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Dedicada. Demuestra su Vocación
Aunque ella es la única responsable del centro, no deja de
atender las necesidades de los que requieren de más ayuda.
Foto EDH/Walter Santos |
Nuria
Romero
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Es maestra de seis grados fusionados, directora, ordenanza, enfermera
y nana de 28 niños de parvularia del Centro Escolar La Estacada,
del cantón Los Llanitos, en Ayutuxtepeque.
Cuando en enero de este año, Maribel Quintanilla, de 46 años,
supo que en esa escuela necesitaban una profesora, se acercó. Sin
pensarlo, decidió quedarse porque, de lo contrario, las autoridades
educativas amenazaban con cerrarla.
Hasta en junio recibió su primer salario de 399 dólares
como docente contratada por el Programa Educación con Participación
de la Comunidad, Educo. Durante el tiempo que no le pagaron, prestó
dinero para poder transportarse hasta el centro educativo.
Aunque no me cancelaran el sueldo, estaba decidida a terminar el
año. En esos días ni para los estudios de mi hijo y mis
tres niñas tenía dinero. Pero sentí que los estudiantes
me necesitaban, recuerda.
La primera vez que llegó a la escuela lo único que encontró
fue un aula provisional de lámina con suelo de tierra en cuyo interior
había unos pupitres viejos y manchados, un escritorio, la pizarra,
unos juegos recreativos donados y el techo utilizado como bodega.
En ese salón de clases se las ingenió para distribuir los
seis grados que tenía a cargo. Fue así como colocó
a primero, segundo y tercero adelante, cerca de la pizarra, y al final,
en el rincón, a las tres secciones de parvularia.
Para darle alegría al lugar, junto con sus 36 alumnos elaboró
adornos para decorar todo el entorno.
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| Cariñosa. Brinda amor a los niños
Los estudiantes están agradecidos con ella porque les ayudó
a que finalizaran el año escolar. Foto
EDH/Walter Santos |
Agenda llena
Para estar puntual en el centro educativo, sale a las 5:30 a.m. de su
casa, ubicada en la Finca La Granjita, en el cantón San Ramón,
de Mejicanos. Camina unos cinco kilómetros para abordar la Ruta
23 y luego subir a otra unidad de la Ruta 6. Al llegar al penal La Esperanza,
recorre uno más por una calle angosta polvosa.
A las 6:30 a.m. está lista para recibir en la puerta a sus ocho
alumnos de educación básica, con una sonrisa y un beso en
la mejilla.
Parada de espaldas al pizarrón, les imparte los contenidos para
que se queden trabajando, porque a las 8:00 a.m. llegan los 28 niños
de parvularia de la sección 1, 2 y 3.
En ese período, los de mayor edad tienen que estar concentrados
para que el bullicio de los más pequeños no les perturbe
cuando cantan canciones.
Cuando llega la hora del recreo, está pendiente de que no salgan
del patio o se metan entre los cafetales que están frente al grado.
Si los más chiquitines quieren ir al baño, les acompaña,
porque el servicio sanitario es de fosa.
A Maribel le encantaría mostrarles unos vídeos educativos
que guarda en un mobiliario, pero no lo hace, pues no hay luz eléctrica
y mucho menos cuentan con un equipo de vídeo.
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| Ingenio. Un aula para todos Maribel tuvo que
distribuir a los seis grados en un mismo salón y en los pocos
pupitres que habían. Foto
EDH/Walter Santos |
Pese a las limitantes que tiene, debe hacerle frente a
que algunas madres envían a sus hijos sin cuadernos.
Es que aquí todos somos pobres y, gracias a la señorita,
nuestros hijos van a clases, dijo agradecida Sandra Elías,
vicepresidenta de la directiva de padres.
A las doce del día todos se despiden alegres, cantando.
Ella, después de dejar el salón limpio y ordenado, regresa
a su casa para preparar las clases del siguiente día.
