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Tributo a los que se fueron

Los izalqueños han rescatado un evento en honor de los que han muerto. Comida, agua y luz es lo que llevan hasta el altar.

Publicada 03 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Con música. Antonio Ábrego toca melodías dedicadas a los muertos. Foto EDH

Morena Azucena
El Diario de Hoy
mlazucena@elsalvador.com

Las velas se encendieron al caer la noche e iluminaron al Niño Dios que posaba su mano sobre una calavera, a un delgado crucifijo y a la Santa Cabeza que es el rostro de la Virgen de Dolores.

Todos esos sagrados elementos, decorados con dos palmas de coco, flores y gallardetes de color amarillo y negro, conformaron el Altar de Muertos que se instaló en un restaurante a las afueras de Izalco, Sonsonate.

A las 7:00 de la noche, el mayordomo de la cofradía del Justo Juez, Manuel Pasasin, su esposa Ana y el dueño del lugar, Ricardo Salazar, se acercaron al altar para colocar los presentes: pan dulce de tusa, ayote en miel, tamales, agua y aceite.

“La comida es para que los muertos se la coman. Y el aceite encendido es para que su camino esté alumbrado”, explicó Ana.

Los demás detalles también tienen su razón. “Se ponen flores negras y amarillas que representan el luto y la prosperidad para los que seguimos vivos”, agregó mientras terminaba el altar.

Símbolos

Los pidones. Los niños son parte de la tradición. Foto EDH

La Santa Cabeza –explicó el líder de la cofradía– se coloca para que los agonizantes mueran en paz y sin dolor. Mientras que el Niño Dios vela por los pequeños muertos, y el crucifijo representa a Jesucristo.

Adicional a estos elementos, los izalqueños y turistas que se hospedaron en el restaurante Los Cheles pusieron fotos de sus seres queridos.

Así, Salazar colocó el retrato de Miguel Anaya, un lugareño que regaló una imagen religiosa a principios del siglo XX y que hace tiempo dejó de vivir.

Hace unos 40 años, esta tradición era muy popular entre la localidad. Sin embargo, se había dejado de realizarse debido a las secuelas de la matanza de indígenas en 1932.

“La gente empezó a guardar sus imágenes y ya no lo continuaron”, recordó Ricardo Salazar.
Para sacarla del olvido, los miembros de la cofradía y de la asociación turística decidieron revivirla hace tres años, pero con algunas variantes. Una de ellas es el uso de la calabaza como elemento decorativo, antes se ocupaba el morro.

Y por cualquier mala conjetura, don Manuel aclara que los cambios no aminoran el tributo y el recordatorio para los que ya partieron.

Tradición izalqueña

- El altar de muertos es una costumbre con raíces españolas y prehispánicas.
- Los izalqueños la practican desde tiempos coloniales.
- Se dejó de practicar luego de la Independencia. Fue retomada en 1864. Por la matanza indígena de 1932, los pobladores guardaron sus imágenes.



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