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El Diario de Hoy
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Falta escribir una pequeña historia
sobre los movimientos social cristianos, terceristas, socialistoides y
de izquierda moderada (todos una especie de comunismo light)
que se han tenido en nuestro país y que de nuevo se agitan después
de la defunción del mal llamado Centro Democrático. Sólo
el licenciado Zamora lleva por lo menos cinco partos políticos
de esta clase, cargando tras sí o a su lado su conocida cohorte
de vivos y semidifuntos.
Tienen derecho de hacerlo, pues con algo deben ganar su pan. Lo grave
sería que volvieran a tomar la senda de la destrucción y
la muerte que de manera directa o indirecta les ocupaba en la Década
de los Ochenta.
Los movimientos y sus personajes tienen un común origen, aunque
no necesariamente cronológico: el marxismo. Lo bebieron en la Universidad
de El Salvador, en la UCA, en agrupaciones sindicales, en la prédica
de curas exaltados o en círculos intelectualoides. El caldo de
cultivo fue su propia confusión emocional y la facilidad con que
adoptan fórmulas simples para explicar a su modo una muy compleja
y cambiante realidad. Pero encima de eso, los empuja el prurito de estar
al mismo tiempo con Dios y con el diablo, poder saltar de una orilla a
la otra cuando les convenga.
¿Por qué han venido fracasando esos intentos? Aunque sin
duda son muchos los factores, destacan dos, a saber:
Que no existe, como lo señaló el doctor Ivo Príamo
Alvarenga en un programa televisivo, ningún fundamento doctrinario
para lo que en nuestros países pasa como social democracia.
El doctor Alvarenga señala que nunca vio ninguna escuela universitaria
que se ocupe de la social democracia, como igualmente tampoco
conocemos ningún tratado sobre justicia social, expresión
frecuente en su discurso;
lo segundo, que los promotores de estos partidos no consiguen romper
sus vínculos con el comunismo, partido de donde surgen y con el
que mantienen una relación umbilical. Debido a ello es que la social
democracia sirve primordialmente de caja de resonancia de los comunistas.
Quedaron con la espalda al frío
El fenómeno no es único a El Salvador. La carencia de una
ideología coherente con los tiempos actuales llevó a que
los principales partidos social demócratas de Europa renunciaran
al socialismo tradicional y adoptaran una plataforma afín con el
Orden de Derecho y la Economía de Mercado. Renunciaron aunque sufren
en forma recurrente de tentaciones totalitarias y dirigistas, las que
por lo general disipan en sus políticas internacionales. Es bien
sabido que la social democracia europea apoya en el exterior
a individuos y agrupaciones que en sus países de origen mantendrían
a la mayor distancia.
El surgimiento de las social democracias de todo color, tamaño
y virulencia es uno de los inescapables resultados del colapso del comunismo.
Aunque antes de 1989 el comunismo estaba muerto en Rusia y el llamado
bloque socialista, aquí el dogma se obedecía con todo fervor,
hasta que el derrumbe les sorprendiera. Como es natural, en lo más
recóndito de sus corazones los creyentes no acaban de aceptar esa
defunción, pero al mismo tiempo muchos de ellos se niegan a hacer
el ridículo yendo tras la botija al final del arco iris. De tal
madera es que se hacen los social demócratas, perennemente
en abiertas o secretas alianzas con grupos radicales.

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