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Maestra de corazón

Una mujer ejemplar. Maribel Quintanilla dedica cada mañana a atender seis grados a la vez.Acepta retos con tal de sacar adelante una escuelita en Ayutuxtepeque. Es esposa, madre y estudiante universitaria

Publicada 08 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Dedicada. Demuestra su Vocación
Aunque ella es la única responsable del centro, no deja de atender las necesidades de los que requieren de más ayuda. Foto EDH/Walter Santos

Nuria Romero
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Es maestra de seis grados fusionados, directora, ordenanza, enfermera y nana de 28 niños de parvularia del Centro Escolar La Estacada, del cantón Los Llanitos, en Ayutuxtepeque.

Cuando en enero de este año, Maribel Quintanilla, de 46 años, supo que en esa escuela necesitaban una profesora, se acercó. Sin pensarlo, decidió quedarse porque, de lo contrario, las autoridades educativas amenazaban con cerrarla.

Hasta en junio recibió su primer salario de 399 dólares como docente contratada por el Programa Educación con Participación de la Comunidad, Educo. Durante el tiempo que no le pagaron, prestó dinero para poder transportarse hasta el centro educativo.

“Aunque no me cancelaran el sueldo, estaba decidida a terminar el año. En esos días ni para los estudios de mi hijo y mis tres niñas tenía dinero. Pero sentí que los estudiantes me necesitaban”, recuerda.

La primera vez que llegó a la escuela lo único que encontró fue un aula provisional de lámina con suelo de tierra en cuyo interior había unos pupitres viejos y manchados, un escritorio, la pizarra, unos juegos recreativos donados y el techo utilizado como bodega.

En ese salón de clases se las ingenió para distribuir los seis grados que tenía a cargo. Fue así como colocó a primero, segundo y tercero adelante, cerca de la pizarra, y al final, en el rincón, a las tres secciones de parvularia.

Para darle alegría al lugar, junto con sus 36 alumnos elaboró adornos para decorar todo el entorno.

Cariñosa. Brinda amor a los niños Los estudiantes están agradecidos con ella porque les ayudó a que finalizaran el año escolar. Foto EDH/Walter Santos

Agenda llena

Para estar puntual en el centro educativo, sale a las 5:30 a.m. de su casa, ubicada en la Finca La Granjita, en el cantón San Ramón, de Mejicanos. Camina unos cinco kilómetros para abordar la Ruta 23 y luego subir a otra unidad de la Ruta 6. Al llegar al penal La Esperanza, recorre uno más por una calle angosta polvosa.

A las 6:30 a.m. está lista para recibir en la puerta a sus ocho alumnos de educación básica, con una sonrisa y un beso en la mejilla.

Parada de espaldas al pizarrón, les imparte los contenidos para que se queden trabajando, porque a las 8:00 a.m. llegan los 28 niños de parvularia de la sección 1, 2 y 3.

En ese período, los de mayor edad tienen que estar concentrados para que el bullicio de los más pequeños no les perturbe cuando cantan canciones.

Cuando llega la hora del recreo, está pendiente de que no salgan del patio o se metan entre los cafetales que están frente al grado. Si los más chiquitines quieren ir al baño, les acompaña, porque el servicio sanitario es de fosa.

A Maribel le encantaría mostrarles unos vídeos educativos que guarda en un mobiliario, pero no lo hace, pues no hay luz eléctrica y mucho menos cuentan con un equipo de vídeo.

Ingenio. Un aula para todos Maribel tuvo que distribuir a los seis grados en un mismo salón y en los pocos pupitres que habían. Foto EDH/Walter Santos

Pese a las limitantes que tiene, debe hacerle frente a que algunas madres envían a sus hijos sin cuadernos.

“Es que aquí todos somos pobres y, gracias a la señorita, nuestros hijos van a clases”, dijo agradecida Sandra Elías, vicepresidenta de la directiva de padres.

A las doce del día todos se despiden alegres, cantando.

