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La nota del día
Vinos rancios en viejos odres

El surgimiento de las “social democracias” de todo color, tamaño y virulencia es uno de los inescapables resultados del colapso del comunismo

Publicada 08 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Falta escribir una pequeña historia sobre los movimientos social cristianos, terceristas, socialistoides y de izquierda “moderada” (todos una especie de comunismo “light”) que se han tenido en nuestro país y que de nuevo se agitan después de la defunción del mal llamado Centro Democrático. Sólo el licenciado Zamora lleva por lo menos cinco partos políticos de esta clase, cargando tras sí o a su lado su conocida cohorte de vivos y semidifuntos.

Tienen derecho de hacerlo, pues con algo deben ganar su pan. Lo grave sería que volvieran a tomar la senda de la destrucción y la muerte que de manera directa o indirecta les ocupaba en la Década de los Ochenta.

Los movimientos y sus personajes tienen un común origen, aunque no necesariamente cronológico: el marxismo. Lo bebieron en la Universidad de El Salvador, en la UCA, en agrupaciones sindicales, en la prédica de curas exaltados o en círculos intelectualoides. El caldo de cultivo fue su propia confusión emocional y la facilidad con que adoptan fórmulas simples para explicar a su modo una muy compleja y cambiante realidad. Pero encima de eso, los empuja el prurito de estar al mismo tiempo con Dios y con el diablo, poder saltar de una orilla a la otra cuando les convenga.

¿Por qué han venido fracasando esos intentos? Aunque sin duda son muchos los factores, destacan dos, a saber:

– Que no existe, como lo señaló el doctor Ivo Príamo Alvarenga en un programa televisivo, ningún fundamento doctrinario para lo que en nuestros países pasa como “social democracia”. El doctor Alvarenga señala que nunca vio ninguna escuela universitaria que se ocupe de la “social democracia”, como igualmente tampoco conocemos ningún tratado sobre “justicia social”, expresión frecuente en su discurso;
– lo segundo, que los promotores de estos partidos no consiguen romper sus vínculos con el comunismo, partido de donde surgen y con el que mantienen una relación umbilical. Debido a ello es que la social democracia sirve primordialmente de caja de resonancia de los comunistas.
    
Quedaron con la espalda al frío

El fenómeno no es único a El Salvador. La carencia de una ideología coherente con los tiempos actuales llevó a que los principales partidos social demócratas de Europa renunciaran al socialismo tradicional y adoptaran una plataforma afín con el Orden de Derecho y la Economía de Mercado. Renunciaron aunque sufren en forma recurrente de tentaciones totalitarias y dirigistas, las que por lo general disipan en sus políticas internacionales. Es bien sabido que la “social democracia” europea apoya en el exterior a individuos y agrupaciones que en sus países de origen mantendrían a la mayor distancia.

El surgimiento de las “social democracias” de todo color, tamaño y virulencia es uno de los inescapables resultados del colapso del comunismo. Aunque antes de 1989 el comunismo estaba muerto en Rusia y el llamado bloque socialista, aquí el dogma se obedecía con todo fervor, hasta que el derrumbe les sorprendiera. Como es natural, en lo más recóndito de sus corazones los creyentes no acaban de aceptar esa defunción, pero al mismo tiempo muchos de ellos se niegan a hacer el ridículo yendo tras la botija al final del arco iris. De tal madera es que se hacen los “social demócratas”, perennemente en abiertas o secretas alianzas con grupos radicales.

 

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