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Sometidos por asesinatos

Oriente de San Salvador. Nada detiene los índices de asesinatos en los municipios de San Martín, Soyapango e Ilopango. Esfuerzos de la PNC sólo son un dique para que no aumenten.

Publicada 07 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Pese al desplazamiento de veintinueve grupos antipandillas en los municipios de Soyapango, Ilopango y San Martín, la cantidad de homicidios no ha disminuido desde que se implementó el plan Súper Mano Dura.

El esfuerzo ha servido nada más para evitar que la cifra se dispare, según estadísticas de la delegación policial de Soyapango, bajo cuya responsabilidad está la seguridad de aproximadamente un millón de habitantes de los tres municipios, en conjunto.

Los números revelan que en los primeros 85 días del plan Súper Mano Dura, han ocurrido exactamente igual cantidad de asesinatos que durante el mismo período antes de su implementación.

Sin asombro

Como ejemplo, el miércoles anterior fue un día poco común para la delegación de Soyapango.

Ese día, seis personas fueron asesinadas entre las cinco de la mañana y las nueve de la noche.

En esos homicidios, la sombra de las maras estuvo presente, según afirmaciones del comisionado Nelson Campos, jefe de la delegación.

Ese miércoles, el total de asesinados durante 2004, llegó a 253, cifra superada únicamente por el departamento de Sonsonate.

El segundo trimestre de este año amenaza con superar la cifra de homicidios ocurridos en el primero.

Para residentes de colonias bastiones de pandillas como La Campanera, Las Margaritas, 22 de Abril, de Soyapango, y Santa Teresa, de San Martín, la diferencia entre el antes y después del Súper Mano Dura sólo estriba en que actualmente ya no se ven los grupos de pandilleros en las esquinas de las calles, ahora salen sólo para dar el golpe, luego regresan a sus madrigueras.

“Siempre friegan. Siempre andan matando”, asegura con desaliento un niño de diez años, estudiante del centro escolar de la colonia Santa Teresa de San Martín.

La opinión de Juan Carlos es la misma que la de varios vecinos entrevistados por El Diario de Hoy, en un recorrido que hiciera por esas comunidades el jueves y viernes pasados.

Vecinos de esos municipios parecen ya no alarmarse por un homicidio más. La muerte se ha vuelto parte de la cotidianidad y lo único que piden es que la policía haga algo para evitar más crímenes. Pero hasta el momento, las autoridades parecen no haber encontrado la fórmula adecuada. Únicamente tienen hipótesis del porqué los asesinatos no van a la baja a pesar de los esfuerzos, pero no soluciones.

Dos supuestos

Para el subdirector general de la Policía Nacional Civil, Pedro González, Soyapango se ha convertido en punto de refugio de pandilleros que están emigrando de Santa Tecla, Apopa y otros municipios aledaños para evitar ser capturados.

González atribuye a esa concentración de pandilleros, el que los esfuerzos policiales no se perciban.

Nelson Campos, el oficial responsable de la zona, tiene otra hipótesis. Asegura que los pandilleros están cometiendo sus crímenes de manera planificada, en cuyo caso la prevención a través de los patrullajes no surte efecto.

Esa planificación incluye, según Campos, la selección de la víctima, el tipo de armas que utilizarán, el lugar y la hora cuando perpetrarán el hecho.

Inevitables

Tal es el caso de William Alexander Castillo, un taxista asesinado el miércoles, a quien pandilleros le habrían ajustado las cuentas luego de ocasionar un accidente de tránsito del que no se responsabilizó.

Los restantes homicidios del miércoles, de acuerdo a Campos, no dejan lugar a dudas de que fueron cuidadosamente planificados y ante eso poco o nada se puede hacer para evitarlos.

Indica que los patrullajes pueden prevenir los homicidios cometidos por delincuentes comunes, pero no es el caso en Soyapango, donde las pandillas cargan con la mayor cuota de asesinatos.

A cinco meses de que el comisionado Campos Escalante asumiera la jefatura del municipio, los homicidios han aumentado a pesar del empeño y el esfuerzo de los policías de la zona. “Con el personal que se tiene estamos haciendo el esfuerzo”, asegura.

El oficial afirma que el accionar de la delincuencia es analizado minuciosamente para enfilar esfuerzos en los lugares y horas donde se vislumbra un repunte de delitos.

Si la concentración de mareros y la planificación de sus crímenes es un punto en contra para la policía, la carencia de personal y de recursos para movilizarse en la referida delegación son dos puntos a favor de la delincuencia.

La delegación de Soyapango, según Campos, hasta el jueves anterior contaba con 727 elementos para procurar seguridad a más del millón de vecinos de los tres municipios bajo su responsabilidad.

Desde el 8 de junio, cuando Campos asumió el mando, 38 policías han abandonado la delegación por diversas razones. No los han sustituido.

Otro punto a favor de la delincuencia es que durante la noche sólo el Sistema 911 destacado en Soyapango, queda a cargo de la seguridad de los municipios.

Zona oriental de San salvador

Los crímenes cometidos por maras afectan a la región. El desplazamiento de grupos antipandillas sólo ha logrado evitar que la cantidad aumente.

Escaso personal
727 forman la delegación de Soyapango. Hay un agente para 1,400 habitantes.

Plazas sin cubrir
38 De junio a noviembre, decenas de elementos han dejado la delegación.

Apoyo a la delegación
29 han sido desplazados en los municipios de San Martín, Soyapango e Ilopango.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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