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Economía para todos
Crédito, shopping y … ¡Viiilmaaa!

Es importante resaltar que, por el hecho de administrar dinero ajeno, los bancos tienen una muy especial responsabilidad social, que les exige asegurarse de que los préstamos que otorgan les serán devueltos.

Publicada 09 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

alejandro_alle@yahoo.com

Dice la historia que el crédito comenzó una calurosa tarde de shopping, cuando Vilma Picapiedra pagó con su Piedramatic un costoso regalo de cumpleaños para su amiga Betty Mármol. Claro, se había quedado sin efectivo, y no tuvo mejor idea que estrenar la extensión que Pedro (ingenuamente…), había solicitado para ella.

Vilma creyó haber “inventado el crédito“ en ese preciso momento, pero tanto el vendedor del shopping como los ejecutivos del Banco Piedratlán, emisor de la Piedramatic, tenían muy claro que a esta señora se le podía vender con tarjeta, porque “el crédito de ella ya existía”.
El crédito, instrumento clave en la sociedad moderna, tiene su origen en la más remota antigüedad, y al igual que todas las demás herramientas económicas básicas, fue desarrollado a través de un proceso de evolución natural. Tampoco aquí hubo estados, gobiernos ni reyes inventando nada…

Sin embargo, se ha difundido la creencia errónea, repetida por ciertos economistas y hombres de negocios, según la cual “el crédito es algo que los bancos otorgan”. Naturalmente tampoco faltan quienes, en todo el mundo, les piden a los gobiernos que “otorguen créditos blandos” para determinados sectores (casualmente, los de ellos…).

Siguiendo dicha lógica falaz, ¡también habría que elevar los límites de las tarjetas de crédito!
La realidad es que quien “obtiene un crédito” es porque ya lo traía consigo cuando cruzó la puerta del banco. ¿Cómo? Claro, si hiciéramos un adecuado uso de las palabras, y no confundiéramos “crédito” con “préstamo”, debe- ríamos decir que “para obtener un préstamo hay que tener crédito”.

La palabra crédito tiene la misma raíz que la palabra “creer”. Y no es casualidad, ya que el vendedor que efectúa una venta a crédito entrega la mercadería ahora, a cambio de una promesa de pago en el futuro, y lo hace porque “cree” que ese cliente le va a pagar. Eso mismo hace un banco cuando otorga un préstamo: entrega el dinero ahora, porque “cree” que el cliente que recibió el préstamo va a poder pagárselo.

Los bancos tienen la obligación de ser sumamente cuidadosos en sus operaciones, y otorgarle préstamos sólo a las personas que tengan crédito (recuerde el adecuado uso de las palabras). ¿Y cómo se hace para tener crédito? Demostrando la posibilidad cierta y concreta de tener el dinero necesario para afrontar las cuotas del préstamo, cuando llegue la hora de pagarlo.

Es asimismo vital que los bancos no le otorguen préstamos a quienes no tengan crédito. ¡Ah! Si usted es de los que siempre sospechó que los bancos son unos insensibles, ahora se lo estoy confirmando: sólo le otorgan préstamos a quienes demuestran que podrán pagarlos. ¿Le parece injusto? Pronto va a cambiar de idea…

La función de los bancos en la sociedad moderna es permitir que el dinero de los ahorrantes, entre quienes probablemente está usted, sea canalizado adecuadamente para financiar inversiones de empresas, o consumos de otras personas (por ejemplo viviendas).
Los ahorrantes ganan un interés por permitirle a los bancos que dispongan de su dinero, exigiéndoles que sean prudentes, y lo den en préstamo sólo a quienes “tengan crédito”.

Si los bancos canalizaran mal el dinero de los ahorrantes que, como usted, les confiaron sus ahorros, y cometieran el error de otorgarle préstamos a empresas o personas insolventes, es decir, no merecedoras de crédito, el problema sería grave y múltiple. El banco quebraría, la gente perdería la confianza en el sistema y no depositaría más sus ahorros, y las empresas no tendrían dónde financiarse. Pero por encima de todo, ¡usted se quedaría sin su dinero!

Es importante resaltar que, por el hecho de administrar dinero ajeno, los bancos tienen una muy especial responsabilidad social, que les exige asegurarse de que los préstamos que otorgan les serán devueltos en tiempo y forma.

Veo que le cambió la cara: como se trata de su pisto, ya no le parece tan injusto que los bancos sean cuidadosos, y se nieguen a soltárselo alegremente a cualquiera....

Ahora usted sabe que la verdadera razón por la cual Vilma pudo pagar con tarjeta, es que Pedro le había demostrado al Banco Piedratlán que él era un cavernícola confiable. Claro que el pobrecito de Pedro siempre supo que no sería en Vilma en quien se inspiraría Donna Summer, siglos después, para componer su éxito “She works hard for the money” (grande, vieja, pero buena). Y fue justamente al revisar el primer estado de cuenta de la Piedramatic cuando acuñó su famoso grito: “Viiilmaaa!”. Pero esa es la historia del divorcio.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.


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