Ronald
Jovel
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Estudiantes técnicos o nacionales. Una
disyuntiva que va más allá de una mera distinción
formal y que puede ser la clave de los frecuentes hechos de violencia
entre estudiantes de educación media. Incluso, según un
estudio presentado ayer, más importante que otros aspectos sociales,
como la relación de los alumnos y las maras juveniles.
Esta alianza entre centros educativos parece llevar al extremo esta identidad,
donde despojar de objetos simbólicos al rival, como cinchos, camisas
e insignias alusivas al centro educativo, son sinónimo de respeto
y poder. Un mundo también donde predominan valores como la solidaridad
y la valentía.
Como parte de este contexto, la investigación subraya que los jóvenes
optan por ir armados. De hecho, uno de cada ocho afirma haberlas llevado
alguna vez a su centro de estudios.
Además, la indagación entre 844 estudiantes de 12 institutos
y colegios públicos y privados desliga estas manifestaciones de
violencia del accionar de las pandillas. El informe indica que sólo
dos cada cien pertenece a ellas.
No obstante, uno de cada tres entrevistados dice sentir algún grado
de simpatía con las maras, situación que no deja de poner
en alerta a la ministra de Educación, Darlyn Meza.
El estudio demuestra que hay un tema de identidad, están
en la edad que necesitan empoderarse de algo y piensan que la fuerza es
el medio para hacerlo, manifestó Meza.
Proponen un modelo de prevención
- Una de las ideas que se plantean es generar
espacios de interacción y desarrollo juvenil, que incluyan
formación vocacional, además de mejoras de áreas
físicas y asesoramiento sicosocial.
- Además, se buscará fomentar la identidad de los alumnos
en su rol de estudiantes y no como pertenecientes a un centro educativo.
- Como tercer eje, se busca construir nuevos
desafíos, en donde el joven participe en los
proyectos de formación. |
El trabajo, denominado Diagnóstico
de la Violencia Estudiantil Interinstitucional en el Área Metropolitana
de San Salvador, fue realizado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales (Flacso), Programa El Salvador, y otras instituciones, como el
Ministerio de Educación, la Cooperación Técnica Alemana
(GTZ), entre otras.
En el área metropolitana de San Salvador hay 30 centros educativos
donde se han identificado hechos de violencia, y son alimentados por 26
semilleros (alumnos que llegan a estudiar bachillerato).
Según el secretario de la Juventud, César Funes, existe
la necesidad de crear espacios alternativos donde los jóvenes puedan
poner de manifiesto su espíritu de competitividad y alejarse de
la violencia.
Accionar
es similar a maras
Para el director del Instituto Nacional Técnico Industrial (INTI),
Óscar Melara, el problema está en la comunidad.
¿Considera que existe relación entre riñas estudiantiles
y las maras ?
Primero hay que tomar en cuenta que ellos provienen de colonias donde
predominan las pandillas. Sí hay relación, pero no una pertenencia,
el accionar es similar.
¿Qué se hace en el instituto para evitar este flagelo
?
Una de las primeras cosas que hacemos es abordar temáticas de sicología
de la adolescencia con ellos. Además, desarrollamos la escuela
para padres, y eso nos ha dado resultado.
Identidad
con centro es excusa
El director del Instituto Francisco Menéndez (Inframen), Arnulfo
Carrillo, no tiene reparos al decir que la violencia es la manifestación
de maras.
¿Cree que las riñas se deben a una identidad con el centro
o con las pandillas?
La identidad con el centro es una excusa. Está claro que al Inframen
lo buscan los de la Dieciocho y, al INTI, los de la Salvatrucha. La violencia
comenzó cuando nacieron las maras.
¿Qué hacen para evitarlo?
Atacamos de todas formas el problema: desarrollamos actividades deportivas.
Tampoco permitimos el ingreso de nuevos alumnos que pertenezcan a maras.

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