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William Alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Se podría decir que el Gran Hermano Limeño comenzó
el 18 de abril. Esa tarde Limeño ganó su último partido
2-1 frente al Metapán.
Jorge El Chiqui García todavía comandaba al
equipo y logró sacarlo de la zona de peligro y dejarlo al final
del Clausura en la séptima casilla.
Desde entonces los galleros no han logrado otra victoria y ya suman 19
fechas entre derrotas y empates. García se fue y antes de la pretemporada
dijo que la directiva le había dado permiso para negociar con el
Balboa, club al que ya no dirige más.
Llegó el uruguayo Ricardo Tato Ortiz y a los tres días
comenzaron los rumores. Los directivos comentaron que el uruguayo no estaba
contento con las condiciones del equipo. Él quiere una casa
club con piscina y gimnasio, aseguraron.
Con los días, Ortiz se encargó de desmentir la versión,
pero se quejó de falta de apoyo de los dirigentes. Los jugadores,
al igual que en el Clausura, afirmaron que estaban abandonados.
Dos afuera
Con el arranque del Apertura y los malos resultados, Gumercido Ventura,
el presidente del club, responsabilizó a los delanteros uruguayos
Álvaro Méndez y Marcos Sum (lesionado). Así los charrúas
fueron los primeros nominados a salir de la casa Big Brother Limeño.
Eso sí, no serían los últimos.
Los señalamientos de Ventura se hicieron efectivos el 31 de agosto.
Con el cierre de la cuarta fecha, los atacantes fueron desinscritos. En
lugar de los uruguayos llegó el brasileño Marcelo Marques.
Quedó claro que con la expulsión los charrúas no
se resolvieron los problemas de la casa más famosa de Santa Rosa
de Lima. Por el contrario, Ortiz comenzó a tener problemas con
la Asociación de Entrenadores de Fútbol de El Salvador (AEFES).
El colegiado nominó al entrenador al argumentar que los documentos
presentados por él no eran originales y no podía comprobar
que era titulado en Uruguay. Así, Tato tuvo que dirigir desde la
gradas.
Ortiz se marchó el 17 de septiembre. Días después
argumentó que aquí hay mala voluntad al referirse
a AEFES y añadió que la directiva no le dio el apoyo que
esperaba. Con el Tato, en muestra de solidaridad, también se fue
el preparador físico Juan Antonio Tchakisjian, un apellido armenio
demasiado difícil para estar pronunciándolo todos los días.
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| Precario. El brasileño Marcelo Marques y el colombiano
Hugo Viveros, en la foto junto al utilero, en la casa club
.Foto EDH |
La crisis en la casa limeña aumentó. El martes 21 de septiembre
la plantilla se declaró en huelga y envió una misiva a la
Fesfut firmada por 18 jugadores donde explicaban las razones del paro.
Argumentaron que en algunos casos se les adeudaba hasta cuatro meses de
salarios. Los que tienen carro manifestaron que gastaban 5 dólares
en combustible.
Además, mostraron las condiciones deplorables en la que se encuentra
la casa club, donde algunos duermen en el suelo. Por esos días
el lugar no contaba con energía eléctrica.
Magdonio Corrales, quien participó de la huelga, declaró
que esta situación me ha dejado liquidado. Pero cuando
le liquidaron la deuda se convirtió en el quinto en salir de casa
de Limeño.
Tras Corrales, se fue vicepresidente Galileo Umanzor, el más apreciado
por los jugadores. Yo me comprometo con los jugadores y ellos (otros
directivos) dicen otra y a uno lo hacen quedar en ridículo.
Umanzor también afirmó que se iba por los chambres de la
directiva.
Con la salida de Umanzor el equipo tocó fondo y se vinieron cinco
derrotas consecutivas y tres deserciones más. Roberto Carlos Vásquez
se fue ante la gravedad económica. Gracias a Dios y mi mamá,
que está en los Estados Unidos, estoy pasandola. Tengo que pagar
la casa, el agua, la luz. Para morirme de hambre mejor me voy del fútbol,
confesó el contención, quien iniciará un ministerio
cristiano.
Crece la cuenta
A Vásquez le siguió el juvenil de 17 años Joel Serrano,
quien dijo que Cocherari le exigió que escogiera entre la Sub-17,
la escuela o el Limeño. Él me pidió que me
decidiera. Le expliqué que me gustaban las tres cosas. Entonces
me dijo que me fuera, subrayó Serrano.
Cocherari desmintió la versión de Serrano: Pretendía
venir a entrenar cuando él quisiese. Defraudó a todo el
grupo al irse el sábado a jugar con la Selección. Jamás
le dije que escogiera entre la escuela, aclaró el argentino.
El último en salir fue el cancerbero Kristhian Reyes, quien argumentó
que le adeudaban dos meses y medio y que prefería atender su negocio
de Internet. A Reyes poco le importó el contrato hasta el 2006.
Para peor, la Selección Nacional se llevó a cuatro jugadores
Edwin González, Santos Rivera, Nahum Galdámez y Deris
Umanzor, que sólo regresarán para las dos últimas
fechas.
Y como si fuera poco, además de la lesión del brasileño
Marques y de la fiebre de Leonardo Sum, también hay problemas con
Walvin Zetino, el único portero que les queda. El meta está
considerando la posibilidad de seguir el camino de sus compañeros,
ya que lo económico lo está afectando.
Mañana, cuando enfrenten al Alianza, aún no saben si completarán
los once jugadores. Cocherari, ante tantas limitaciones, está a
punto de decirle adiós. El Big Brother Limeño se está
quedando sin gente. ¿Quién resistirá hasta el final?

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