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Julio César Cortés
El uruguayo se fue del Águila en la 11° fecha. Ganó
el 36% de los puntos en disputa.
Óscar Benítez
En la fecha 12° lo despidieron del Once Municipal. Su rendimiento
fue del 22%.
Jorge García
Dejó al Balboa en la fecha 9°, tras una gran campaña.
Sumó el 52% de los puntos.
Juan M. Mugica
Fue campeón con Alianza, pero renunció tras un mal
arranque: sólo logró el 20%.
Ricardo Ortiz
Nunca pudo dirigir desde la banca al Limeño. Se fue en la
5° con el 13%. Ilustración: EDH
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Claudio martínez/william alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Los jugadores no les obedecen. Los presidentes se entrometen en sus
planes y les exigen que pongan a determinados futbolistas.
La gente los hostiga con insultos y se acuerdan de su madre cada vez que
el equipo no gana o que un cambio no sea del agrado de la hinchada.
Viven de los resultados y saben que la guillotina les espera si pierden
tres partidos seguidos.
Si un delantero erra un gol imposible, la culpa es sólo del DT,
que desde afuera no tiene otra que sufrir y consumir cigarillos para calmar
esa ansiedad. Muchas veces salen del estadio custodiados como si fueran
delincuentes.
Para ser entrenador de fútbol sobre todo en El Salvador
se necesita un alto grado de coraje o de inconsciencia. Por algo, al banquillo
lo llaman también la silla eléctrica. Y tarde
o temprano, alguien terminará accionando la palanca.
Si un club está en problemas, no importa de qué tipo, el
fusible siempre será el entrenador. Muy simple. El presidente tiene
dos opciones: o quitar al director técnico o separar a varios jugadores
de la plantilla. Normalmente triunfa la primera variante porque el técnico
se reemplaza con facilidad. Dar de baja a los futbolistas es más
complicado, ya que el club no puede inscribir nuevos hasta el final del
torneo.
Lo dijo claro Adalid Magaña, presidente del Once Municipal, como
justificativo para despedir a Óscar Benítez: Es mejor
quitar a uno que despedir a los once jugadores. El mismo razonamiento
se aplicó para la salida de Julio César Cortés en
el Águila, aunque todos admitían que no era su culpa.
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TRES
CASOS PARA TENER EN CUENTA
ALEADO
Y AGREDIDO
Hernán Darío Gómez, ex entrenador de Ecuador,
fue agredido cuando ocupaba ese cargo en el año 2001. El
técnico recibió un impacto de bala en su pierna derecha
y fuertes golpes en el rostro a causa de su decisión de la
no incluir en la selección Sub 20 al hijo del ex presidente
Abdalá Bucaram, "Dalo" Bucaram.
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CON
MARCAPASOS
Alex Ferguson, timonel del Manchester United, es de los que se hacen
mala sangre por cualquier cosa. Este año fue intervenido quirúrgicamente
para colocarle un marcapasos. Se peleó con Beckham, discutió
con el accionista principal del club y su equipo no pasa por su mejor
momento. Su corazón lo sufre. |
AL
BORDE DE LA MUERTE
Gerhard Houlier, técnico francés del Liverpool, tuvieron
que operarlo a corazón abierto tras encontrarse indispuesto
en el descanso de un partido contra el Leeds United. Los médicos
le detectaron una disección de la vena aorta, una enfermedad
mortal si no se interviene rápidamente. |
Cuando todavía no se completó la fecha 13°, en El Salvador
ya se han ido 6 entrenadores. Es decir que el 60% de los equipos han cambiado
de timonel.
Una cifra que alarma, pero que ya no sorprende. Y un detalle: además,
en estos meses rodó la cabeza de Juan Ramón Paredes, el
entrenador de la Selección, al que incluso le habían construido
una página web donde se exigía su despido inmediato.
En la mira de todos
Las presiones son iguales en todos lados. Ya sea en el Real Madrid, en
la Selección Argentina o en Atlético Balboa, lo único
que cambia es el monto de los salarios de los entrenadores.
José Antonio Camacho, por ejemplo, no soportó el divismo
de los jugadores y dijo basta. Marcelo Bielsa, seleccionador por seis
años de la albiceleste, sufrió un desgaste enorme y según
admitió en el momento de su renuncia se quedó sin
energía.
Juan Quartarone, por ejemplo, sólo tiene tres partidos en Balboa
y la gente ya lo cuestiona.
Es cierto que hay excepciones. Alex Ferguson maneja las riendas del Manchester
United desde hace 16 años, Arsene Wenger lleva 8 en el Arsenal.
En El Salvador, FAS apostó por la continuidad del peruano Alberto
Castillo, quien en tres años de trabajo le dio tres títulos.
Rubén Guevara, auxiliar de Carlos Recinos en el Once Lobos, cree
que todo pasa por un problema de cultura. Lo que pasa aquí
es que muchos directivos ponen y quitan técnicos como hobby. Y
hacen quedar a los entrenadores como El Payasito, pero no
es así. Esta es una profesión para la que uno ha estudiado,
comentó.
Complot del plantel
Para Rubén Alonso, actual técnico de Chalatenango, a veces
el éxito o el fracaso de un estratega depende de la voluntad del
plantel: En mi experiencia de 22 años como futbolista sé
perfectamente que los responsables son los jugadores. Es extraño
que técnicos como Pocho Cortés y Óscar Benítez
se hayan ido y sus equipos comiencen a ganar. Hay veces que el jugador
se predispone a no jugársela por el entrenador.
Tanta es el stress con el que debe convivir un entrenador que muchas veces
el cuerpo no resiste. Ferguson tiene un marcapasos, Gerhard Houllier (ver
recuadro) casi se muere.
El uruguayo Washington Pulpa Echamendi murió de un
ataque al corazón mientras dirigía a su equipo, el Deportivo
Cali. El español Helenio Herrera, quien marcó toda una época
en el Inter, tuvo que tomarse una temporada sabática cuando tenía
53 años por la presión del puesto. El inglés Graeme
Souness fue sometido a una operación de triple by pass, mientras
que Kenny Dalglish dimitió en el Liverpool debido a un ataque de
ansiedad.
Nada lo resume mejor que el caso de Johan Cruyff, quien tuvo que dejar
de entrenador por pedido de su médico. El doctor Borrell le dijo
al holandés que llevaba dentro una bomba de relojería
que podía estallar en cualquier momento.
Raúl Cocherari, actual conductor de Limeño, es un hombre
de fuerte personalidad y ya se ha
enfrentado a varios presidentes de clubes. De Metapán me
fui porque el presidente exigía que pusiera a algunos jugadores.
Lo mismo me pasó en Chalatenango, donde ocurrió algo parecido
con un portero. Aquí hay personajes dentro del fútbol que
son macabros, pero hay algunos locos como yo que nos la jugamos,
comentó.
Y, efectivamente Cocherari tiene razón, hay que estar un poco loco
para sentarse en ese banquillo.

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