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José
Alberto Barrera
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
La estrepitosa caída de los precios del café en 1997 empeoró
la calidad de vida de los pobres de las zonas de producción del
grano.
De acuerdo a un Informe de Desarrollo Económico y Social 2004 de
la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico
y Social (Fusades), es claro que la crisis, que se prolongó hasta
el 2001, provocó un aumento de los índices de desnutrición
en poblados de Ahuachapán, Usulután, Santa Ana y Sonsonate.
Según estadísticas del Consejo Salvadoreño del Café
(CSC), la súbita caída en los precios internacionales, además
de disminuir considerablemente el número de empleos, redujo el
aporte de café al Producto Interno Bruto (PIB), que pasó
de generar el 5.6 por ciento en los años 70, al 1.5 en el 2003.
En base a esa experiencia, Fusades sugiere evaluar y crear políticas
gubernamentales para mitigar los efectos generados por los shocks,
como los provocados por la variación del mercado internacional.
Según Álvaro Trigueros, gerente de estudios macroeconómicos
de Fusades, éstos son necesarios.
El gerente detalló que en la crisis del café, la situación
se empeoró al ser abonada por los altos niveles de analfabetismo
y natalidad, así como la dependencia de las familias al cultivo.
Estas condiciones -dijo- empeoraron la de por sí débil condición
económica de cientos de familias que trabajaban en las fincas cafeteras.
Lo anterior se refleja en la condición nutricional de los niños
de las zonas que muestran reducción de peso y retardo del crecimiento,
sector al que deberá ponerse especial cuidado para sacarlo de su
situación actual.
Maíz poco rentable
Para evitar que una situación similar se repite, la fundación
considera importante activar planes de diversificación de cultivos,
de hecho propone restringir la siembra de maíz en laderas y de
fomentar la producción de nuevas variedades.
Margarita Béneke de Sanfeliú, gerente de la Unidad de Investigación
e Información de Fusades, explicó por ejemplo que muchos
maizales están en terrenos con vocación forestal.
Trigueros estimó ayer que una de las primeras cosas que hay que
hacer es buscar cuáles son los productos que puedan tener
más ventajas en el mercado, de los cuales ya existe una lista
y en la que no figura el maíz y el frijol.
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En opinión de Mario Salaverría, ministro
de Agricultura, es difícil pensar que el agricultor puede separarse
del maíz, principalmente porque es parte de su economía
de subsistencia.
Agregó que en el informe de la Fusades no se refleja la recuperación
de estos cultivos, que sólo en el caso del maíz aumentó
la productividad por manzana de 30 a 50 quintales.
El alza la atribuyó al uso de semillas mejoradas y a un mejor manejo
de los cultivos.
Cinturones de pobreza
Cecilia Gallardo, coordinadora nacional del área social, explicó
que en el país existen cinturones de miseria donde ésta
se alimenta por la inexistencia de servicios básicos.
Dijo que un ejemplo de ello son los municipios de Torola y Nueva Granada
donde se registra un índice de pobreza de más del 80 por
ciento y donde no se produce café.
En Torola, aseguró, sólo el 20 por ciento de los habitantes
tiene luz eléctrica, mientras que casi el 70 carece del servicio
de agua.
El problema crece porque en la población de casi dos mil habitantes,
el promedio de escolaridad anda hasta por el tercer grado, un nivel de
analfabetismo de casi un 50 por ciento cuando el promedio nacional es
del 19 por ciento.
La funcionaria destacó también que el tema ha sido
ideologizado, la extrema derecha ha querido negar o esconder la pobreza
y la izquierda la ha usado como bastión político.
Agregó que la propuesta de Fusades permite desarrollar una discusión
técnica para atacar de raíz el problema, insumo que es incorporado
al programa que lanzará el gobierno el próximo año
y en el que se invertirán 50 millones de dólares.
El agro no es competitivo
Muchos de los productos agrícolas que los salvadoreños
cultivan no tienen ventajas comparativas. Pero hay otros que teniendo
amplias ventajas para ser competitivos a nivel internacional casi no se
producen o su cultivo es muy marginal.
El informe de Fusades revela que pese a que los rendimientos agrícolas
en el campo han aumentado no son suficientes para compensar la reducción
de los precios mundiales, afectando así la rentabilidad del sector
y por ende la calidad de vida de la población rural.
Además el tamaño pequeño de las fincas, la criminalidad,
la vulnerabilidad ante fenómenos naturales y estructuras no empresariales
como las cooperativas del sector reformado inciden negativamente en las
ventajas comparativas del campo.
Amy Ángel, analista de Fusades, dijo que mientras el país
se dedica a producir cultivos como el maíz y arroz tradicionales,
ajonjolí y algodón, que no poseen ventajas internacionales;
descuida bienes rentables como el coco, anona, tomate y aguacate, entre
otros.
Cereales sin ventajas
Es interesante observar que ninguno de los granos básicos -salvo
el arroz tecnificado- posee ventajas.
El futuro agropecuario se encuentra en la diversificación
hacia nuevos productos agrícolas. Si bien el azúcar y café
seguirán siendo importantes no representan fuentes dinámicas
de crecimiento, reza el informe.
Los beneficios de tener cultivos competitivos es que son intensivos en
mano de obra, crean otros empleos rurales e incentivan el capital de largo
plazo.
Una de las propuestas de Fusades al respecto es establecer la meta de
fomentar las exportaciones de al menos 40 productos agrícolas,
que alcancen ventas cercanas a los $5 millones cada una a sabiendas que
algunos superarán la meta con creces.
Para la Fundación la salida de la crisis no se halla en cultivos
y tecnologías rústicas, sino en la modernización
del sector. El agro tiene futuro si se cambia la estructura de producción,
indicó Angel.
La analista, Carolina de Franco, planteó que para salir de la crisis
el agro debe diversificar sus exportaciones. En El Salvador el café
participaba con el 60% en las exportaciones y ahora sólo con el
3%.
Como quiera que ya no se puede depender de las actividades cafetaleras,
se debe apostarle a la diversificación exportadora.
Aquí se propone eliminar los obstáculos que enfrenta el
sector (seguridad en la tenencia de la tierra, falta de infraestructura),
mejorar los sistemas de información y aprovechar el mercado regional
y los acuerdos de libertad comercial.
Deben aprovecharse los beneficios del TLC
- De los $438 millones que El Salvador exporta, tanto en bienes agropecuarios
como agroindustriales, $112 millones (25.6%) van a Estados Unidos.
- El problema es que el país no aprovecha el mercado regional ni
el TLC con Estados Unidos.
- Por esa razón, se sugiere aprovechar el Tratado pues ofrece un
mercado de 293 millones de consumidores, incluyendo los 2.2 millones de
salvadoreños que residen allá.
- Otra ventaja del acuerdo es que se podrá aprovechar una demanda
insatisfecha por productos salvadoreños, como frijol rojo, semita,
horchata, loroco y queso, entre otros.

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