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Comentario de la semana
Bush y la agenda latinoamericana

Debemos tener esperanza que, en sociedad con el país más rico del mundo, la prosperidad a través de la generación de puestos de trabajo, nos habrá de llegar en el mediano plazo.

Publicada 06 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Eduardo Torres*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Incuestionable fue la victoria electoral obtenida este pasado martes por el ahora reelecto Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, al lograr el 51% de los votos a nivel nacional y 286 votos —de los 270 que necesitaba para ganar— en el Colegio Electoral. Logró el Partido Republicano, además, ampliar su ventaja tanto en el Senado como en la Casa de Representantes.

Desde mi particular punto de vista, ganó “W” por su coherencia como persona, por ser un líder fuerte en tiempos de guerra, y por haber desarrollado una estrategia político/comunicacional de largo aliento que, por lo exitosa que ha sido, será objeto de estudio durante los próximos años. Tanto en las buenas como en las malas, nunca se salió Bush de su mensaje, sorteó las corrientes de opinión desfavorables y conectó una vez más con el estadounidense común. Es obvio que le está reinyectando principios y valores a la nación más poderosa del planeta.

Ya en estas latitudes, suelen resaltar diversos analistas lo fuera que se encuentra Latinoamérica de las prioridades de la administración estadounidense. Desde el sentido estricto de la palabra, pues claro que tiene lógica tal afirmación, ya que la prioridad para los estadounidenses —y así lo demostró la recién concluida campaña política— son Iraq, la guerra global contra el terrorismo, la economía y ¡oh, sorpresa!, los valores cristianos.

Pero vale la pena también recordar que como Presidente electo de Estados Unidos, el primer viaje que hizo Bush fue al rancho del Presidente de México, Vicente Fox, y que justo antes de los infames ataques terroristas a Washington y Nueva York —ocho meses después de haber tomado posesión de su cargo—, se encontraban Estados Unidos y México a punto de firmar un histórico acuerdo migratorio, del cual, dicho sea de paso, esperábamos sacar “terminación” los salvadoreños.

Precisemos más. Cuatro meses después de la horrenda masacre provocada por el terrorismo internacional, anunció George W. Bush en la sede de la OEA, el 16 de enero de 2002 para ser exactos, su intención de “explorar un acuerdo comercial (TLC) con los países centroamericanos”. Tres meses después visitó México, Perú y El Salvador.

Un año calendario duró la negociación del Tratado de Libre Comercio Centro América-Estados Unidos (Cafta, por sus siglas en inglés), y a instancias del propio Presidente de Estados Unidos —en reunión en la Casa Blanca, en abril de 2003, con los presidentes centroamericanos—, se expeditó la negociación para lograr cumplir con el ajustado calendario establecido.

Y esto era así para lograr su aprobación en el Congreso estadounidense antes de entrar al ciclo electoral en Estados Unidos.

La deteriorada situación en Iraq impidió que se concretara este último objetivo, y debido a ello, vaya que estamos sintiendo los embates del “efecto China”.

Renace entonces la esperanza tras la reelección del Presidente Bush, pero siendo Cafta la mejor estrategia que existe para combatir la pobreza, pues bien cabe la pregunta, ¿qué estamos haciendo los centroamericanos para lograrlo? Habiendo algunos países sudamericanos ayudando a torpe- dear la reunión de Cancún de 2003, y creciendo la oposición al Alca —“una sola zona de libre comercio, desde Alaska hasta la Patagonia”— en el Cono Sur, los acuerdos comerciales, han dicho funcionarios estadounidenses, se harán con quienes deseen entablar negociaciones con ellos para tal fin.

Cada país, cada región, podrá tomar el camino que considere correcto. Las continuas mediciones de opinión pública, realizadas por la prestigiosa firma chilena Latinobarómetro, indican que ha caído a casi un cincuenta por ciento, en promedio, la opinión positiva de los latinoamericanos hacia Estados Unidos. La gran excepción: Centro América, donde un setenta y pico por ciento observa favorablemente a la única súper potencia existente.

Existiendo tesis provenientes del propio “establishment” estadounidense, de que podría Latinoamérica dividirse en dos tendencias, una favorable hacia Estados Unidos y la otra favorable hacia Dios sabe qué, pues como se dice de cuando en cuando editorialmente en este periódico, “que Dios encuentre confesados y comulgados” a los ciudadanos de esta última.

Por comprensibles prioridades que pueda tener la reelecta administración Bush, tanto internacionales como domésticas, aquellos que hemos cumplido o estamos cumpliendo nuestra tarea interna, y que somos aliados, vecinos confiables, pues debemos tener esperanza que, en sociedad con el país más rico del mundo, la prosperidad a través de la generación de puestos de trabajo, nos habrá de llegar en el mediano plazo.
¡A Dios rogando y con el mazo dando!
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.


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