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Sentido Común
Mesa que más aplauda

No es ningún top secret que las generalizaciones son odiosas y que seguramente habrá diputados que no estén de acuerdo con la ocurrencia; sería interesante escuchar sus puntos de vista.

Publicada 02 de noviembre 2004, El Diario de Hoy


Ricardo Rivas
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador.com

El encabezado de la noticia da hipo: “Piden elevar sueldo a los jefes de bancada”. La publicó El Diario de Hoy el miércoles de la semana pasada, y explica que en el Ar-tículo 36, numeral 4 del documento “Proyecto reglamento interior de la Asamblea Legislativa”, el equipo especial redactor está proponiendo que “en atención a sus responsabilidades —hablando de los jefes de bancada o coordinadores de los grupos parlamentarios, como les llama el documento— su remuneración será igual a la de los secretarios de la junta directiva”. Un aumento —según la noticia del diario— “superior a los cinco salarios mínimos”.

Mal momento y mal mensaje. Mal momento, porque la noticia se filtra cuando, por todos los medios y en todos los medios, se nos insiste a los ciudadanos que hay que apretarse el cincho, porque el país está rico en necesidades, pero pobre en recursos; cuando nos están hablando de ser conscientes en el pago de los impuestos; cuando se nos está prometiendo ser prudentes y eficientes en el uso de los recursos recaudados; cuando las empresas hacemos magia para salir adelante.

Y mal mensaje, porque quienes nos gobiernan deberían ser los primeros en dar el ejemplo —los diputados, aunque no siempre parezca, también nos gobiernan.

Tan descremada propuesta debería ser improcedente. Sí ya de hecho es un contrasentido pagarles más a los diputados que ocupan cargos directivos —como contrasentido es que los que se sientan en la mesa de arriba anden en Patrol y los diputados de la llanura se muevan en lo que caiga—, con mucha menos razón se justifica subir el sueldo a los jefes de fracción (y quién sabe si no también a los subjefes). La mica, nos han dicho, no está para tafetanes. Tampoco los ciudadanos estamos para andarle pagando la fiesta a nadie.

No es ningún top secret que las generalizaciones son odiosas y que seguramente habrá diputados que no estén de acuerdo con la ocurrencia; sería interesante escuchar sus puntos de vista. La percepción que tenemos los salvadoreños es que los diputados no siempre devengan lo que ya ganan.

Lo decimos con respeto, pero con toda franqueza: esa percepción pública no cambiará, ni por decreto ni con códigos de ética ni con campañas publicitarias. Eso sólo se cambia trabajando como Dios manda. Por eso pensamos que, por ahora, es un sin sentido continuar metiendo más plata a una partida que ya luce lo suficientemente inflada.

Otras cosas de este proyecto no dejan de ser interesantes. El Artículo 27, por ejemplo. “Son deberes éticos de los diputados y diputadas —cito algunos literales por cuestión de espacio—: Observar conducta correcta y honorable en el desempeño de la función legislativa”. Otro: “Actuar de forma tal que su conducta pueda admitir el examen público de la población”. Uno más :“Anteponer siempre el interés público al interés privado”. El último: “Ser respetuoso en el ejercicio de sus funciones, especialmente en el trato con los ciudadanos, los demás diputados o diputadas y el personal de la Asamblea”. Ánimo. La fe es lo último que se pierde.

Cuando escribía esto, pensaba que hoy que está de moda armar mesas de concertación, bien podríamos los ciudadanos formar una mesota, “la mesa ciudadana” -para ponerle un nombre-, y discutir ahí asuntos que nos atañen a los salvadoreños y que no siempre son tratados en una plenaria (para seguir con el tema de los diputados). Una mesa para comentar, digamos, cuántas horas efectivas trabajan nuestros legisladores, cuántas reuniones de comisión se suspenden por falta de quórum, cuántos dolarucos se nos van en sus viajes y en sus viáticos, qué se hace con las mastermillas que se ganan en tanto periplo alrededor del mundo, cuántas plenarias se quedan en pura marimorena... etc.
Oiga usted, querido lector: esa, la mesota ciudadana, sería, no sólo la mesa que más aplauda, sino la más aplaudida.
*Columnista de El Diario de Hoy.


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