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Trabajo en conjunto
Los chicos realizan la primera parte del taller de cerámica.
Ellos son responsables de llenar los moldes de cada figura. Fotos
EDH / Jorge Reyes |
Geraldine
Varela
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
El fin
de año es, para muchos niños y niñas, una época
esperada. Levantarse tarde, ver televisión casi todo el día
y asistir a cursos de verano, como natación o clases de música,
son algunas de las actividades que realizan en los próximos meses.
Pero no todos pueden cambiar su rutina. Este es el caso de los 272 internos
en el Hogar del Niño San Vicente de Paul, en el Barrio San Jacinto,
quienes no dejan de asistir todos los días a los talleres que ahí
les imparten, aunque el año escolar haya terminado.
Entre barro, hilo y harina, niños y niñas entre los 8 y
17 años, aprenden a diario a trabajar con la cerámica, la
panadería y el bordado.
En un salón, las figuras de Navidad, como nacimientos, Santa Claus,
pascuas, entre otros, comienzan a tomar vida en las manos de 15 jovencitas;
que con paciencia y dedicación, han aprendido a elaborar las piezas
que adornarán los hogares de otros pequeños.
Marina Estela Guevara es una de las instructoras de este taller. Las diferentes
técnicas que aprendió en Ilobasco, departamento de Cabañas,
son ahora practicadas por sus alumnas.
Pero antes de la pintura, otro grupo se encarga de formar las figuras.
Llenando moldes, poniéndolos al sol y sacando las piezas, hacen
la primera parte del trabajo.
En otra sala a pocos metros, un grupo de niñas, las de mayor edad,
elaboran el pan que comerán durante la cena. Con gorros blancos
y delantales, las chicas con sus finos dedos, dan forma a los pastelitos
de leche, los coffee cake, pan simple como cachitos, y pan
francés.
A la hora de hornear, la habitación toma un delicioso y dulce olor
que alborota el hambre de quienes caminan cerca.
Otra de las actividades que en el Hogar aprenden es a bordar. En el salón
de bordado están las más pequeñas. Ahí inician
desde los seis o siete años. Elaboran carteras de rafia, pequeños
mantelitos y decoran mantas para la cocina metiendo y sacando cuidadosamente
la aguja en la tela.
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Blanca Navidad
En esta época las jovencitas realizan figuras navideñas.
Los nacimientos y ángeles son los más cotizados. Fotos
EDH/ Jorge Reyes |
Muchas adolescentes trabajan con agrado, y esperan ansiosas
la hora en que iniciarán sus clases. Otras sin embargo, muestran
un poco de desinterés por lo que hacen.
Para la licenciada Carmen Romero, trabajadora social de la institución,
esta actitud es normal. Dice que la condición social de las niñas
les hace adoptar un carácter indiferente ante su entorno, pero
que a la larga, aprender los diferentes oficios les es beneficioso.
Pero los talleres no son sólo un pasatiempo. Más que generar
ingresos económicos, sirven como terapia. Les ayuda a ocupar su
tiempo productivamente y a tener la mente ocupada para así no pensar
en los maltratos o abandonos de los que han sido víctimas por parte
de familiares.
Sembrar para llegar a cosechar
De las actividades que se realizan en el Hogar del Niño,
la panadería es una de las que le deja mayores beneficios a las
niñas, pues al cumplir 18 años deben salir del albergue
y buscar un empleo. Mirna M. de 17 años es una de ellas. En unos
meses deberá abandonar la casa y valerse por sí misma.
Según la trabajadora social Carmen Romero, ya han
realizado las gestiones necesarias para que en un futuro tenga un trabajo
seguro.
Me gustan todos los talleres, pero más la panadería,
comentó Mirna mientras colocaba leche condensada en unos pastelitos
sin que quizás sepa que, en un futuro, de esta labor dependerá
su sustento diario.
¿Qué opinan de los talleres?
- Marina Estela Guevara
Instructora de cerámica
Algunas niñas aprenden en seis meses, otras ya traen para
eso y aprenden más rápido, en dos tres meses ya pueden pulir
piezas
- Mirna M.
Interna
Todos los talleres me gustan, he estado en todos, dos años
en bordado, dos en cerámica y ya llevo dos en panadería
Carmen romero
Trabajadora social
Hay niñas a las que les gusta estar en los talleres, hay
otras a las que no, eso se debe a la situación familiar de la que
vienen

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