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La debilidad del sistema de pensiones mixto

El fin de un sistema de pensiones es buscar dar mejores pensiones, y los medios para lograrlo pueden ir desde el ahorro obligatorio hasta las aportaciones del Estado

Publicada 03 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Víctor A. Ramírez*
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

La seguridad social, en su dimensión amplia, puede definirse como el conjunto de medidas que un Estado toma para garantizarle a la población los medios necesarios para su vida, en caso de pérdida o de reducción de los mismos a causa de circunstancias involuntarias.

Del concepto amplio de seguridad social se desprende que el punto focal de un sistema de pensiones es dar beneficios adecuados a las circunstancias y suficientes para satisfacer las necesidades del ser humano que llega a la edad de retiro o sufre un menoscabo involuntario que le provoca un impedimento físico o la muerte.

El sistema de pensiones mixto o de dos pilares, cuya esencia es, por un lado, generar una pensión básica para todos los afiliados, en el sistema público reformado, y, por otro, cotizar a un sistema de capitalización individual, el cual entrega una pensión complementaria, precisamente desentona con el concepto expuesto. El mayor énfasis del modelo mixto está dirigido a evitar el costo económico de la transición de un modelo de reparto, hacia un modelo de dos pilares.

La exageración es tal que se ha afirmado, por parte de los defensores del modelo, que este tipo de reforma no tiene costo fiscal, basando sus argumentos en el lema: “Aquí no se transfieren personas, sino beneficios de un sistema a otro”. En esta transferencia de beneficios está la gran debilidad del modelo mixto, dado que en la práctica esa transferencia significa reducción de beneficios para los que se pensionen, puesto que con el fin de esconder el costo fiscal implícito en el sistema antiguo, hace recaer en los pensionados y cotizantes el costo de la transición, por la vía de una reducción drástica de los beneficios.

En los distintos documentos y libros donde tratan el tema del modelo mixto, siempre la propuesta teórica habla de una tasa de reemplazo máxima del 60% del salario básico regulador. Esto significa que una persona que se pensione, lo máximo que podrá obtener como pensión es el 60% del promedio de salarios de sus últimos diez años cotizados, bajo el supuesto de que cotizó el tiempo obligatorio necesario para pensionar.

Esta debilidad del modelo mixto, de querer aparentar que el Estado no tiene ningún costo fiscal por la transición, es una forma de negar que el costo fiscal es el resultado del diseño y funcionamiento del sistema de reparto. Ninguna reforma que se haga sobre la base de un modelo de reparto puede hacer desaparecer el costo fiscal implícito en el modelo. La propuesta de un modelo mixto, tiene el propósito de no explicitar el costo fiscal de la transición, esconderlo y cargárselo a las futuras generaciones a través de una reducción de sus beneficios.

Entonces ¿dónde queda el fundamento básico de los sistemas de pensiones? ¿Dónde queda el principio de suficiencia en la seguridad social? Un sistema de pensiones no debe tener como principio ahorrarle recursos al Estado, utilizando como medio el quitarle beneficios a las personas. El fin de un sistema de pensiones es buscar dar mejores pensiones, y los medios para lograrlo pueden ir desde el ahorro obligatorio hasta las aportaciones del Estado, para cubrir las necesidades derivadas de la cobertura del sistema.

Un Estado responsable no tiene más que aceptar la existencia de un costo previsional, generado por los desequilibrios financiero-actuariales de un sistema que se ha reformado y transita hacia su extinción; no puede eludir esa responsabilidad y postergarla. El Estado salvadoreño, hoy en día, la ha asumido.

*Economista.


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