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Pan y arte en manos de la niñez

San Jacinto. En el Hogar de Niños San Vicente de Paul hay 272 internos. En el período de vacaciones muchos de ellos no dejan de asistir a las clases que les imparten

Publicada 04 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Trabajo en conjunto
Los chicos realizan la primera parte del taller de cerámica. Ellos son responsables de llenar los moldes de cada figura. Fotos EDH / Jorge Reyes

Geraldine Varela
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


El fin de año es, para muchos niños y niñas, una época esperada. Levantarse tarde, ver televisión casi todo el día y asistir a cursos de verano, como natación o clases de música, son algunas de las actividades que realizan en los próximos meses.

Pero no todos pueden cambiar su rutina. Este es el caso de los 272 internos en el Hogar del Niño San Vicente de Paul, en el Barrio San Jacinto, quienes no dejan de asistir todos los días a los talleres que ahí les imparten, aunque el año escolar haya terminado.

Entre barro, hilo y harina, niños y niñas entre los 8 y 17 años, aprenden a diario a trabajar con la cerámica, la panadería y el bordado.

En un salón, las figuras de Navidad, como nacimientos, Santa Claus, pascuas, entre otros, comienzan a tomar vida en las manos de 15 jovencitas; que con paciencia y dedicación, han aprendido a elaborar las piezas que adornarán los hogares de otros pequeños.

Marina Estela Guevara es una de las instructoras de este taller. Las diferentes técnicas que aprendió en Ilobasco, departamento de Cabañas, son ahora practicadas por sus alumnas.
Pero antes de la pintura, otro grupo se encarga de formar las figuras. Llenando moldes, poniéndolos al sol y sacando las piezas, hacen la primera parte del trabajo.

En otra sala a pocos metros, un grupo de niñas, las de mayor edad, elaboran el pan que comerán durante la cena. Con gorros blancos y delantales, las chicas con sus finos dedos, dan forma a los pastelitos de leche, los “coffee cake”, pan simple como cachitos, y pan francés.

A la hora de hornear, la habitación toma un delicioso y dulce olor que alborota el hambre de quienes caminan cerca.

Otra de las actividades que en el Hogar aprenden es a bordar. En el salón de bordado están las más pequeñas. Ahí inician desde los seis o siete años. Elaboran carteras de rafia, pequeños mantelitos y decoran mantas para la cocina metiendo y sacando cuidadosamente la aguja en la tela.

Blanca Navidad
En esta época las jovencitas realizan figuras navideñas. Los nacimientos y ángeles son los más cotizados. Fotos EDH/ Jorge Reyes

Muchas adolescentes trabajan con agrado, y esperan ansiosas la hora en que iniciarán sus clases. Otras sin embargo, muestran un poco de desinterés por lo que hacen.

Para la licenciada Carmen Romero, trabajadora social de la institución, esta actitud es normal. Dice que la condición social de las niñas les hace adoptar un carácter indiferente ante su entorno, pero que a la larga, aprender los diferentes oficios les es beneficioso.

Pero los talleres no son sólo un pasatiempo. Más que generar ingresos económicos, sirven como terapia. Les ayuda a ocupar su tiempo productivamente y a tener la mente ocupada para así no pensar en los maltratos o abandonos de los que han sido víctimas por parte de familiares.

Sembrar para llegar a cosechar

De las actividades que se realizan en el Hogar del Niño, la panadería es una de las que le deja mayores beneficios a las niñas, pues al cumplir 18 años deben salir del albergue y buscar un empleo. Mirna M. de 17 años es una de ellas. En unos meses deberá abandonar la casa y valerse por sí misma.

Según la trabajadora social Carmen Romero, ya han realizado las gestiones necesarias para que en un futuro tenga un trabajo seguro.
“Me gustan todos los talleres, pero más la panadería”, comentó Mirna mientras colocaba leche condensada en unos pastelitos sin que quizás sepa que, en un futuro, de esta labor dependerá su sustento diario.


¿Qué opinan de los talleres?
- Marina Estela Guevara
Instructora de cerámica

“Algunas niñas aprenden en seis meses, otras ya traen para eso y aprenden más rápido, en dos tres meses ya pueden pulir piezas”

- Mirna M.
Interna

“Todos los talleres me gustan, he estado en todos, dos años en bordado, dos en cerámica y ya llevo dos en panadería”

Carmen romero
Trabajadora social

“Hay niñas a las que les gusta estar en los talleres, hay otras a las que no, eso se debe a la situación familiar de la que vienen”


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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