
Ricardo
Rivas
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El encabezado
de la noticia da hipo: Piden elevar sueldo a los jefes de bancada.
La publicó El Diario de Hoy el miércoles de la semana pasada,
y explica que en el Ar-tículo 36, numeral 4 del documento Proyecto
reglamento interior de la Asamblea Legislativa, el equipo especial
redactor está proponiendo que en atención a sus responsabilidades
hablando de los jefes de bancada o coordinadores de los grupos parlamentarios,
como les llama el documento su remuneración será igual
a la de los secretarios de la junta directiva. Un aumento según
la noticia del diario superior a los cinco salarios mínimos.
Mal momento y mal mensaje. Mal momento, porque la noticia se filtra cuando,
por todos los medios y en todos los medios, se nos insiste a los ciudadanos
que hay que apretarse el cincho, porque el país está rico
en necesidades, pero pobre en recursos; cuando nos están hablando
de ser conscientes en el pago de los impuestos; cuando se nos está
prometiendo ser prudentes y eficientes en el uso de los recursos recaudados;
cuando las empresas hacemos magia para salir adelante.
Y mal mensaje, porque quienes nos gobiernan deberían ser los primeros
en dar el ejemplo los diputados, aunque no siempre parezca, también
nos gobiernan.
Tan descremada propuesta debería ser improcedente. Sí ya
de hecho es un contrasentido pagarles más a los diputados que ocupan
cargos directivos como contrasentido es que los que se sientan en
la mesa de arriba anden en Patrol y los diputados de la llanura se muevan
en lo que caiga, con mucha menos razón se justifica subir
el sueldo a los jefes de fracción (y quién sabe si no también
a los subjefes). La mica, nos han dicho, no está para tafetanes.
Tampoco los ciudadanos estamos para andarle pagando la fiesta a nadie.
No es ningún top secret que las generalizaciones son odiosas y
que seguramente habrá diputados que no estén de acuerdo
con la ocurrencia; sería interesante escuchar sus puntos de vista.
La percepción que tenemos los salvadoreños es que los diputados
no siempre devengan lo que ya ganan.
Lo decimos con respeto, pero con toda franqueza: esa percepción
pública no cambiará, ni por decreto ni con códigos
de ética ni con campañas publicitarias. Eso sólo
se cambia trabajando como Dios manda. Por eso pensamos que, por ahora,
es un sin sentido continuar metiendo más plata a una partida que
ya luce lo suficientemente inflada.
Otras cosas de este proyecto no dejan de ser interesantes. El Artículo
27, por ejemplo. Son deberes éticos de los diputados y diputadas
cito algunos literales por cuestión de espacio: Observar
conducta correcta y honorable en el desempeño de la función
legislativa. Otro: Actuar de forma tal que su conducta pueda
admitir el examen público de la población. Uno más
:Anteponer siempre el interés público al interés
privado. El último: Ser respetuoso en el ejercicio
de sus funciones, especialmente en el trato con los ciudadanos, los demás
diputados o diputadas y el personal de la Asamblea. Ánimo.
La fe es lo último que se pierde.
Cuando escribía esto, pensaba que hoy que está de moda armar
mesas de concertación, bien podríamos los ciudadanos formar
una mesota, la mesa ciudadana -para ponerle un nombre-, y
discutir ahí asuntos que nos atañen a los salvadoreños
y que no siempre son tratados en una plenaria (para seguir con el tema
de los diputados). Una mesa para comentar, digamos, cuántas horas
efectivas trabajan nuestros legisladores, cuántas reuniones de
comisión se suspenden por falta de quórum, cuántos
dolarucos se nos van en sus viajes y en sus viáticos, qué
se hace con las mastermillas que se ganan en tanto periplo alrededor del
mundo, cuántas plenarias se quedan en pura marimorena... etc.
Oiga usted, querido lector: esa, la mesota ciudadana, sería, no
sólo la mesa que más aplauda, sino la más aplaudida.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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