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¡No seas un cerdo egoísta!

Los síntomas de la enfermedad incluyen la inmadurez, por ejemplo, cuando insistimos en comportarnos como adolescentes; cuando nos relacionamos con las personas basados en lo que nos hacen sentir.

Publicada 06 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Salvador Castellanos*
El Diario de Hoy

scastellanos@elsalvador.com

Con semejante amonestación, Ed Young, autor del libro “Los 10 mandamientos del matrimonio”, atrae nuestra atención hacia el problema número uno en las relaciones de pareja: el egoísmo.

Cual cerdos en un chiquero, ejemplifica que nos mantenemos en una lucha permanente por nuestro bienestar y placer, dispuestos a propinar un hocicazo a cualquiera que interfiera con este propósito, incluso a nuestras crías; de ahí que haya bautizado a este mal como la “chiqueritis”.

Dice al autor que, “cuando vemos a una persona metida en sus propios asuntos, que se olvida del resto del mundo, estamos ante un caso de chiqueritis”. Algo que se ha visto estimulado por la propagación de la cultura del individualismo y el egocentrismo.

Los síntomas de la enfermedad incluyen la inmadurez, por ejemplo, cuando insistimos en comportarnos como adolescentes y no como adultos; cuando nos relacionamos con las personas basados en lo que nos hacen sentir o cuando nuestras necesidades físicas y emocionales ocupan el primer lugar.

Otro síntoma es la forma en la que seleccionamos nuestras actividades, algo que está relacionado con el uso de nuestro tiempo. El ejemplo clásico es el de las viudas del fútbol. El estar siempre demasiado ocupados para dedicar tiempo a las relaciones; cuando habitamos en mundos separados e independientes al de nuestra pareja.

El tercer síntoma es la insensibilidad, cuando no tomamos en cuenta o nos ocupamos de las necesidades de nuestra pareja; no nos importa lo que siente o piensa, olvidando que a nadie le gusta ser ignorado o que no se le tenga la más mínima consideración.

Y finalmente, la falta de sumisión, que incluye las manifestaciones de rebeldía, obstinación o testarudez. Especialmente los maridos, que se ven poseedores del poder de gobernar y hacer su voluntad dentro del matrimonio, pero desconocen el amor y cuidado que merece su pareja.

¿Cree usted que padece de chiqueritis? Pregúntese si: ¿Está reflejado en alguno de los síntomas descritos: inmadurez, insensibilidad, falta de sumisión?, ¿hace un uso egoísta del tiempo o las actividades?, ¿le deja sólo las sobras a su pareja?

Si respondió que sí a alguna de las preguntas anteriores, usted padece de “chiqueritis”. Pero no se sienta tan mal, pues la mayoría de personas la padecemos en algún grado. Además, el reconocimiento de la enfermedad es un gran paso hacia el cambio.

Según Ed Young, el tratamiento de la “chiqueritis” incluye trabajar en tres áreas:
Las prioridades, llegando a un acuerdo acerca de sus necesidades personales y mutuas.
Haciendo una lista personal de sus prioridades personales, en áreas como la amistad, el trabajo, la iglesia, el dinero, las vacaciones y los hijos. Luego sugiere comparar las listas individuales, identificar las similitudes y las diferencias, conversar al respecto y disponerse a hacer algunas concesiones (una segunda luna de miel puede ser una ocasión ideal).

También se debe trabajar sobre las expectativas, ya que todos llegamos al matrimonio con nuestros propios requisitos de lo que debe ser una buena esposa o esposo. Usualmente pensamos en la pareja como la persona que va a satisfacer todas nuestras necesidades. Pero, una vez más, hay que definir las expectativas y metas en equipo, decidir cómo queremos que sea nuestro matrimonio, concentrarnos en las necesidades del otro.

Se deben identificar los patrones de vida propios, unificar los estilos de vida, las conductas individuales. Provenimos de hogares y culturas distintas. Por ello es necesario, para lograr la armonía, que algunos patrones se rompan y otros se adopten.

Definir cómo van a tomar las decisiones, cómo resolver los problemas, cómo administrar el dinero, cómo criar a los hijos.

A pesar de lo grave que sea su caso de “chiqueritis”, el amor sigue siendo la clave. Los tres tipos de amor existente: El amor Eros, que es pasional y sexual; el amor filia, que es el cariño, un vínculo afectivo, una elección, un acto de la voluntad, cuando los cónyuges deciden ser los mejores amigos, y el amor ágape, que es el amor eterno, que no se basa en el placer o la satisfacción personal. Este es el amor que demostró Dios cuando envió a su hijo Jesús.

Eros es cuerpo, filia es alma y ágape es espíritu.
Y como dice Ed Young, cuando en una pareja existe “el amor de tres tercios”, todo está bien.
*Columnista de El Diario de Hoy.


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