Alejandro
Alle*
El Diario de Hoy
alejandro_alle@yahoo.com
Dice la historia que el
crédito comenzó una calurosa tarde de shopping, cuando Vilma
Picapiedra pagó con su Piedramatic un costoso regalo de cumpleaños
para su amiga Betty Mármol. Claro, se había quedado sin
efectivo, y no tuvo mejor idea que estrenar la extensión que Pedro
(ingenuamente
), había solicitado para ella.
Vilma creyó haber inventado el crédito en ese
preciso momento, pero tanto el vendedor del shopping como los ejecutivos
del Banco Piedratlán, emisor de la Piedramatic, tenían muy
claro que a esta señora se le podía vender con tarjeta,
porque el crédito de ella ya existía.
El crédito, instrumento clave en la sociedad moderna, tiene su
origen en la más remota antigüedad, y al igual que todas las
demás herramientas económicas básicas, fue desarrollado
a través de un proceso de evolución natural. Tampoco aquí
hubo estados, gobiernos ni reyes inventando nada
Sin embargo, se ha difundido la creencia errónea, repetida por
ciertos economistas y hombres de negocios, según la cual el
crédito es algo que los bancos otorgan. Naturalmente tampoco
faltan quienes, en todo el mundo, les piden a los gobiernos que otorguen
créditos blandos para determinados sectores (casualmente,
los de ellos
).
Siguiendo dicha lógica falaz, ¡también habría
que elevar los límites de las tarjetas de crédito!
La realidad es que quien obtiene un crédito es porque
ya lo traía consigo cuando cruzó la puerta del banco. ¿Cómo?
Claro, si hiciéramos un adecuado uso de las palabras, y no confundiéramos
crédito con préstamo, debe- ríamos
decir que para obtener un préstamo hay que tener crédito.
La palabra crédito tiene la misma raíz que la palabra creer.
Y no es casualidad, ya que el vendedor que efectúa una venta a
crédito entrega la mercadería ahora, a cambio de una promesa
de pago en el futuro, y lo hace porque cree que ese cliente
le va a pagar. Eso mismo hace un banco cuando otorga un préstamo:
entrega el dinero ahora, porque cree que el cliente que recibió
el préstamo va a poder pagárselo.
Los bancos tienen la obligación de ser sumamente cuidadosos en
sus operaciones, y otorgarle préstamos sólo a las personas
que tengan crédito (recuerde el adecuado uso de las palabras).
¿Y cómo se hace para tener crédito? Demostrando la
posibilidad cierta y concreta de tener el dinero necesario para afrontar
las cuotas del préstamo, cuando llegue la hora de pagarlo.
Es asimismo vital que los bancos no le otorguen préstamos a quienes
no tengan crédito. ¡Ah! Si usted es de los que siempre sospechó
que los bancos son unos insensibles, ahora se lo estoy confirmando: sólo
le otorgan préstamos a quienes demuestran que podrán pagarlos.
¿Le parece injusto? Pronto va a cambiar de idea
La función de los bancos en la sociedad moderna es permitir que
el dinero de los ahorrantes, entre quienes probablemente está usted,
sea canalizado adecuadamente para financiar inversiones de empresas, o
consumos de otras personas (por ejemplo viviendas).
Los ahorrantes ganan un interés por permitirle a los bancos que
dispongan de su dinero, exigiéndoles que sean prudentes, y lo den
en préstamo sólo a quienes tengan crédito.
Si los bancos canalizaran mal el dinero de los ahorrantes que, como usted,
les confiaron sus ahorros, y cometieran el error de otorgarle préstamos
a empresas o personas insolventes, es decir, no merecedoras de crédito,
el problema sería grave y múltiple. El banco quebraría,
la gente perdería la confianza en el sistema y no depositaría
más sus ahorros, y las empresas no tendrían dónde
financiarse. Pero por encima de todo, ¡usted se quedaría
sin su dinero!
Es importante resaltar que, por el hecho de administrar dinero ajeno,
los bancos tienen una muy especial responsabilidad social, que les exige
asegurarse de que los préstamos que otorgan les serán devueltos
en tiempo y forma.
Veo que le cambió la cara: como se trata de su pisto, ya no le
parece tan injusto que los bancos sean cuidadosos, y se nieguen a soltárselo
alegremente a cualquiera....
Ahora usted sabe que la verdadera razón por la cual Vilma pudo
pagar con tarjeta, es que Pedro le había demostrado al Banco Piedratlán
que él era un cavernícola confiable. Claro que el pobrecito
de Pedro siempre supo que no sería en Vilma en quien se inspiraría
Donna Summer, siglos después, para componer su éxito She
works hard for the money (grande, vieja, pero buena). Y fue justamente
al revisar el primer estado de cuenta de la Piedramatic cuando acuñó
su famoso grito: Viiilmaaa!. Pero esa es la historia del divorcio.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos
Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

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