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Moda y belleza
El arte de ser mujer

La mujer es la obra maestra salida de manos del Creador, quien la entregó al hombre como su semejante, para que fuera “hueso de sus huesos y carne de su carne”, dotándola del inigualable privilegio de ser madre.

Publicada 07 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Como que las mujeres somos especie en vías de extinción. Se rechaza el matrimonio, la maternidad, las labores del hogar como degradantes, porque desdicen del plan de igualdad en que debemos estar respecto al hombre, mientras se exige el acceso a oficios rudos que requieren enormes esfuerzos físicos.

Pelos rapados y atuendos unisex, sin la gracia, elegancia, delicadeza y sofisticación, tan propias de nuestro sexo parecieran diseñados por nuestro peor enemigo, desconocedor de la psiquis femenina.

En El Diario de Hoy del domingo pasado hay dos interesantes comentarios masculinos sobre el tema femenino.

El primero clama por que su hija aprenda y desarrolle su intelecto, ya que en los concursos de belleza se limitan a exaltar las aptitudes y cualidades físicas de las candidatas, sin hacer referencia alguna a su inteligencia, lo que es un triste ejemplo de superficialidad para las jóvenes.

A una candidata le preguntaron qué figura histórica quisiera conocer, y dijo admirar a Fidel Castro, porque él solito, sin ayuda de nadie, había sacado adelante a su país.

El segundo se quejaba del “reality show” donde ofenden, denigran y maltratan a las concursantes, que tienen que pagar con su dignidad sus faltas o yerros, dando validez a un proceder cuestionable desde todo punto de vista.

Donde se discrimina a las mujeres, negándoles su capacidad para enseñar a otras el arte de ser mujer, si para entrenar a las seleccionadas a caminar como mujer, arreglarse como mujer y todo lo que deben manejar para verse y proyectar su femineidad, no se escoge a una mujer.

Alguien que no es de este género no puede enseñar lo que es propio de la mujer, ya que es sólo una burda imitación que jamás podrá sustituirla, aunque se justifique y argumente lo contrario.

Absurda tendencia que viene dándose desde hace muchos años en las pasarelas internacionales del mundo de la moda: Milán, Nueva York, París y que actualmente también nos está llegando a nosotros.

Porque vestir a una mujer supone conocer su esencia, su espíritu, su razón de ser y su misión en la vida, para que su ropa, lo que la distingue y revela sus intenciones, responda a su realidad interna.

Y es que, con muy pocas excepciones, el diseño internacional de moda femenina está en manos de homosexuales, que no son ni serán jamás mujeres por mucho que aspiren a serlo y que esa frustración, por su falta de identidad definida se refleja en un deseo malsano de poner en ridículo y degradar a la mujer, al vestirla o desvestirla con diseños absurdos y extravagantes, que al destapar sin ningún pudor la figura femenina, la despojan de su misterio y de su natural elegancia, para convertirla en una figura manipulada para despertar las más bajas pasiones, exhibiéndola como una mercadería que puede venderse al mejor postor. Carne por libra.

Desapareció la sobriedad, la delicadeza, las líneas señoriales que caracterizaron la alta costura y le dieron prestigio.

Es triste que a nivel mundial las mujeres no hayamos sido capaces de reaccionar y salir en defensa de nuestra dignidad. Al contrario, las modelos y las artistas son el referente y el ideal al que todas las jóvenes se quisieran parecer.

Y así los vestidos que lleva J-Lo, que destacan en forma procaz y provocativa su natural ordinariez, por ser caros y de famoso diseñador, opacan el razonamiento, y cierran la capacidad de análisis en cuanto a elegancia, distinción y buen gusto.

Es sabido que las figuras tradicionales y conservadoras siguen y seguirán siendo admiradas por su elegancia clásica, mientras las artistas y modelos endiosadas en las pasarelas, aunque derrochen vulgaridad, caerán pronto en el olvido.

La mujer es la obra maestra salida de manos del Creador, quien la entregó al hombre como su semejante, para que fuera “hueso de sus huesos y carne de su carne”, dotándola del inigualable privilegio de ser madre. La fortaleza, ternura e intuición tan propios de ella, reflejan su esencia más íntima, y una de las maneras de expresarlo es mediante el arte de saber vestirse como mujer.

Y esto tiene que ser exclusivamente oficio de mujeres, que sean muy mujeres y se enorgullezcan de serlo.

*Columnista de El Diario de Hoy.


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