Confiesa que se acuesta cansada, pero se levanta feliz de estar viva para
compartir sus conocimientos con los niños y niñas que tanto
necesitan de una maestra como ella.
Es la esposa ideal para mí
Es una esposa que todos quisieran tener, es la
ideal para mí. Es mi amiga, hermana, mi fiel compañera,
con la que he logrado salir adelante, a pesar de la pobreza, así
describe Maximiliano Guevara a Maribel Quintanilla, con quien tiene 24
años de casado.
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Compañera. Incondicional
Maximiliano Guevara y Maribel se han apoyado mutuamente por 24 años
para que sus hijos tengan una educación . Foto
EDH/Walter Santos |
La admiración y el amor que le tiene a su esposa
es compartida con sus hijos. Mi mamá es emprendedora, se
esfuerza por su familia y es excelente maestra, dice Ruth, de 16
años.
Desde pequeña, Maribel soñaba con ser secretaria.
Como tenía siete hermanos, sus padres le ayudaron a pagar el estudio
hasta básica. A los 22 años empezó a pagar su bachillerato
con lo que ganaba en las cortas de café.
En esa época ya estaba casada con su actual esposo, con quien tenía
sólo tres hijos: Orlando, Lissette y Evelyn. Después nació
Ruth. Además, era madrastra de cinco niñas entre las edades
de dos años y medio y 15.
Maximiliano era viudo cuando le conoció en San Miguel, donde ambos
nacieron y crecieron.
El instituto estaba cerca de la casa. En los recreos me iba corriendo
a la casa para ver cómo estaban, porque los dejaba solos,
dice ella con nostalgia.
Después de clases, le ayudaba a su esposo en la siembra del maíz
y frijol.
Al salir de bachiller, se dedicó a impartir clases bíblicas
a los niños de la iglesia evangélica. Ahí me
nació la idea de estudiar profesorado en Educación Media,
expresa.
En uno de sus trabajos le dieron $114.29 como un incentivo a su esfuerzo.
Con ese dinero le compró a su esposo una bomba para fumigar.
En la actualidad, estudia Licenciatura en Ciencias de la Educación
en la Universidad Modular Abierta. También tiene la meta de hacer
una maestría.
Me gustaría obtener una plaza fija, comprar una llantería
para que trabaje mi esposo; tener casa propia, porque donde vivimos es
de mi hermano, confiesa.
El otro año planea casarse con su pareja otra vez, para celebrar
las bodas de plata.
Quieren desalojarnos del terreno
Otra de las funciones de la maestra Maribel Quintanilla
es realizar trámites con la directiva de padres de familia del
Centro Escolar La Estacada para buscar un terreno donde dar clases en
2005. De lo contrario, cerrarán la escuela.
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| Pasatiempo. Incansable Cuando tiene tiempo libre,
se va con su esposo y sus hijos a la milpa para disfrutar del campo.
Foto EDH/Walter Santos |
Los dueños del terreno donde está la escuela
ya no prestarán el lugar para dar clases.
Sólo nos dieron permiso de estar este año. Al culminar
las clases quieren que nos vayamos, aseguró Maribel.
Ella y los padres de familia enviaron una solicitud a la Finca Los Luceros
para ver si les conceden un espacio para el próximo año.
Hasta la fecha no nos han respondido. Y estamos preocupados por
nuestros hijos, expresó Magdalena Elías, vicepresidenta
de la directiva.
Esa misma inestabilidad ha existido desde que crearon la escuela en 2000.
Siempre se ha movido de un lado para otro. A veces ha estado en
casas. Antes era una champita, destacó Elías.
Eso no es todo, el centro educativo forma parte del programa escuela saludable,
el cual consiste en dar alimentación y atención médica
a los estudiantes, pero según la maestra, en este año,
una tan sola vez los ha visto el odontólogo, y los bonos de la
comida los suspendió el Ministerio de Educación.
El horno de leña y una plancha de cocina que les donaron este año
sólo han quedado de recuerdo.

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