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La nota del día
En Managua visitando pandilleros

De contar junto a El Salvador con la agricultura más avanzada y pujante de Centro América, la campiña nicaragüense está desolada

Publicada 09 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

El alcalde de San Salvador, Carlos Rivas Zamora, fue a Nicaragua a participar en el cierre de campaña del candidato ahora triunfador sandinista, pese a haber declarado que salía de viaje por “motivos de salud”. Lo importante y deseable es que el edil haya abierto los ojos, visto la situación del país, hablado con los opositores al comunismo y sacado lógicas y honestas conclusiones.

Comiéncese por una realidad incontestable: que Nicaragua es el país más pobre de América junto a Haití y Cuba. Después de estar entre los tres países de mayor crecimiento económico del Hemisferio durante la década de los años 70, la pobreza de Nicaragua conmueve, indigna y asusta. De contar junto a El Salvador con la agricultura más avanzada y pujante de Centro América, la campiña nicaragüense está desolada. La infraestructura que se levantó en esos años gracias al esfuerzo y la inteligencia de centenares de visionarios empresarios agrícolas, o está en ruinas, o se encuentra en manos de incapaces, o fue desmantelada y robada. Lo mismo ocurre con su comercio, su sector manufacturero y sus actividades de servicio.

El alcalde Rivas Zamora sin duda conoció minibolsones de prosperidad: las fincas, mansiones y negocios de muchos sandinistas, producto del robo y otras fechorías. El alcalde bien sabe que antes de entregar el poder a doña Violeta, los sandinistas decretaron una piñata para legalizar las casas, fincas y negocios que habían usurpado. En sus perturbadas cabezas, esas bandas creen que la propiedad es un robo, por lo que robar lo que piensan fue robado, no les quita el sueño.

Nadie se debe extrañar de la tremenda pobreza de Nicaragua, del caos institucional que padece, de su sombrío futuro. El país se encuentra paralizado por la alianza entre sandinistas y seguidores de Alemán, los que intentan derrocar al Presidente Enrique Bolaños. Ambos grupos manosean el sistema judicial a su favor y buscan renovar el saqueo de la nación.

El entronizamiento de la estupidez

La bancarrota nicaragüense se dio pese a que en un principio todo estaba a favor de la coalición encabezada por los sandinistas. Nicaragua contaba con un enorme respaldo de la comunidad internacional, el apoyo de los carteristas estadounidenses con el “Bloque Socialista de Naciones”, la complicidad de la izquierda europea y una imagen de redentores. Eso se tradujo en un enorme flujo de dinero para el régimen, lo que en los 14 años de sandinismo superó los 15 mil millones de dólares. Adicionalmente gobernaban por decreto, dictando las leyes y medidas que les venían en gana.
El fracaso fue obra de varios factores, a saber:

La ideología comunista, que en todas partes lleva al desastre; la absoluta amoralidad de los cabecillas sandinistas y sus seguidores, que desde su llegada al poder se dedicaron a saquear el país. A ello se agregan los atropellos, asesinatos y demás barbaridades cometidos; la abismal ignorancia, los resentimientos sociales, la granítica incomprensión de lo que es el mundo contemporáneo; el hecho de que ninguno de los cabecillas sandinistas desempeñó en su vida un trabajo de importancia.

Causas hay muchas, pero que fácilmente se resumen: el entronizamiento de la estupidez y la exaltación de la envidia, los odios viscerales y las inclinaciones criminales. Ojalá que nuestro alcalde haya entendido el drama nicaragüense.

 

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