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Limeño Big Brother

El club de Santa Rosa de Lima es lo más parecido a un reality show. Cada vez son más los que abandonan el equipo. Lleva 19 partidos sin ganar y va último

Publicada 09 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


William Alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Se podría decir que el Gran Hermano Limeño comenzó el 18 de abril. Esa tarde Limeño ganó su último partido 2-1 frente al Metapán.

Jorge “El Chiqui” García todavía comandaba al equipo y logró sacarlo de la zona de peligro y dejarlo al final del Clausura en la séptima casilla.

Desde entonces los galleros no han logrado otra victoria y ya suman 19 fechas entre derrotas y empates. García se fue y antes de la pretemporada dijo que la directiva le había dado permiso para negociar con el Balboa, club al que ya no dirige más.

Llegó el uruguayo Ricardo “Tato” Ortiz y a los tres días comenzaron los rumores. Los directivos comentaron que el uruguayo no estaba contento con las condiciones del equipo. “Él quiere una casa club con piscina y gimnasio”, aseguraron.

Con los días, Ortiz se encargó de desmentir la versión, pero se quejó de falta de apoyo de los dirigentes. Los jugadores, al igual que en el Clausura, afirmaron que estaban abandonados.

Dos afuera

Con el arranque del Apertura y los malos resultados, Gumercido Ventura, el presidente del club, responsabilizó a los delanteros uruguayos Álvaro Méndez y Marcos Sum (lesionado). Así los charrúas fueron los primeros nominados a salir de la casa Big Brother Limeño. Eso sí, no serían los últimos.

Los señalamientos de Ventura se hicieron efectivos el 31 de agosto. Con el cierre de la cuarta fecha, los atacantes fueron desinscritos. En lugar de los uruguayos llegó el brasileño Marcelo Marques.

Quedó claro que con la expulsión los charrúas no se resolvieron los problemas de la casa más famosa de Santa Rosa de Lima. Por el contrario, Ortiz comenzó a tener problemas con la Asociación de Entrenadores de Fútbol de El Salvador (AEFES).

El colegiado nominó al entrenador al argumentar que los documentos presentados por él no eran originales y no podía comprobar que era titulado en Uruguay. Así, Tato tuvo que dirigir desde la gradas.

Ortiz se marchó el 17 de septiembre. Días después argumentó que “aquí hay mala voluntad” al referirse a AEFES y añadió que la directiva no le dio el apoyo que esperaba. Con el Tato, en muestra de solidaridad, también se fue el preparador físico Juan Antonio Tchakisjian, un apellido armenio demasiado difícil para estar pronunciándolo todos los días.

Precario. El brasileño Marcelo Marques y el colombiano Hugo Viveros, en la foto junto al utilero, en la casa club .Foto EDH

La crisis en la casa limeña aumentó. El martes 21 de septiembre la plantilla se declaró en huelga y envió una misiva a la Fesfut firmada por 18 jugadores donde explicaban las razones del paro.

Argumentaron que en algunos casos se les adeudaba hasta cuatro meses de salarios. Los que tienen carro manifestaron que gastaban 5 dólares en combustible.

Además, mostraron las condiciones deplorables en la que se encuentra la casa club, donde algunos duermen en el suelo. Por esos días el lugar no contaba con energía eléctrica.

Magdonio Corrales, quien participó de la huelga, declaró que “esta situación me ha dejado liquidado”. Pero cuando le liquidaron la deuda se convirtió en el quinto en salir de casa de Limeño.

Tras Corrales, se fue vicepresidente Galileo Umanzor, el más apreciado por los jugadores. “Yo me comprometo con los jugadores y ellos (otros directivos) dicen otra y a uno lo hacen quedar en ridículo”. Umanzor también afirmó que se iba por los chambres de la directiva.

Con la salida de Umanzor el equipo tocó fondo y se vinieron cinco derrotas consecutivas y tres deserciones más. Roberto Carlos Vásquez se fue ante la gravedad económica. “Gracias a Dios y mi mamá, que está en los Estados Unidos, estoy pasandola. Tengo que pagar la casa, el agua, la luz. Para morirme de hambre mejor me voy del fútbol”, confesó el contención, quien iniciará un ministerio cristiano.

Crece la cuenta

A Vásquez le siguió el juvenil de 17 años Joel Serrano, quien dijo que Cocherari le exigió que escogiera entre la Sub-17, la escuela o el Limeño. “Él me pidió que me decidiera. Le expliqué que me gustaban las tres cosas. Entonces me dijo que me fuera”, subrayó Serrano.

Cocherari desmintió la versión de Serrano: “Pretendía venir a entrenar cuando él quisiese. Defraudó a todo el grupo al irse el sábado a jugar con la Selección. Jamás le dije que escogiera entre la escuela”, aclaró el argentino.

El último en salir fue el cancerbero Kristhian Reyes, quien argumentó que le adeudaban dos meses y medio y que prefería atender su negocio de Internet. A Reyes poco le importó el contrato hasta el 2006.

Para peor, la Selección Nacional se llevó a cuatro jugadores –Edwin González, Santos Rivera, Nahum Galdámez y Deris Umanzor–, que sólo regresarán para las dos últimas fechas.

Y como si fuera poco, además de la lesión del brasileño Marques y de la fiebre de Leonardo Sum, también hay problemas con Walvin Zetino, el único portero que les queda. El meta está considerando la posibilidad de seguir el camino de sus compañeros, ya que lo económico lo está afectando.

Mañana, cuando enfrenten al Alianza, aún no saben si completarán los once jugadores. Cocherari, ante tantas limitaciones, está a punto de decirle adiós. El Big Brother Limeño se está quedando sin gente. ¿Quién resistirá hasta el final?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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