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| Duraderos. Coloque los libros en lugares secos,
donde dé el aire. Foto EDH |
Iliana Colocho
ilico77@elsalvador.com
El Diario de Hoy
La humedad es un desastre para cualquier estante o librera. Disuelve el
papel y fomenta la propagación de hongos.
Norma Muñoz, restauradora de libros, comenta que la mejor manera
de combatirla es que el techo y las paredes estén secas y el área
bien ventilada.
El empleo de estanterías abiertas por detrás ayuda a que
circule el aire, así se evita que los libros se mojen o las tapas
se estropeen.
Otro de los factores es la luz solar directa, que hace quebradizo el papel
y lo amarillenta. Con el tiempo, y si el libro posee ilustraciones, se
pierde la nitidez de la escritura y el dibujo.
Lo más adecuado, entonces, es utilizar cortinas, persianas o contraventanas
para proteger las obras.
Otros daños
La suciedad tampoco se queda atrás. Una forma de proteger los libros
de ésta es forrándolos. Se puede usar papel viejo, bolsas
de plástico o coberturas especiales que se compran en cualquier
papelería. La yarda de plástico cuesta $2.25 y alcanza para
unos seis volúmenes.
La experta también recomienda sacarlos periódicamente de
los estantes y sacudirlos con un trapo suave y seco (no usar nunca agua)
para desalojar los insectos de entre las páginas.
El mal uso que se hace de la literatura también la estropea. Es
importante formar a los lectores (especialmente a los niños) para
que cuiden los libros. No deben dejar caer encima de ellos comida, líquidos,
cera, tinta o cualquier sustancia que los dañe y mucho menos rasgar
y doblar sus hojas.
Es inevitable que con el tiempo se deterioren, por lo que hay que tener
a mano suministros para repararlos, como cinta adhesiva, pegamento, borradores,
papel y cartulina.
Así, si una página está rasgada, se puede arreglar
con un poco de cinta aislante transparente por ambos lados doblando las
puntas de la primera de modo que se sobrepongan y queden pegadas una encima
de otra. Recorte lo que sobra.
Las marcas hechas a lápiz se borran frotando suavemente en una
dirección con un borrador blando. Se puede reforzar el lomo de
los libros con cinta fuerte de tela y con el uso de pega.

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