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El Diario de Hoy
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El alcalde de San Salvador, Carlos Rivas
Zamora, fue a Nicaragua a participar en el cierre de campaña del
candidato ahora triunfador sandinista, pese a haber declarado que salía
de viaje por motivos de salud. Lo importante y deseable es
que el edil haya abierto los ojos, visto la situación del país,
hablado con los opositores al comunismo y sacado lógicas y honestas
conclusiones.
Comiéncese por una realidad incontestable: que Nicaragua es el
país más pobre de América junto a Haití y
Cuba. Después de estar entre los tres países de mayor crecimiento
económico del Hemisferio durante la década de los años
70, la pobreza de Nicaragua conmueve, indigna y asusta. De contar junto
a El Salvador con la agricultura más avanzada y pujante de Centro
América, la campiña nicaragüense está desolada.
La infraestructura que se levantó en esos años gracias al
esfuerzo y la inteligencia de centenares de visionarios empresarios agrícolas,
o está en ruinas, o se encuentra en manos de incapaces, o fue desmantelada
y robada. Lo mismo ocurre con su comercio, su sector manufacturero y sus
actividades de servicio.
El alcalde Rivas Zamora sin duda conoció minibolsones de prosperidad:
las fincas, mansiones y negocios de muchos sandinistas, producto del robo
y otras fechorías. El alcalde bien sabe que antes de entregar el
poder a doña Violeta, los sandinistas decretaron una piñata
para legalizar las casas, fincas y negocios que habían usurpado.
En sus perturbadas cabezas, esas bandas creen que la propiedad es un robo,
por lo que robar lo que piensan fue robado, no les quita el sueño.
Nadie se debe extrañar de la tremenda pobreza de Nicaragua, del
caos institucional que padece, de su sombrío futuro. El país
se encuentra paralizado por la alianza entre sandinistas y seguidores
de Alemán, los que intentan derrocar al Presidente Enrique Bolaños.
Ambos grupos manosean el sistema judicial a su favor y buscan renovar
el saqueo de la nación.
El entronizamiento de la estupidez
La bancarrota nicaragüense se dio pese a que en un principio todo
estaba a favor de la coalición encabezada por los sandinistas.
Nicaragua contaba con un enorme respaldo de la comunidad internacional,
el apoyo de los carteristas estadounidenses con el Bloque Socialista
de Naciones, la complicidad de la izquierda europea y una imagen
de redentores. Eso se tradujo en un enorme flujo de dinero para el régimen,
lo que en los 14 años de sandinismo superó los 15 mil millones
de dólares. Adicionalmente gobernaban por decreto, dictando las
leyes y medidas que les venían en gana.
El fracaso fue obra de varios factores, a saber:
La ideología comunista, que en todas partes lleva al desastre;
la absoluta amoralidad de los cabecillas sandinistas y sus seguidores,
que desde su llegada al poder se dedicaron a saquear el país. A
ello se agregan los atropellos, asesinatos y demás barbaridades
cometidos; la abismal ignorancia, los resentimientos sociales, la granítica
incomprensión de lo que es el mundo contemporáneo; el hecho
de que ninguno de los cabecillas sandinistas desempeñó en
su vida un trabajo de importancia.
Causas hay muchas, pero que fácilmente se resumen: el entronizamiento
de la estupidez y la exaltación de la envidia, los odios viscerales
y las inclinaciones criminales. Ojalá que nuestro alcalde haya
entendido el drama nicaragüense.

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