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| Distrito liberado. El mandatario saluda a los
mareros reivindicados tras el acto. Foto: EDH |
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Desde hace poco más de un mes,
los habitantes de la colonia IVU, un complejo de edificios multifamiliares
al sur de San Salvador, ya no deben caminar varias cuadras para recibir
su pedido de pizza o pollo frito. Les llega hasta la puerta de sus apartamentos.
La tranquilidad ha llegado a esa colonia desde que treinta y cinco miembros
de la clica de la Mara 18 de la referida comunidad se han sometido a un
proceso de rehabilitación a través de la evangelización
y la asistencia a talleres vocacionales.
Ayer en la tarde en la cancha de esa colonia, el Presidente Antonio Saca
inauguró el proyecto de rehabilitación.
Según fuentes policiales, es un plan piloto del plan Mano Amiga,
componente de su homóloga Súper Mano Dura, lanzado hace
varias semanas para combatir las pandillas.
Durante los actos, Saca dijo que podía asegurar que la violencia
de las maras ha sido erradicada de la referida residencial.
El mandatario elogió la actitud de los jóvenes a quienes
calificó de valientes al haber tomado la decisión de reincorporarse
a la sociedad.
Optimismo
Estamos conscientes de que la entrada
a las pandillas, muchas veces es de manera involuntaria y es por eso que
se les está dando esta oportunidad, aseguró Saca.
Los lugareños ven con buenos ojos la iniciativa.
Según Claudia Sosa, residente del lugar, antes de que el proyecto
iniciara, los repartidores de comida a domicilio llegaban hasta la entrada
de la colonia por temor a ser asaltados. Igual sucedía con otros
vendedores.
La vida en la IVU ha cambiado, según Claudia. Ahora los mareros
hasta cuidan a la gente que a deshoras de la noche llega de su trabajo,
aseguró la mujer.
La opinión de otra habitante que no quiso ser identificada coincidió
con la de Claudia: ya no se vive con la zozobra de hallarse en una
riña de pandillas, dijo.
No obstante, la lugareña dice tener sus reservas en cuanto a que
la rehabilitación de los pandilleros sea perdurable.
De poco servirá que les enseñen oficios o que abran
talleres si cuando ya estén capacitados nadie les da trabajo, que
es lo que necesitan. De ser así, esta tranquilidad sólo
sería de algunos meses, sentenció.
Pero los pandilleros se muestran optimistas. Para José Alexander
Álvarez, alias Black, el que sean tomados en cuenta ya es bastante
muestra de buena voluntad de parte del Gobierno.
Tratamos de no andar perjudicando a la gente. Les queremos demostrar
a la gente que sí podemos cambiar. Queremos que vean que no somos
seres de otro planeta, aseguró Álvarez quien asegura
que trabaja en un taller de mecánica.

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