Oscar
Rodríguez Blanco s. d.b.*
El Diario de Hoy
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elsalvador.com
En cierta ocasión
me encontré con una madre de familia que me dijo: Padre,
mi hijo hará pronto la primera comunión y quiere que yo
también comulgue. Yo era casada por la Iglesia pero me divorcié
y me volví a casar sólo por lo civil ¿Qué
hago? ¿Puedo comulgar por esta vez?.
Estos casos son frecuentes. Según las estadísticas, cada
día aumenta el número de matrimonios que se han casado por
lo civil, por la Iglesia o por algún otro culto religioso, se han
divorciado y han optado por un nuevo matrimonio.
En el caso de católicos divorciados y vueltos a casar, muchos de
ellos desean seguir llevando una vida religiosa integral, pero sufren
por la negativa de la Iglesia a admitirles a la comunión eucarística.
Algunos no ocultan su amargura y enojo sin entender que la Iglesia no
es responsable de esta situación.
No hay duda de que la doctrina católica en este punto es exigente,
pero la Iglesia está obligada a dar a sus hijos el pan de la verdad
sin componendas pastorales que dejen intranquilidad en las conciencias.
La situación de los divorciados y vueltos a casar es una preocupación
que no está ausente del corazón de la Iglesia y de sus pastores.
Esta problemática origina muchas tensiones a las que hay que darles
un seguimiento espiritual, para que la pareja no se aleje de Dios y de
su Iglesia.
Juan Pablo II, en su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio,
da algunas orientaciones específicas para mantenerse fiel a Cristo
y a su verdad en estos casos, orientaciones que muestran al mismo tiempo
el corazón maternal de la Iglesia al buscar el bien de los fieles.
En primer lugar hay que reconocer dice el Papa que los
divorciados y vueltos a casar no están excluidos de la Iglesia,
de esto no hay duda, ellos siguen siendo miembros de la Iglesia
(FC:84). Dios no condena a nadie, la Iglesia tampoco lo puede hacer
y ninguno de nosotros está autorizado para emitir juicios excluyentes.
Los divorciados y vueltos a casar tienen en la Iglesia unos derechos y
unos deberes, y la obligación de nosotros, los pastores, es ayudarles
a ubicarse en la comunidad cristina: Se les invitará a escuchar
la palabra de Dios dice la exhortación apostólica,
a asistir al sacrificio de la misa, a perseverar en la oración,
a aportar su contribución a las obras de caridad y a las iniciativas
de la comunidad a favor de la justicia, a educar a sus hijos en la fe
cristiana, a cultivar el espíritu de la penitencia cumpliendo sus
actos para implorar, día tras día, la gracia de Dios(FC
84).
Qué triste es constatar que existen personas que por ignorancia
afirman que ya no tienen ningún derecho a acercarse a las celebraciones
litúrgicas y que no tienen nada que esperar de la Iglesia.
Estas personas tienen todo el derecho de beneficiarse de un sano acompañamiento
espiritual, e incluso, pueden confesar sus pecados a un sacerdote,
no para que le den la absolución sacramental, sino para recibir
los consejos oportunos y alimentarse espiritualmente.
El hecho de que la Iglesia, fundada en las Sagradas Escrituras, no admita
a las personas divorciadas que se han vuelto a casar, a la comunión
eucarística, no es el resultado de un capricho de la Iglesia, pues
tanto el matrimonio como la eucaristía participan del misterio
de la nueva y eterna alianza que Cristo ha sellado con su muerte y resurrección.
El matrimonio es una manifestación de esta alianza, y la eucaristía,
la expresión plena. Acceder a la comunión eucarística
sería entrar en contradicción con esta alianza establecida
por Cristo.
Existe una posibilidad para que puedan comulgar y es pedirles que vivan
como hermano y hermana, pero este tipo de abstinencia sexual es
difícil de cumplir, de comprender y de admitir. No obstante, sí
existen casos en los que las parejas, con tal de dejarse llenar por la
gracia de Dios, se someten a este sacrificio. La prudencia del guía
espiritual, en diálogo con la pareja, podrá llegar a sugerir
una opción.
La Exhortación Familiaris Consortio nos hace comprender que la
Iglesia espera la salvación de estas personas, y que debe trabajar
por su salvación: Con una decidida confianza, la Iglesia
cree que incluso aquellos que se han alejado del mandamiento del Señor
y siguen viviendo en ese estado podrán obtener de Dios la gracia
de la conversión y de la salvación, si perseveran en
la oración, la penitencia y la caridad (FC.84). Toda persona
es valiosa a los ojos de Dios, esos hijos heridos por la vida, dice el
Papa, la madre Iglesia los quiere.
*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora
(Don Rúa).
e-mail: osrobla@hotmail.com

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