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Opinando
Ganadores y perdedores: ¿Por qué?

El Presidente Saca y, posteriormente, el Presidente Bush, defendieron con claridad y entereza los principios en los que creen y que sus conciudadanos compartimos: la libertad, la fe, la igualdad de oportunidades.

Publicada 06 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


María A. de López Andreu*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Este año ha sido abundante en procesos electorales, a lo largo y ancho del continente. En Centro América ha habido tres cambios de gobierno, varios más en el Sur y también en Estados Unidos.

Bueno, y ¿qué? ¡Así ha sido siempre!
Sin embargo, dado que el mundo está cada vez más interrelacionado, esos sucesos —antes indiferentes—, ahora no pasan inadvertidos. Los medios de comunicación nos informan al detalle, mientras los analistas políticos explican tendencias, razones y motivos por los que unos ganan y otros pierden. Algunos, incluso, afirman que ésta es la hora de la izquierda, porque se ha ido perdiendo la fe en la democracia.

La opinión de los expertos, claro, es muy importante. Aunque los políticos también deberían tomar en cuenta la percepción de nosotras, las personas comunes y corrientes, quienes vamos a las urnas y elegimos a nuestros gobernantes. ¡Y ya 2006 está a la vuelta de la esquina!

Por ejemplo, lo sucedido en Venezuela es sorprendente. Considerado a sí mismo como un país de larga tradición democrática, ha vivido una crisis verdaderamente surrealista: pasaron interminables meses de huelgas, paros, multitudinarias manifestaciones, firmazos y refirmazos en contra de un individuo mesiánico, populista e irresponsable, lo que —era de esperarse— terminaría en una clarísima y aplastante victoria para la oposición.

Por el contrario, finalizó en una “entronización” del régimen chavista, tras una dudosa “victoria” avalada por el inefable Mr. Carter, lo que significará para los venezolanos la destrucción material y moral de su país. Por mucho petróleo y otros recursos con que ahora cuenten, serán insuficientes ante la irresponsabilidad y rapiña que, entre “camaradas”, ya se vislumbra.

¿Por qué perdió la oposición cuando se le veía ganadora?


En el ínterin de ese larguísimo proceso, se dieron las elecciones presidenciales en El Salvador. El “fenómeno Chávez” había despertado las izquierdas ilusiones en nuestros aspirantes a dictadorzuelos nacionales, y la víspera de los comicios, internacionalmente, se les concedía anticipadamente el triunfo. Pero sucedió al revés: Tony Saca apabulló a Schafik Handal, con una derrota descomunal. ¿Por qué?

¡Ah, pero la izquierda aún tenía esperanzas con Kerry! Pero a éste, el electorado estadounidense no se lo tragó ni siquiera bañado en salsa catsup. Y, hace apenas tres días, conocimos los resultados: Bush fue reelecto, contra todo pronóstico, para decepción de los mal llamados “liberales” de todo el mundo. ¿A qué se debió?

Si vemos estos tres ejemplos, todos ellos tienen muchos elementos en común: los participantes, en cada caso, están claramente colocados a la derecha o a la izquierda; igualmente, contaban con grandes recursos (relativos a su medio) para llevar a cabo sus campañas proselitistas; también tenían capacidad para influir en la opinión pública, hasta el grado de polarizar totalmente a la sociedad. Y, quizá lo principal: todos tenían ofertas atractivas (engañosas o no) para conquistar el voto de la población. Entonces: ¿qué es lo que influyó en el éxito o el fracaso de cada uno?

La respuesta, aunque muchos cínicos se mueran de risa, es muy sencilla: se trata de principios.

En el caso de Venezuela, el objetivo de Chávez es mantenerse en el poder y, para ello, hará cualquier cosa. El objetivo aparente de la oposición tampoco era muy diferente: sacar a Chávez del poder. Punto. A la hora de la verdad, las ambiciones personales prevalecieron, porque no les movían principios, sino intereses.

En el caso salvadoreño y el estadounidense, el populismo de los perdedores les hizo caer en contradicciones graves, mostrándoles erráticos y volubles. En cambio, el Presidente Saca y, posteriormente, el Presidente Bush, defendieron con claridad y entereza los principios en los que creen y que sus conciudadanos compartimos: la libertad, la fe, la igualdad de oportunidades, el derecho a la propiedad, los valores familiares y patrióticos, etc. En la defensa de sus principios, no temieron a la crítica ni al costo político que pudiera ocasionarles, se mantuvieron leales a ellos y a sí mismos.

Ese mensaje fue claramente interpretado por la población: un hombre comprometido con sus principios y valores es digno de confianza… y del voto.

Se acerca la hora de ir perfilando los nombres de quienes serán candidatos a diputados, alcaldes y concejales. Por favor, que sean personas de principios.
*Columnista de El Diario de Hoy.


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