elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Desde washington
El papel de la religión en la política en L.A.

El creciente movimiento evangelista en países tan diversos como Brasil, Guatemala y Perú han formado sus propios partidos políticos y presentado candidatos que impulsan sus prioridades

Publicada 05 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

WASHINGTON. En caso de que lo haya olvidado, Uruguay también tuvo elecciones presidenciales esta semana. Pero allá, al fondo del Cono Sur, la elección fue significativamente diferente en por lo menos un aspecto particular a la elección estadounidense. Si usted le hubiera preguntado a cualquier uruguayo acerca de la religión o las creencias espirituales de su Presidente electo, seguramente no habría podido responderle.

Claro que Uruguay es probablemente el país más laico en el subcontinente más católico del mundo. Pero en la mayor parte de América Latina la religión continúa siendo un asunto muy íntimo. Con unas cuantas excepciones, la mayoría de latinoamericanos no sabe —y realmente no les importa— la inclinación espiritual de sus líderes.

Aquí la cosa es ciertamente distinta. En esta temporada electoral los candidatos parecieron más ansiosos que nunca de llevar a flor de piel su religión. El Presidente Bush, quien ha identificado a Jesús como su filósofo político favorito, habló a lo largo de la campaña acerca de permitir que la fe presida las decisiones de política pública. El senador John Kerry, tal vez forzado más por las circunstancias a superar cierta reticencia a dichos temas, terminó diciendo que “creo que todo lo que uno hace en la vida pública tiene que ser guiado por su fe”.

La discusión y el despliegue públicos de la fe de los candidatos marcan la diferencia superficial entre Estados Unidos y Latinoamérica sobre el papel de los valores morales y religiosos en la política. Más profundamente, un cierto punto de vista religioso ha capturado las pasiones del electorado estadounidense en una forma que es inimaginable en América Latina.

Aquí la políticamente influyente derecha cristiana está dedicada a lo que describe como una guerra cultural para proteger sus valores de amenazas como el aborto, los matrimonios del mismo sexo e investigaciones con células madre, entre otros. En las elecciones del martes, los votantes en todos los 11 estados que incluyeron iniciativas para prohibir los matrimonios gay las apoyaron contundentemente.

Como lo describió Brian H. Smith, profesor de religión en Ripon College, en Wisconsin, “los Estados Unidos quiere que cada vez más la moralidad y la religión justifiquen sus políticas”. Smith, un sacerdote jesuita que sirvió en América Latina, cree que hoy el papel de la religión en la política es objeto de un mejor trato en el resto de las Américas, donde predomina el “deseo de debatir políticas motivados por la razón y no por la religión”.

Eso no quiere decir que las fuerzas religiosas no sean políticamente activas en América Latina. De hecho, el creciente movimiento evangelista en países tan diversos como Brasil, Guatemala y Perú han formado sus propios partidos políticos y presentado candidatos que impulsan sus prioridades.

Pero las prioridades de estos cristianos del sur difieren radicalmente de las de sus contrapartes del Norte. Considere usted los propósitos de la propia Iglesia Católica en las dos regiones. Edward Cleary, director de estudios latinoamericanos en la universidad Providence College, en Rhode Island, dijo que los temas “calientes” para los obispos católicos estadounidenses son hoy asuntos a la vez morales y culturales, como por ejemplo el aborto o la investigación con células madre. Para los obispos en América Latina, las principales prioridades son la justicia social, la lucha contra la corrupción y el asegurar que el libre comercio no deje a los pobres más atrás.

Mientras Kerry, un católico, parecería haber estado más alineado con estas preocupaciones católicas tradicionales, sus políticas a favor de la opción de la mujer de abortar le pusieron en oposición a los obispos más conservadores de este país. En un memo reimpreso en inglés y español en los boletines que recibieron los feligreses en Arlington, Virginia, el domingo, el obispo Paul Loverde les recordó a los votantes católicos que los principios centrales de su religión, tales como la “búsqueda de la justicia social y la práctica de una solidaridad global”, resultan insignificantes sin la “protección a la vida humana”. Para ser más exacto, enfatizó Loverde, votar por un candidato pro-aborto, independientemente de sus otros valores, es lo mismo que “cooperar materialmente con el mal”.

Ante las últimas elecciones a lo largo del hemisferio, algunos analistas hablan ya de una creciente división ideológica entre el Norte y el Sur, con Estados Unidos oscilando hacia la derecha y Latinoamérica, hacia la izquierda. Esto es verdad hasta cierto punto, pero los conceptos de izquierda y derecha son inadecuados y anticuados para describir las diferencias.

En Uruguay, el Presidente electo Tabaré Vázquez es el candidato de la izquierda, de hecho, será el primer político de izquierda en liderar esa nación. Curiosamente, este “izquierdista” se ha comprometido a mantener las reformas de mercado, la disciplina fiscal y la estabilidad macroeconómica. Su deseo de trabajar sobre temas tradicionalmente favorecidos por conservadores es suavizado por sus valores —no sus creencias con respecto al aborto o a los matrimonios gay, sino por su preocupación de que los pobres salgan adelante en una economía de mercado.

Uno podría preguntarse: ¿Cuáles son las prioridades morales de una nación en una época como la nuestra? La respuesta tal vez ayude a explicar mejor las distinciones entre el Norte y el Sur, teniendo en cuenta los resultados electorales de esta semana.

*Columnista del Washington Post.


elsalvador.com WWW