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“Nunca pensé que lo iba a enflorar el día de difuntos”

Un ejemplo. Los maestros describen a César, el joven asesinado hace unos días en Ayutuxtepeque, como un estudiante bueno y aplicado

Publicada 04 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Dolor. Karla consuela a su madre, Marina Barahona, al recordar la muerte de su hijo.. Foto EDH
Margarita Sánchez
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

La familia Barahona Martir jamás pensó que en el día de los difuntos se uniría otro pariente a la lista de tumbas a enflorar. El menor de la casa, “el bebé”, como cariñosamente le llamaba su madre, Marina, fue asesinado el pasado viernes.

Cesar Javier Barahona, de 16 años, cayó a pocas cuadras del Centro Escolar Doroteo Vasconcelos, en Ayutuxtepeque, donde estudiaba en el turno de la noche. En el suceso también resultó lesionada, en el brazo izquierdo, la joven que lo acompañaba María Guadalupe Vides, de 20, quien era su compañera en la escuela.

Hasta el momento se desconocen los motivos por los que lo mataron. Las investigaciones de la Policía Nacional Civil no han proporcionado mayores datos sobre el crimen.
Los profesores del centro escolar lo recuerdan como un muchacho responsable. “Siempre asistía a sus clases. Era muy tranquilo y sobre todo aplicado”, expresó su maestra Cristina Rodríguez.

La docente habla del esfuerzo que César realizaba todos los días: el chico trabajaba con su padre por la mañana y asistía a su escuela por la noche. Al regreso de clase tenía que caminar un largo tramo. Desde donde lo dejaba el autobús en la Colonia Santísima Trinidad y atravesaba por una vereda hasta el lugar donde siempre lo esperaba su madre, al otro lado del estrecho camino.

Hoy, esos recuerdos son más dolorosos para la progenitora, quien no acaba de comprender porqué tuvo que morir de esa forma.

“Entiendo que los hijos son prestados..., pero que me lo arrancarán de esa forma...”, explicó la madre.

César era un muchacho muy dedicado a su familia y a sus estudios. Como todo buen católico asistía a misa los domingos y participaba en eventos religiosos como las pastorelas.

Cuando no se dedicaba a su trabajo ni a la escuela, su pasión más inmediata era el fútbol. Junto a su cama estaban pegadas las fotografías de las figuras del deporte que más admiraba. El póster de Ronaldiño, jugador del Barcelona, lo dice todo.
A la par de ellas figuraba la imagen de la virgen María, a quien se encomendaba todas las noches.

El corazón de Marina le trató de avisar el pasado viernes de que algo malo iba a pasar. “Me sentí mal y salí temprano del trabajo”, indicó. Cuando estaba por llegar a la casa se encontró con César, quien tampoco había ido a trabajar, y quien se encaminaba hacia la escuela.
“Nunca pensé que sería la última vez que vería a mi hijo”, expresó entre sollozos la indignada madre.

Tan repentino ocurrió todo que la familia no tuvo tiempo de mandar hacer una lápida. En el lugar donde descansa su hijo le colocaron una cruz de madera, la cual será sustituida el domingo por una de cemento.

En el cementerio del Cantón Los Llanitos, su cuerpo descansa cerca de la Cruz del Perdón en una tumba llena de flores, que fueron depositadas por todos sus amigos.
Hoy es César el que espera a su madre “del otro lado del camino”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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