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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La gran tarea del Presidente George
Bush en su segundo mandato es reunificar un país dividido por la
virulenta campaña de sus opositores, seguir adelante con su agenda
conservadora y ganar la lucha contra el terror. El New York Times cuenta
que para muchos neoyorquinos, que votaron masivamente por Kerry, ninguna
víctima potencial del terrorismo va a respaldar a Bush. Sus posturas
son iguales a la de una mayoría de votantes españoles después
del atentado del 11 de marzo: piensan que la mejor defensa contra el terrorismo
es la retirada, la negociación y suponer que al ignorarles, los
terroristas dejarán de existir. De esa manera los terroristas,
como dijo Kerry, se transformarán en una molestia menor.
Con toda probabilidad, al triunfar Kerry los terroristas decretarían
una tregua, pero con el propósito de recomponer sus cuadros, reagruparse,
fortalecerse, establecer nuevas alianzas, desarrollar distintas estrategias
y entonces lanzar una renovada ofensiva contra Occidente. Los acuerdos
de Munich entre Hitler y el primer ministro británico Chamberlain
permitieron al primero preparar la subsecuente agresión a Polonia,
desatando la Segunda Guerra Mundial.
La agrupación terrorista Al Qaeda de Bin Laden, pese a la serie
de atentados que ha llevado a cabo en los últimos meses, incluida
la matanza de niños en Beslán, Osetia del Norte, Rusia,
está golpeada y sangrando; muchos de sus cabecillas han sido capturados
o muertos, y se ha desmantelado parte de su sustento financiero, producto
a la vez del control del tráfico de heroína. El terrorismo
colombiano se sostiene con la cocaína; el islámico, con
la heroína y el opio. Encima de ello, las estructuras fundamentalistas
en Europa se están convirtiendo en una bomba de tiempo que debe
ser desactivada, pero que no lo habría hecho Kerry.
A Dios gracias fue reelecto
La ofensiva militar, de inteligencia y policial contra las bandas terroristas
del Medio Oriente, vinculadas a su vez con terroristas de todo el mundo,
incluidos colombianos, venezolanos y cubanos, es, obviamente, la respuesta
inmediata para conjurar la amenaza. Pero no es la solución permanente
al problema. Lo único que puede ir superando el azote es el camino
que Bush ha emprendido: adelantar la democratización del mundo
islámico. Para ello es imprescindible separar la religión
del Estado, formar estados laicos. El gran desorden de esas sociedades,
la situación en que tienen a la mujer, su estancamiento económico
y cultural, es resultado de la unión medular entre la religión
y los estados. Eso impide establecer un Orden de Derecho, hacer justicia
a los ciudadanos, reconocer las libertades individuales. Que no existan
claras fronteras entre lo religioso y lo secular, nutre el fundamentalismo
y da pie a la permanente agitación y enloquecimiento de niños
y jóvenes.
La diferencia entre el Presidente Bush y Kerry se patentizó en
la crisis haitiana: Kerry quería que los Estados Unidos restituyeran
a Aristide en el poder; Bush obligó al dictador a salir, por traicionar
el mandato democrático que había recibido. Literalmente
se trató de una defensa de la forma, versus una comprensión
a fondo de lo que es la democracia: un sistema político que fortalece
y preserva la libertad y el derecho.
Podemos dar gracias a Dios que Bush fuera reelecto. Lo fue por sus principios
morales y su lucha por la libertad.

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