado y muchas empresas descuidan los mantenimientos
de equipos, construcciones y estructuras. En los países comunistas
se llega a extremos alucinantes: hay que ver el derrumbe de las ciudades
del apachurrado bloque socialista o la ruinosa ciudad de La
Habana, otrora una de las más bellas metrópolis del Hemisferio
Occidental.
Pongan ojo al puente sobre Las Chinamas, el único que queda de
los tres maravillosos puentes que teníamos, dos de ellos dinamitados
por terroristas del FMLN. El gran puente fue construido por la misma firma
que hizo el Golden Gate de San Francisco, y el George Washington y el
Brooklyn Bridge de Nueva York. La destrucción del Puente de Oro
y el Cuscatlán es un horror equivalente a la voladura de los budas
de Kandahar por los talibanes.
Es muy del caso que Obras Públicas haga una revisión minuciosa
de puentes, bóvedas y estructuras viales en las vías principales,
para evitar nuevos siniestros. En el futuro cuando una estructura se termine
e inaugure, que coloquen allí mismo, en una placa de concreto,
los nombres y direcciones de los calculistas, constructores y supervisores
de la obra.

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