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Música para los químicos del país

Un grupo de muchachos alardeó de su malas costumbres en el concierto de la Sinfónica Nacional

Publicada 06 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Excelente. El rumano Gafton Laurentiu impresionó. Foto EDH


Rosemarié Mixco
rmixco@elsalvador.com
El Diario de Hoy

El peruano Armando Sánchez Málaga levantó la batuta, dirigió una mirada estratégica a la Orquesta y con elegancia inició el decimotercer concierto de la temporada 2004 de la Sinfónica Nacional. Eran las 7:30 de la noche, del día cuatro del undécimo mes.

El repertorio, dedicado al centenario del Colegio de Químicos y Farmacéuticos de El Salvador, se inició con la Sinfonía No. 3 del clásico alemán Ludwing Van Beethoven, melodía que mantuvo en expectativa al público asistente, hasta que ciertos cuchicheos irrumpieron en la concentración de la gente.

Mientras los músicos y el director invitado deleitaban con su talento, un grupo de adolescentes hacía gala de sus malacrianzas desde el último bloque de butacas del ala izquierda del Teatro Presidente.

Además de los comentarios entre ellos, se escuchaban risas, alguno que otro gesto para hacerse notar y el infaltable sonido onomatopéyico: “shhhh...”

Al finalizar la primera intervención, los muchachos chiflaron con cierta timidez y aplaudieron con fuerza. Uno de ellos lo hizo desde su butaca con los pies arriba del asiento de enfrente.

El adiós

Más apoyo. Al concierto asistió poco público. Foto EDH

Fue notorio que los menores llegaron al concierto en busca de datos para algún test o tarea, ya que concluida la meta, la mayoría abandonó el recinto.

Algunos asistentes mostraron su incomodidad ante las malas costumbres de los estudiantes y no dejaron de alegrarse tras la partida de éstos. Al menos, la segunda parte del concierto la disfrutaron con tranquilidad.

La Sinfónica continuó con el Concierto para chelo y orquesta, del compositor checo Antón D’Vorak. El solo estuvo a cargo del rumano Gafton Laurentiu Stroie, que conquistó al público.
El repertorio de lo que podría ser el penúltimo concierto de la temporada finalizó con la obra Dos estampas, del peruano Armando Guevara Ochoa.



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