
Salvador
Castellanos*
El Diario de Hoy
scastellanos@elsalvador.com
Con semejante amonestación,
Ed Young, autor del libro Los 10 mandamientos del matrimonio,
atrae nuestra atención hacia el problema número uno en las
relaciones de pareja: el egoísmo.
Cual cerdos en un chiquero, ejemplifica que nos mantenemos en una lucha
permanente por nuestro bienestar y placer, dispuestos a propinar un hocicazo
a cualquiera que interfiera con este propósito, incluso a nuestras
crías; de ahí que haya bautizado a este mal como la chiqueritis.
Dice al autor que, cuando vemos a una persona metida en sus propios
asuntos, que se olvida del resto del mundo, estamos ante un caso de chiqueritis.
Algo que se ha visto estimulado por la propagación de la cultura
del individualismo y el egocentrismo.
Los síntomas de la enfermedad incluyen la inmadurez, por ejemplo,
cuando insistimos en comportarnos como adolescentes y no como adultos;
cuando nos relacionamos con las personas basados en lo que nos hacen sentir
o cuando nuestras necesidades físicas y emocionales ocupan el primer
lugar.
Otro síntoma es la forma en la que seleccionamos nuestras actividades,
algo que está relacionado con el uso de nuestro tiempo. El ejemplo
clásico es el de las viudas del fútbol. El estar siempre
demasiado ocupados para dedicar tiempo a las relaciones; cuando habitamos
en mundos separados e independientes al de nuestra pareja.
El tercer síntoma es la insensibilidad, cuando no tomamos en cuenta
o nos ocupamos de las necesidades de nuestra pareja; no nos importa lo
que siente o piensa, olvidando que a nadie le gusta ser ignorado o que
no se le tenga la más mínima consideración.
Y finalmente, la falta de sumisión, que incluye las manifestaciones
de rebeldía, obstinación o testarudez. Especialmente los
maridos, que se ven poseedores del poder de gobernar y hacer su voluntad
dentro del matrimonio, pero desconocen el amor y cuidado que merece su
pareja.
¿Cree usted que padece de chiqueritis? Pregúntese si: ¿Está
reflejado en alguno de los síntomas descritos: inmadurez, insensibilidad,
falta de sumisión?, ¿hace un uso egoísta del tiempo
o las actividades?, ¿le deja sólo las sobras a su pareja?
Si respondió que sí a alguna de las preguntas anteriores,
usted padece de chiqueritis. Pero no se sienta tan mal, pues
la mayoría de personas la padecemos en algún grado. Además,
el reconocimiento de la enfermedad es un gran paso hacia el cambio.
Según Ed Young, el tratamiento de la chiqueritis incluye
trabajar en tres áreas:
Las prioridades, llegando a un acuerdo acerca de sus necesidades personales
y mutuas.
Haciendo una lista personal de sus prioridades personales, en áreas
como la amistad, el trabajo, la iglesia, el dinero, las vacaciones y los
hijos. Luego sugiere comparar las listas individuales, identificar las
similitudes y las diferencias, conversar al respecto y disponerse a hacer
algunas concesiones (una segunda luna de miel puede ser una ocasión
ideal).
También se debe trabajar sobre las expectativas, ya que todos llegamos
al matrimonio con nuestros propios requisitos de lo que debe ser una buena
esposa o esposo. Usualmente pensamos en la pareja como la persona que
va a satisfacer todas nuestras necesidades. Pero, una vez más,
hay que definir las expectativas y metas en equipo, decidir cómo
queremos que sea nuestro matrimonio, concentrarnos en las necesidades
del otro.
Se deben identificar los patrones de vida propios, unificar los estilos
de vida, las conductas individuales. Provenimos de hogares y culturas
distintas. Por ello es necesario, para lograr la armonía, que algunos
patrones se rompan y otros se adopten.
Definir cómo van a tomar las decisiones, cómo resolver los
problemas, cómo administrar el dinero, cómo criar a los
hijos.
A pesar de lo grave que sea su caso de chiqueritis, el amor
sigue siendo la clave. Los tres tipos de amor existente: El amor Eros,
que es pasional y sexual; el amor filia, que es el cariño, un vínculo
afectivo, una elección, un acto de la voluntad, cuando los cónyuges
deciden ser los mejores amigos, y el amor ágape, que es el amor
eterno, que no se basa en el placer o la satisfacción personal.
Este es el amor que demostró Dios cuando envió a su hijo
Jesús.
Eros es cuerpo, filia es alma y ágape es espíritu.
Y como dice Ed Young, cuando en una pareja existe el amor de tres
tercios, todo está bien.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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