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| Parejo. El madridista Zinedine Zidane lucha
contra Ayila Yussuf, quien anotó el primer gol del Dínamo.
Foto: EDH/AP |
EFE
El Diario de Hoy
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Al cruel frío se le sumó el pésimo arranque. Cuando
quiso darse cuenta, el Real Madrid ya estaba perdiendo 2-0. Pero se recuperó
y consiguió salir vivo de Kiev y mantener intactas sus posibilidades
de estar en los octavos de final de la Liga de Campeones.
Una vez más, lo mejor para el conjunto de Mariano García
Remón fue el resultado, que le permite depender de sí mismo
para superar esta fase, porque el juego volvió a ser muy pobre
pese a que fue el dueño del balón durante casi toda la contienda.
En esta ocasión, a su favor se presenta la capacidad de reacción
después de ver cómo el Dinamo de Kiev aprovechaba todo lo
que había fallado en la anterior jornada en el Santiago Bernabéu,
aunque bien es verdad que también falló alguna que otra
gran ocasión, en la que se estrelló de nuevo ante Iker Casillas.
El meta, pese a los goles encajados, volvió a ser un seguro de
vida para el equipo de García Remón cuando el equipo de
Josef Szabo tuvo la frescura suficiente para llegar al área madridista.
El otro artífice de este empate fue Raúl. El capitán,
en una labor abnegada y sacrificada, trabajó a destajo en el medio
del campo, tanto para construir como para destruir.
Y en esta ocasión lo adornó con el primer gol, al batir
con un disparo colocado a Shovkovskyi, y con el pase a Ronaldo que significó
el penalti del 2-2 con la consiguiente transformación del portugués
Luis Figo.
Ambos goles neutralizaron el acierto anotador del Dinamo en la primera
media hora con los tantos del nigeriano Yussuf Ayila -su disparo rozó
en Pavón y despistó a Casillas- y del letón Maris
Verpakovskis y dieron oxígeno a un Madrid que había controlado
el balón casi a su antojo pero sin ninguna profundidad.
Perdonaron demasiado
El Dinamo, con trabajo y un juego rápido y atrevido, tuvo en sus
manos sentenciar su clasificación y dejar al Real Madrid al borde
del k.o., pero la aparición de Raúl, como otras muchas veces,
lo evitó.
El 2-2 con el que se llegó al descanso era un premio excesivo para
el conjunto español, porque su imagen, con la única excepción
de las jugadas de los goles, fue pobre ante un Dinamo demasiado cándido.
El intervalo sirvió para dormir el partido. El brasileño
Kleber se empeñó en fallar todo lo que podía y el
Real Madrid optó por mantener el control del balón para
esperar alguna ocasión propicia para rematar la remontada.
Así, el Dinamo no pudo cumplir su sueño de sellar su pase
a octavos y el Madrid salió ileso de esta difícil afrenta,
más con un 2-0 adverso a las primeras de cambio, aunque sin esbozar
una reacción positiva a su irregular momento de juego y forma.
Por ahora con eso le alcanza.

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