
María
A. de López Andreu*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Este año ha sido
abundante en procesos electorales, a lo largo y ancho del continente.
En Centro América ha habido tres cambios de gobierno, varios más
en el Sur y también en Estados Unidos.
Bueno, y ¿qué? ¡Así ha sido siempre!
Sin embargo, dado que el mundo está cada vez más interrelacionado,
esos sucesos antes indiferentes, ahora no pasan inadvertidos.
Los medios de comunicación nos informan al detalle, mientras los
analistas políticos explican tendencias, razones y motivos por
los que unos ganan y otros pierden. Algunos, incluso, afirman que ésta
es la hora de la izquierda, porque se ha ido perdiendo la fe en la democracia.
La opinión de los expertos, claro, es muy importante. Aunque los
políticos también deberían tomar en cuenta la percepción
de nosotras, las personas comunes y corrientes, quienes vamos a las urnas
y elegimos a nuestros gobernantes. ¡Y ya 2006 está a la vuelta
de la esquina!
Por ejemplo, lo sucedido en Venezuela es sorprendente. Considerado a sí
mismo como un país de larga tradición democrática,
ha vivido una crisis verdaderamente surrealista: pasaron interminables
meses de huelgas, paros, multitudinarias manifestaciones, firmazos y refirmazos
en contra de un individuo mesiánico, populista e irresponsable,
lo que era de esperarse terminaría en una clarísima
y aplastante victoria para la oposición.
Por el contrario, finalizó en una entronización
del régimen chavista, tras una dudosa victoria avalada
por el inefable Mr. Carter, lo que significará para los venezolanos
la destrucción material y moral de su país. Por mucho petróleo
y otros recursos con que ahora cuenten, serán insuficientes ante
la irresponsabilidad y rapiña que, entre camaradas,
ya se vislumbra.
¿Por qué perdió la oposición cuando se le
veía ganadora?
En el ínterin de ese larguísimo proceso, se dieron las elecciones
presidenciales en El Salvador. El fenómeno Chávez
había despertado las izquierdas ilusiones en nuestros aspirantes
a dictadorzuelos nacionales, y la víspera de los comicios, internacionalmente,
se les concedía anticipadamente el triunfo. Pero sucedió
al revés: Tony Saca apabulló a Schafik Handal, con una derrota
descomunal. ¿Por qué?
¡Ah, pero la izquierda aún tenía esperanzas con Kerry!
Pero a éste, el electorado estadounidense no se lo tragó
ni siquiera bañado en salsa catsup. Y, hace apenas tres días,
conocimos los resultados: Bush fue reelecto, contra todo pronóstico,
para decepción de los mal llamados liberales de todo
el mundo. ¿A qué se debió?
Si vemos estos tres ejemplos, todos ellos tienen muchos elementos en común:
los participantes, en cada caso, están claramente colocados a la
derecha o a la izquierda; igualmente, contaban con grandes recursos (relativos
a su medio) para llevar a cabo sus campañas proselitistas; también
tenían capacidad para influir en la opinión pública,
hasta el grado de polarizar totalmente a la sociedad. Y, quizá
lo principal: todos tenían ofertas atractivas (engañosas
o no) para conquistar el voto de la población. Entonces: ¿qué
es lo que influyó en el éxito o el fracaso de cada uno?
La respuesta, aunque muchos cínicos se mueran de risa, es muy sencilla:
se trata de principios.
En el caso de Venezuela, el objetivo de Chávez es mantenerse en
el poder y, para ello, hará cualquier cosa. El objetivo aparente
de la oposición tampoco era muy diferente: sacar a Chávez
del poder. Punto. A la hora de la verdad, las ambiciones personales prevalecieron,
porque no les movían principios, sino intereses.
En el caso salvadoreño y el estadounidense, el populismo de los
perdedores les hizo caer en contradicciones graves, mostrándoles
erráticos y volubles. En cambio, el Presidente Saca y, posteriormente,
el Presidente Bush, defendieron con claridad y entereza los principios
en los que creen y que sus conciudadanos compartimos: la libertad, la
fe, la igualdad de oportunidades, el derecho a la propiedad, los valores
familiares y patrióticos, etc. En la defensa de sus principios,
no temieron a la crítica ni al costo político que pudiera
ocasionarles, se mantuvieron leales a ellos y a sí mismos.
Ese mensaje fue claramente interpretado por la población: un hombre
comprometido con sus principios y valores es digno de confianza
y del voto.
Se acerca la hora de ir perfilando los nombres de quienes serán
candidatos a diputados, alcaldes y concejales. Por favor, que sean personas
de principios.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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