Luis Fernández
Cuervo*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Todas las cosas se pueden
ver desde ángulos muy diversos. Pero todos los puntos de vista
no son igualmente importantes. Ahora, después del triunfo de George
Bush, comienzan a hacerse visibles aspectos muy reveladores que fueron
silenciados o minusvalorados en las informaciones anteriores al resultado
electoral. Me refiero concretamente a los principios religiosos y morales
que encarnaban ambos candidatos o, todavía más profundamente,
a qué tipo de país, qué tipo de cultura o contra-cultura
defendían Bush y Kerry.
Lo que los medios de nuestro país nos han ido dando sobre esta
crucial elección han sido, mayoritariamente, de una decidida superficialidad,
siempre hablando de virtual empate, sin explicar por qué esta vez
la abstención fue bajísima y sin revelar aspectos decisivos
de la personalidad de ambos candidatos. Con los resultados en las manos
se ve que la clave no ha estado ni en la guerra de Iraq ni en la movilización
de los electores como escribieron algunos. Ahora se percibe
muy claramente que por esta vez se ha planteado una elección, grave,
entre dos modos de ver la vida diametralmente opuestos, irreconciliables.
Tanto Bush como Kerry se dan cuenta ahora de que el país está
profundamente dividido y de lo peligroso que es eso. Es una sorda guerra
sobre el tipo de vida, de cultura que se quiere. Y lo que les separa son
factores morales y religiosos con diferencias abismales.
Ser partidario de la esclavitud o contrario a ella le costó a Estados
Unidos una sangrienta guerra de secesión en la que triunfó
la defensa de la dignidad e igualdad esencial de todo ser humano y el
valor irrenunciable de la libertad. Ahora se presenta otra alternativa
vital: seguir optando por la avasalladora cultura del aborto y de la libertad
sin trabas morales o por los valores tradicionales en que se basa la cultura
cristiano-occidental. Y es que de ello depende una mayor grandeza de la
cultura estadounidense o su hundimiento y desaparición, tarde o
temprano, como ya le ocurrió a la cultura de Roma. ¡Y al
resto de los países que dependemos lo quieras o no lo quieras-
de esta República imperial nos va la vida en ello!
De la personalidad de George Bush tengo poco que decir. Casi todo ya está
dicho. Blanco fácil para los caricaturistas, por su guerrerismo,
por su estilo simplista de cowboy, abominado por los presuntos intelectuales
progresistas y por las figuras de la farándula de Hollywood
y del espectáculo. Pero, en cambio, una notable mayoría
de votantes, y en una abrumadora mayoría de los estados, han visto
en él un defensor de la Norteamérica de siempre.
Como contraste, la personalidad de Kerry es un fascinante acertijo, es
un círculo cuadrado, un imposible. Se dice católico, pero
ser católico implica defender una serie de principios morales muy
netos, muy definidos; entre otras cosas, una defensa del matrimonio y
la familia tradicional y un rechazo total del aborto como crimen abominable.
Sin embargo, el inefable senador Kerry ha estado apoyado por los grupos
de presión de homosexuales y declara tajantemente que en los nombramientos
para el Tribunal Supremo sólo apoyará a los que sean partidarios
del aborto.
¿Por qué, entre nosotros, no se le ha dado importancia a
estos aspectos de los candidatos? Pienso que, aquí, hablar de conflictos
religiosos le repugna a muchos periodistas, tal vez por no molestar a
los lectores y parecer así más objetivo. El
caso es que de eso se habló y se escribió muy poco antes
del resultado electoral. Pero resulta que ahora se ha visto que ha sido
uno de los factores decisivos.
De los que profesan alguna religión, la mayoría de estadounidenses
se adscribe a alguna confesión de origen protestante. Lo que les
une a todos ellos en materia de cristianismo es una decidida aversión
al catolicismo. Conozco casos muy reveladores. Además de que Bush
es un evangélico metodista, Kerry resultaba para esta gente doblemente
detestable: era un católico defendiendo principios anticristianos.
Los pastores protestantes resaltaron claramente los valores religioso-morales
defendidos por Bush, y los valores inmorales de Kerry. Se ha escrito aquí
por algún periodista despistado que la jerarquía católica
norteamericana no había dicho nada. Falso. Lo cierto es que los
obispos estadounidenses publicaron una carta pastoral colectiva donde,
sin nombrar a nadie, los principios por los que debían votar y
por los que no debían votar eran un rechazo claro a Kerry.
El que Bush haya obtenido una cifra récord del voto hispano 42%,
nunca antes alcanzada por los republicanos y un decidido aumento
del voto de los católicos y de las mujeres tiene mucho que ver
con todo eso y con su postura favorable al derecho a la vida, a la defensa
de la familia tradicional y a su oposición a los experimentos con
embriones humanos como si fueran ratas de laboratorio.
Pienso que, a pesar de las caricaturas y las críticas que presentan
a George Bush como un hombre de escasa inteligencia, de mente rígida,
cuadrada, ha sabido calar más en los valores esenciales de nuestra
civilización que la escurridiza personalidad de John Kerry. En
buena lógica, un cuadrado podrá no ser la figura geométrica
más deseable, pero un círculo cuadrado siempre será
una entelequia, una falsedad, un imposible.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de
Hoy. lfcuervo@telemovil.net.

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