Rodolfo
Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
En las últimas semanas
el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social ha manifestado
su preocupación por la saturación de los nosocomios Rosales
y Maternidad, lo que provoca sobrecargo de todas las dependencias, creando
condiciones proclives al deterioro de la calidad de los servicios como
el alargamiento de las citas y el retardo exagerado de las intervenciones
quirúrgicas selectivas, además de que deja a cero su capacidad
de respuesta ante situaciones imprevistas que podrían ocurrir.
Se menciona como razón principal que el sistema no funciona,
haciendo referencia al procedimiento de remisión y retorno de enfermos
entre los diferentes niveles de atención; sin embargo, yo más
bien opino que no existe tal sistema. Si existiera, habría un mejor
conocimiento de la oferta y capacidad resolutiva de los establecimientos
de los diferentes niveles de atención y, en consecuencia, los médicos
generales usarían mejor el recurso de los centros especializados.
Dispondrían de un manual de normas y procedimientos que les guiaría
con claridad sobre la operatividad del sistema y subsistemas.
Estarían establecidas las rutas de las remisiones de acuerdo con
el lugar de origen. Los especialistas y médicos generales trabajarían
en equipo, existirían puntos de control para el monitoreo constante
y así detectar irregularidades a efecto de introducir mejoras;
los pacientes retornarían al médico general con un resumen
de lo actuado e indicaciones terapéuticas o de otro tipo para el
seguimiento, etc.
Quizá lo primero que se debería de hacer es una investigación
más a fondo del asunto, porque en la periferia (Unidades de salud,
centros hospitalarios departamentales y otros) es corriente escuchar que
con frecuencia no queda otra opción que remitir los enfermos a
San Salvador, por ejemplo, ante la carestía de insumos, materiales
y medicamentos, limitaciones en los servicios de apoyo (laboratorio clínico
y gabinete de rayos X), insuficiente personal por causas diversas (enfermedad,
licencias, becas, etc.) y que por norma no son sustituidos. Quirófanos
y otras áreas en proceso de reparación, escasez o ausencia
de instrumental, escasez de ropa estéril, equipos deteriorados
por su intenso uso, etc.
Además de lo anterior, mucha gente se dirige a los hospitales de
la capital por su propia iniciativa, a sabiendas de que siempre recibirá
algún tipo de atención y obviamente se comporta de esa manera
porque nadie les ha orientado sobre cómo utilizar correctamente
los servicios hospitalarios, y, para colmo, el personal de socorristas
de las ambulancias en general tampoco ha sido instruido sobre ese mismo
particular.
No creo que un problema de esta naturaleza, por la profundidad de su arraigo
y la complejidad de sus causas, se solucione contratando médicos
especialistas con el propósito de evaluar pacientes y decidir si
ameritan o no la referencia, por cuanto esta medida no incide en las causas,
es muy puntual, ya que sólo involucra a dos nosocomios. Y se margina
el todo.
Además de que este método no siempre resulta exitoso. Se
le señala por ejemplo la pérdida de tiempo por repetición,
en efecto, para que el evaluado/seleccionador tome una decisión
consistente y bien fundamentada lo que es ideal, es indispensable que
tenga suficiente conocimiento del estado de salud del paciente y eso sólo
se logra haciendo una excelente historia clínica y una exploración
física completa.
Suponiendo que decide que procede la referencia, el enfermo es atendido
de nuevo en el establecimiento de salud que le recibe, o sea fue doblemente
atendido por una misma causa. Por otro lado, como se ha dicho que nadie
será rechazado y que todos recibirán atención, no
tiene caso venir con referencia de las unidades de salud y centros hospitalarios
del interior del país, bastará con trasladarse a la capital
y asunto arreglado. Resulta un tanto controversial que se intente una
solución y sobre todo poner las cosas en orden y se dejen
abiertas todas las puertas.
La solución que conviene, aunque con resultados más tardados,
es sencillamente echar mano de la tecnología para desarrollar e
implementar un modelo de sistema nacional de referencia y retorno de pacientes
entre los diferentes niveles de atención, adaptado a las características
de nuestro perfil epidemiológico, modo de ser de nuestra gente
y distribución de red de establecimientos de salud. En primer lugar,
va a beneficiar a toda la red, ya que su funcionamiento será más
eficiente; los logros serán más duraderos y tendrán
mayor impacto; la carta de trabajo se distribuirá en forma más
racional y los ciudadanos darán un importante paso en su educación
para la salud.
Naturalmente, crear el sistema significa, entre otras cosas, disponer
de los recursos (personal técnico para diseñar el modelo
y programar su implantación, equipos de informática, asignaciones
presupuestarias, etc., etc.). Educar, orientar y guiar a los médicos,
enfermeras y personal administrativo de apoyo a nivel nacional sobre la
nueva operatividad.
Al respecto, la institución incluso podría hasta patrocinar
un diplomado sobre esta materia para los mandos clave que tendrán
bajo su responsabilidad el mantenimiento del nuevo modelo y obviamente
habrá que trabajar intensamente en la educación del público
usuario.
* Dr. en Medicina.

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