
Eduardo
Torres*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Incuestionable fue la victoria
electoral obtenida este pasado martes por el ahora reelecto Presidente
de Estados Unidos, George W. Bush, al lograr el 51% de los votos a nivel
nacional y 286 votos de los 270 que necesitaba para ganar
en el Colegio Electoral. Logró el Partido Republicano, además,
ampliar su ventaja tanto en el Senado como en la Casa de Representantes.
Desde mi particular punto de vista, ganó W por su coherencia
como persona, por ser un líder fuerte en tiempos de guerra, y por
haber desarrollado una estrategia político/comunicacional de largo
aliento que, por lo exitosa que ha sido, será objeto de estudio
durante los próximos años. Tanto en las buenas como en las
malas, nunca se salió Bush de su mensaje, sorteó las corrientes
de opinión desfavorables y conectó una vez más con
el estadounidense común. Es obvio que le está reinyectando
principios y valores a la nación más poderosa del planeta.
Ya en estas latitudes, suelen resaltar diversos analistas lo fuera que
se encuentra Latinoamérica de las prioridades de la administración
estadounidense. Desde el sentido estricto de la palabra, pues claro que
tiene lógica tal afirmación, ya que la prioridad para los
estadounidenses y así lo demostró la recién
concluida campaña política son Iraq, la guerra global
contra el terrorismo, la economía y ¡oh, sorpresa!, los valores
cristianos.
Pero vale la pena también recordar que como Presidente electo de
Estados Unidos, el primer viaje que hizo Bush fue al rancho del Presidente
de México, Vicente Fox, y que justo antes de los infames ataques
terroristas a Washington y Nueva York ocho meses después
de haber tomado posesión de su cargo, se encontraban Estados
Unidos y México a punto de firmar un histórico acuerdo migratorio,
del cual, dicho sea de paso, esperábamos sacar terminación
los salvadoreños.
Precisemos más. Cuatro meses después de la horrenda masacre
provocada por el terrorismo internacional, anunció George W. Bush
en la sede de la OEA, el 16 de enero de 2002 para ser exactos, su intención
de explorar un acuerdo comercial (TLC) con los países centroamericanos.
Tres meses después visitó México, Perú y El
Salvador.
Un año calendario duró la negociación del Tratado
de Libre Comercio Centro América-Estados Unidos (Cafta, por sus
siglas en inglés), y a instancias del propio Presidente de Estados
Unidos en reunión en la Casa Blanca, en abril de 2003, con
los presidentes centroamericanos, se expeditó la negociación
para lograr cumplir con el ajustado calendario establecido.
Y esto era así para lograr su aprobación en el Congreso
estadounidense antes de entrar al ciclo electoral en Estados Unidos.
La deteriorada situación en Iraq impidió que se concretara
este último objetivo, y debido a ello, vaya que estamos sintiendo
los embates del efecto China.
Renace entonces la esperanza tras la reelección del Presidente
Bush, pero siendo Cafta la mejor estrategia que existe para combatir la
pobreza, pues bien cabe la pregunta, ¿qué estamos haciendo
los centroamericanos para lograrlo? Habiendo algunos países sudamericanos
ayudando a torpe- dear la reunión de Cancún de 2003, y creciendo
la oposición al Alca una sola zona de libre comercio,
desde Alaska hasta la Patagonia en el Cono Sur, los acuerdos
comerciales, han dicho funcionarios estadounidenses, se harán con
quienes deseen entablar negociaciones con ellos para tal fin.
Cada país, cada región, podrá tomar el camino que
considere correcto. Las continuas mediciones de opinión pública,
realizadas por la prestigiosa firma chilena Latinobarómetro, indican
que ha caído a casi un cincuenta por ciento, en promedio, la opinión
positiva de los latinoamericanos hacia Estados Unidos. La gran excepción:
Centro América, donde un setenta y pico por ciento observa favorablemente
a la única súper potencia existente.
Existiendo tesis provenientes del propio establishment estadounidense,
de que podría Latinoamérica dividirse en dos tendencias,
una favorable hacia Estados Unidos y la otra favorable hacia Dios sabe
qué, pues como se dice de cuando en cuando editorialmente en este
periódico, que Dios encuentre confesados y comulgados
a los ciudadanos de esta última.
Por comprensibles prioridades que pueda tener la reelecta administración
Bush, tanto internacionales como domésticas, aquellos que hemos
cumplido o estamos cumpliendo nuestra tarea interna, y que somos aliados,
vecinos confiables, pues debemos tener esperanza que, en sociedad con
el país más rico del mundo, la prosperidad a través
de la generación de puestos de trabajo, nos habrá de llegar
en el mediano plazo.
¡A Dios rogando y con el mazo dando!
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista
de El Diario de Hoy.

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