Mario
Rosenthal*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Mientras se llevaba a cabo
en Estados Unidos el glorioso espectáculo del ejercicio de la libertad
que fueron las elecciones presidenciales del 2 de noviembre, que ganó
George W. Bush quien ocupará la Casa Blanca durante los próximos
cuatro años, apenas a 100 millas de EE.UU. el dictador Fidel
Castro estaba coartando aún más la libertad de los 11 millones
de cubanos que están presos en la isla por no poder salir.
Lo más curioso es que Fidel Castro tiene seguidores entre nosotros
y un partido político que le venera como su santo patrón.
Mientras los otros ídolos del comunismo: Marx, Engels, Lenín,
Trotsky y Stalin ya no se mencionan, la figura de Fidel Castro constantemente
cobra más importancia entre los fieles del comunismo.
Mientras el cadáver embalsamado de Lenín ha sido removido
de su cripta en la Plaza Roja, frente al Kremlin, en Moscú y las
estatuas de Stalin han sido derribadas y pulverizadas, el nombre y la
figura de Fidel Castro han llegado a personificar en Latinoamérica
los sentimientos anti-americanos.
Esos sentimientos sencillamente son los de los pobres contra los ricos,
que se pueden aplicar tanto a los pueblos o naciones, lo mismo que a individuos.
En el fondo, ésta es la razón de casi todos los conflictos
humanos y es un problema que nunca será resuelto.
La civilización se fue desarrollando en gran parte para resolver
este problema pacíficamente. La cantidad de guerras que se desatan
en el mundo en la actualidad es la prueba de la veracidad de lo que estamos
diciendo.
No existe sociedad sobre la faz de la tierra donde no exista la pobreza.
También no existe sociedad donde no hay ricos, es decir, unos que
tienen más que los otros. Parece ser una realidad de la naturaleza,
como la gravedad. Tenemos que aceptarlo. Lo lamentable son los casos en
que la pobreza es impuesta para restringir la libertad económica
o para asegurarse en el poder, como lo citaremos a continuación.
Desde el colapso de la Unión Soviética en los primeros años
de los 90, y el fin de los subsidios de que gozaban las importaciones
y la venta de azúcar, Fidel Castro ha observado lo que se llama
el período especial, que ha permitido en escala mínima
la apertura de la economía a actividades privadas, principalmente
en inversiones extranjeras en el área de turismo, que, según
la Comisión Económica de la ONU para Latinoamérica,
atrae ingresos para Cuba de más de $3 billones anuales.
Los enemigos del régimen afirman que la atracción principal
es la prostitución, que es permitida abiertamente. Otra innovación
fue permitir la operación de mininegocios en residencias particulares,
que funcionan como hospedajes y restaurantes. El régimen ha limitado
mucho estas actividades, cobrando $400 mensuales para autorizar un hospedaje,
aunque los cuartos no se alquilen.
Los comedores están limitados en cuanto a las viandas que se les
permite servir. Las papas no están en la lista. Los servicios se
cobran en dólares y las licencias e impuestos se tienen que pagar
en dólares. Tan severas han sido las regulaciones que se estima
que de 200,000 mininegocios que fueron licenciados en 1995, sólo
150,000 siguen operando.
Observadores creen que Fidel Castro teme que la libertad comercial, por
pequeña que sea, pueda conducir a libertad política. Millares
de individuos económicamente independientes representan un peligro
para el régimen, mientras controlar las actividades en los hoteles
de lujo no representa problema alguno.
Prueba de este temor es que a partir del 8 de noviembre los dólares
ya no tendrán curso legal. No será delito poseerlos pero
sólo se podrán canjear por pesos cubanos a la par, más
un impuesto del 10%. Los pesos cubanos no se pueden usar en transacciones
comerciales internacionales.
Esto afecta las remesas familiares, que estiman ascienden a $1 billón
al año. El dictador Castro ha sugerido que las remesas familiares
se hagan en moneda que no sean dólares. Las demás monedas
del mundo están exentas del impuesto del 10%.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

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