Manuel
J. Aguilar Trujillo
El Diario de Hoy
marvingaleas@
yahoo.com.mx
No había pasado
mucho tiempo desde que don Enrique Bolaños Geyer ascendiera al
sillón presidencial en Nicaragua, gracias a unas elecciones que
se distinguieron por su transparencia y la gran cantidad de electores
que llegaron a emitir su voto, cuando el candidato derrotado (por tercera
vez), el ex guerrillero y destructor moral y económico de Nicaragua,
Daniel Ortega Saavedra, unas veces en forma solapada y otras abiertamente,
en compañía del ex presidente, el actual reo Arnoldo Alemán
Lacayo convicto por haber saqueado al país, llevándose
cantidades mayores que la deuda total que Nicaragua tenía con Estados
Unidos y que hace poco le fue condonada le tienden feroz cerco,
para impedirle llevar a cabo los programas que presentó durante
su campaña presidencial.
Hoy este cerco se ha convertido en rígido arco de acero, tratando
por todos los medios, sin excluir ninguno por alevoso que sea, de destituirle
y llevar al poder, no a alguno de ellos dos, sino a alguien de sus testaferros,
para tratar de cubrir lo que bien se puede tipificar como golpe de Estado.
Lo que actualmente está sucediendo, en Nicaragua, no me ha sorprendido
en lo absoluto, este golpe había sido avisado con el
debido tiempo para poder ser esquivado o anulado, lo que sí me
ha extrañado es que el ingeniero Bolaños, asesorado por
el equipo que tiene, no haya tomado con el debido tiempo las medidas del
caso y presentado las pruebas, que con toda seguridad posee, para cerrar
la boca de personajes que no tienen estatura ni solvencia moral tan siquiera
para acusar a Al Capone.
Las malévolas acusaciones que pesan sobre don Enrique son graves
y más aún si tomamos en cuenta que tiene en su contra la
Asamblea Legislativa, dominada totalmente por orteguistas y alemanistas,
por lo que la situación, si don Enrique no presenta cuentas claras
y contundentes, por más que tenga el apoyo de su pueblo, de la
OEA y de todos los presidentes de Centro América, es y será
muy delicada, propiciada no únicamente por orteguistas y alemanistas,
sino por la poca importancia que se le ha dado a lo actuado por don Enrique
en el manejo de los fondos de su campaña presidencial.
Si bien es cierto que no sólo orteguistas y alemanistas están
felices en el brete que han metido a don Enrique, los que aún creemos
en el Estado de Derecho, en la democracia y no comulgamos con ruedas de
molino, esperamos que don Enrique salga bien y que Ortega Saavedra y el
reo Arnoldo Alemán Lacayo continúen, el uno, lejos de la
presidencia de su país, y el otro, cumpla los treinta años
de cárcel, que por milagro le recetaron por imitar en su patria
a los gángsters de Chicago.
Que Cristo Rey, el Santo Patrono de Nicaragua, se apiade de un pueblo
que, como diría Rubén: A través de las páginas
fatales de su historia, está hecho de vigor y de gloria, está
hecho para la libertad.
¿Qué pasaría si Ortega y Alemán destituyeran
al Presidente Bolaños en Nicaragua?, la respuesta no puede ser
más clara y pone los pelos de punta.

|