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Realidad propia y exclusiva

Los autistas pueden llegar a desarrollar habilidades.

Publicada 03 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Foto Javier Aparicio

Leyre Ventas
El Diario de Hoy
lventas@elsalvador.com

El contacto visual de Flor duró segundos, y no se volvió a repetir. La dificultad de que un niño autista fije su mirada en la de su interlocutor le caracteriza.

También el aleteo de sus brazos, el habla en tercera persona, la obsesión por ciertos temas, la desconfianza ante lo y los desconocidos, la repetición constante de lo escuchado.

La niña cursaba prekinder cuando una profesora llamó a Roxana, la madre. “Flor se enojaba cada vez que no entiende un juego”, se le explicó.

Lo que no comprendieron los encargados del centro fue la causa de los enfados de la alumna.

Mirada. Difícilmente cruzan los ojos con su interlocutor. Foto Javier Aparicio

En el Hospital Benjamín Bloom, donde los padres acudieron preocupados, se le diagnosticó el trastorno de desarrollo.

Desde entonces, seis años ya, Flor asiste cada lunes y jueves al Programa de Autismo del Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos (ISRI).

La niña desarrolló alguno de los aspectos trabajados en el centro. “No hablaba, y con la terapia de lenguaje tiene hasta soltura”, comentó la madre.

La fluidez la guarda para familiares, los recién conocidos deben conformarse con un “hola” seguido de “salú”. A Flor se le considera un caso funcional, con potencial para la integración.

Todo lo contrario que a María de los Ángeles. El hecho de que la niña se siente aparte, mientras el grupo celebra en círculo y con retraso el Día del Niño, resulta significativo.

Funcionales. Casos con potencial para la integración. Foto Javier Aparicio

El Parque de la Familia fue el marco de la salida educativa. “El objetivo es que socialicen”, explica Jeannete de Montoya, una de las dos educadoras del proyecto. La pequeña prefiere manosear con insistencia un palito que acabará en su boca.

“Lo suyo es la motricidad minuciosa”, comenta la coordinadora del programa en los dos últimos años, Norma Evelyn Morán.

Que estos niños “vivan en un mundo propio”, los exime de distractores, por lo que pueden explotar una habilidad hasta convertirse en expertos. En el caso de María, en manipulación de objetos minúsculos.

Los 52 menores inscritos en el programa reflejan el espectro humano completo: los hay quienes son buenos en matemáticas, algunos deportistas, unos habilidosos y la mayoría torpes, otros locos por la música.

Trastorno no enfermedad

Socializar. Es el fin de las excursiones. Foto Javier Aparicio

Según Margarita Mendoza-Burgos, siquiatra infantil, el autismo más que una enfermedad se trata de un problema genético de desarrollo.

Dicho trastorno comienza a ser evidente con el tiempo. Es cuando los padres se percatan de la lentitud en el desarrollo del lenguaje y en el aprendizaje, y acuden a un profesional.

Los diagnósticos son tardíos: entre los 18 meses y 3 años de edad. Además, el comportamiento de un paciente autista puede llegar a confundirse con el que sufre problemas de audición. Para que un resultado sea acertado es necesario que se le practique un examen físico y otro neurológico.

Nada se tiene en claro con respecto a causas concretas. La hipótesis más aceptada es la genética: el niño nace autista. “Si existen problemas en el embarazo, el bebé será más inquieto”, añade Mendoza-Burgos. No son dichas complicaciones las que determinan el síndrome.

Motivar. Los juegos son terapéuticos. Foto Javier Aparicio

En lo que los expertos no tienen duda es que el autismo no se cura. Ningún estudio ha podido respaldar lo contrario.

Integración consciente

Mendoza Burgos no tiene hoy pacientes autistas en su agenda. “Casi ninguno se trata en consultas privadas, todos se refieren al ISRI“, justifica.

El instituto no da abasto. “Dos educadoras para 52 niños no es suficiente”, razona la coordinadora del Programa de Autismo, y se queja de la falta de profesionales especializados en el área.

A ello atribuye el establecimiento de una edad mínima de 5 años para acceder al proyecto. Según Morán, los pacientes deberían ingresar en el centro inmediatamente después de ser diagnosticados.

La causa por la que los integrantes deban abandonar la terapia una vez cumplidos los 12 no difiere de la anterior.

El Programa de Autismo es un apoyo a la educación regular. Todos los niños inscritos acuden a colegios comunes y complementan el aprendizaje acudiendo a las terapias de mediodía a 6:00 de la tarde.

“Hemos tenido problemas con algunas escuelas, porque no aceptan alumnos autistas”, dice la encargada .

Flor pasó ya por tres colegios, y va camino del cuarto, porque en el Nuestra Señora del Rosario de San Marcos no le quedan más semestres que cursar.

Mendoza-Burgos cree en la integración educativa, pero como producto de dos grupos conscientes y preparados para dicho sistema. “Aquí hay aulas integradas, pero no se explica bien a los implicados–los autistas y el grupo en el que se insertarán– de qué trata el proyecto”. Por ello, la siquiatra aboga por una educación individualizada, con terapias constantes y paciencia.

“En el país todo lo que se refiere a la salud mental es estigmático”, opina la especialista.
Hay familias que mantienen el autismo de sus hijos en secreto, y otros ni siquiera saben de qué se trata; los hay quienes los consideran loquitos, y en la calle, los que no les quitan ojo o prefieren no mirarlos. Casi como Flor, contacto visual de un minuto.

Consejos para padres

El Programa de Autismo, además de trabajar con los niños, apoya moralmente a padres, para que entiendan el trastorno de desarrollo de sus hijos y aprendan la mejor manera de tratarles.

La pauta es la siguiente:

- El autismo no se cura, no es una enfermedad. El autista adulto necesitará ser guiado siempre para evitar que entre en crisis.
- Celebre de forma llamativa las reacciones acertadas.
- Persiga el contacto visual y trate de alargarlo.
- El contacto con gente es beneficioso, ya que ésta funcionará de modelo para el niño que imita conductas. Para asegurar que la relación sea satisfactoria, debe estar supervisada por un adulto conocedor.
- No se debe avergonzar de los sonidos que emita ni los gestos que haga constantemente. Son cuestiones que el niño controla, y reprenderlos puede significar generarles ansiedad.
- Es conveniente estimularle, dejar que viva sus experiencias.
- Los berrinches y enojos son reflejo de la mejora en la capacidad comunicativa del niño autista.
- No le regañe por malas palabras y conductas que consideren incorrectas. Lo mejor es ignorarlas.
- Si el niño puede elegir qué actividad realizar, su motivación e interés serán mayores.
- El autista-genio es un mito. Estos niños pueden desarrollar habilidades en función
de su inteligencia y la motivación.

Cifras
52 en aumento es el número de niños que se atiende este año en el Programa de Autismo. En 2002, eran 22. 4 Niños de cada 10,000. La cifra de arriba es el número de casos de autistas.
3 Tome nota
Si desea mayor información sobre las actividades del Programa de Autismo del ISRI, llame al 270-1385 y 270.1383. Pregunte por Norma Evelyn Morán.
“Lo más doloroso para los padres es que estos niños no interactúan y muestran cariño de forma equitativa ”
Margarita Mendoza-Burgos
Siquiatra infantilß
“Los autistas tienen un proceso mental diferente. Si no le hallan lógica a algo, no pasan a la acción”
Norma Evelyn Morán
Coordinadora del Programa de Autistas



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