Ella, después de dejar el salón limpio y ordenado, regresa a su casa para preparar las clases del siguiente día.

Confiesa que se acuesta cansada, pero se levanta feliz de estar viva para compartir sus conocimientos con los niños y niñas que tanto necesitan de una maestra como ella.


“Es la esposa ideal para mí”

“Es una esposa que todos quisieran tener, es la ideal para mí. Es mi amiga, hermana, mi fiel compañera, con la que he logrado salir adelante, a pesar de la pobreza”, así describe Maximiliano Guevara a Maribel Quintanilla, con quien tiene 24 años de casado.

Compañera. Incondicional
Maximiliano Guevara y Maribel se han apoyado mutuamente por 24 años para que sus hijos tengan una educación . Foto EDH/Walter Santos

La admiración y el amor que le tiene a su esposa es compartida con sus hijos. “Mi mamá es emprendedora, se esfuerza por su familia y es excelente maestra”, dice Ruth, de 16 años.

Desde pequeña, Maribel soñaba con ser secretaria.

Como tenía siete hermanos, sus padres le ayudaron a pagar el estudio hasta básica. A los 22 años empezó a pagar su bachillerato con lo que ganaba en las cortas de café.

En esa época ya estaba casada con su actual esposo, con quien tenía sólo tres hijos: Orlando, Lissette y Evelyn. Después nació Ruth. Además, era madrastra de cinco niñas entre las edades de dos años y medio y 15.

Maximiliano era viudo cuando le conoció en San Miguel, donde ambos nacieron y crecieron.
“El instituto estaba cerca de la casa. En los recreos me iba corriendo a la casa para ver cómo estaban, porque los dejaba solos”, dice ella con nostalgia.

Después de clases, le ayudaba a su esposo en la siembra del maíz y frijol.

Al salir de bachiller, se dedicó a impartir clases bíblicas a los niños de la iglesia evangélica. “Ahí me nació la idea de estudiar profesorado en Educación Media”, expresa.

En uno de sus trabajos le dieron $114.29 como un incentivo a su esfuerzo. Con ese dinero le compró a su esposo una bomba para fumigar.

En la actualidad, estudia Licenciatura en Ciencias de la Educación en la Universidad Modular Abierta. También tiene la meta de hacer una maestría.

“Me gustaría obtener una plaza fija, comprar una llantería para que trabaje mi esposo; tener casa propia, porque donde vivimos es de mi hermano”, confiesa.

El otro año planea casarse con su pareja otra vez, para celebrar las bodas de plata.


“Quieren desalojarnos del terreno”

Otra de las funciones de la maestra Maribel Quintanilla es realizar trámites con la directiva de padres de familia del Centro Escolar La Estacada para buscar un terreno donde dar clases en 2005. De lo contrario, cerrarán la escuela.

Pasatiempo. Incansable Cuando tiene tiempo libre, se va con su esposo y sus hijos a la milpa para disfrutar del campo. Foto EDH/Walter Santos

Los dueños del terreno donde está la escuela ya no prestarán el lugar para dar clases.
“Sólo nos dieron permiso de estar este año. Al culminar las clases quieren que nos vayamos”, aseguró Maribel.

Ella y los padres de familia enviaron una solicitud a la Finca Los Luceros para ver si les conceden un espacio para el próximo año.

“Hasta la fecha no nos han respondido. Y estamos preocupados por nuestros hijos”, expresó Magdalena Elías, vicepresidenta de la directiva.

Esa misma inestabilidad ha existido desde que crearon la escuela en 2000. “Siempre se ha movido de un lado para otro. A veces ha estado en casas. Antes era una champita”, destacó Elías.

Eso no es todo, el centro educativo forma parte del programa escuela saludable, el cual consiste en dar alimentación y atención médica a los estudiantes, pero según la maestra, “en este año, una tan sola vez los ha visto el odontólogo, y los bonos de la comida los suspendió el Ministerio de Educación”.

El horno de leña y una plancha de cocina que les donaron este año sólo han quedado de recuerdo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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