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Profesión de riesgo

Ser técnico en El Salvador no es cosa fácil. De 10 equipos, 6 ya cambiaron de entrenador

Publicada 02 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Julio César Cortés
El uruguayo se fue del Águila en la 11° fecha. Ganó el 36% de los puntos en disputa.

Óscar Benítez
En la fecha 12° lo despidieron del Once Municipal. Su rendimiento fue del 22%.

Jorge García
Dejó al Balboa en la fecha 9°, tras una gran campaña. Sumó el 52% de los puntos.

Juan M. Mugica
Fue campeón con Alianza, pero renunció tras un mal arranque: sólo logró el 20%.

Ricardo Ortiz
Nunca pudo dirigir desde la banca al Limeño. Se fue en la 5° con el 13%. Ilustración: EDH


Claudio martínez/william alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Los jugadores no les obedecen. Los presidentes se entrometen en sus planes y les exigen que pongan a determinados futbolistas.

La gente los hostiga con insultos y se acuerdan de su madre cada vez que el equipo no gana o que un cambio no sea del agrado de la hinchada.

Viven de los resultados y saben que la guillotina les espera si pierden tres partidos seguidos.

Si un delantero erra un gol imposible, la culpa es sólo del DT, que desde afuera no tiene otra que sufrir y consumir cigarillos para calmar esa ansiedad. Muchas veces salen del estadio custodiados como si fueran delincuentes.

Para ser entrenador de fútbol –sobre todo en El Salvador– se necesita un alto grado de coraje o de inconsciencia. Por algo, al banquillo lo llaman también “la silla eléctrica”. Y tarde o temprano, alguien terminará accionando la palanca.

Si un club está en problemas, no importa de qué tipo, el fusible siempre será el entrenador. Muy simple. El presidente tiene dos opciones: o quitar al director técnico o separar a varios jugadores de la plantilla. Normalmente triunfa la primera variante porque el técnico se reemplaza con facilidad. Dar de baja a los futbolistas es más complicado, ya que el club no puede inscribir nuevos hasta el final del torneo.

Lo dijo claro Adalid Magaña, presidente del Once Municipal, como justificativo para despedir a Óscar Benítez: “Es mejor quitar a uno que despedir a los once jugadores”. El mismo razonamiento se aplicó para la salida de Julio César Cortés en el Águila, aunque todos admitían que no era su culpa.

TRES CASOS PARA TENER EN CUENTA

ALEADO Y AGREDIDO
Hernán Darío Gómez, ex entrenador de Ecuador, fue agredido cuando ocupaba ese cargo en el año 2001. El técnico recibió un impacto de bala en su pierna derecha y fuertes golpes en el rostro a causa de su decisión de la no incluir en la selección Sub 20 al hijo del ex presidente Abdalá Bucaram, "Dalo" Bucaram.

CON MARCAPASOS
Alex Ferguson, timonel del Manchester United, es de los que se hacen mala sangre por cualquier cosa. Este año fue intervenido quirúrgicamente para colocarle un marcapasos. Se peleó con Beckham, discutió con el accionista principal del club y su equipo no pasa por su mejor momento. Su corazón lo sufre.
AL BORDE DE LA MUERTE
Gerhard Houlier, técnico francés del Liverpool, tuvieron que operarlo a corazón abierto tras encontrarse indispuesto en el descanso de un partido contra el Leeds United. Los médicos le detectaron una disección de la vena aorta, una enfermedad mortal si no se interviene rápidamente.

Cuando todavía no se completó la fecha 13°, en El Salvador ya se han ido 6 entrenadores. Es decir que el 60% de los equipos han cambiado de timonel.

Una cifra que alarma, pero que ya no sorprende. Y un detalle: además, en estos meses rodó la cabeza de Juan Ramón Paredes, el entrenador de la Selección, al que incluso le habían construido una página web donde se exigía su despido inmediato.

En la mira de todos

Las presiones son iguales en todos lados. Ya sea en el Real Madrid, en la Selección Argentina o en Atlético Balboa, lo único que cambia es el monto de los salarios de los entrenadores.

José Antonio Camacho, por ejemplo, no soportó el divismo de los jugadores y dijo basta. Marcelo Bielsa, seleccionador por seis años de la albiceleste, sufrió un desgaste enorme y –según admitió en el momento de su renuncia– se quedó sin energía.

Juan Quartarone, por ejemplo, sólo tiene tres partidos en Balboa y la gente ya lo cuestiona.

Es cierto que hay excepciones. Alex Ferguson maneja las riendas del Manchester United desde hace 16 años, Arsene Wenger lleva 8 en el Arsenal. En El Salvador, FAS apostó por la continuidad del peruano Alberto Castillo, quien en tres años de trabajo le dio tres títulos.

Rubén Guevara, auxiliar de Carlos Recinos en el Once Lobos, cree que todo pasa por un problema de cultura. “Lo que pasa aquí es que muchos directivos ponen y quitan técnicos como hobby. Y hacen quedar a los entrenadores como ‘El Payasito’, pero no es así. Esta es una profesión para la que uno ha estudiado”, comentó.

Complot del plantel

Para Rubén Alonso, actual técnico de Chalatenango, a veces el éxito o el fracaso de un estratega depende de la voluntad del plantel: “En mi experiencia de 22 años como futbolista sé perfectamente que los responsables son los jugadores. Es extraño que técnicos como Pocho Cortés y Óscar Benítez se hayan ido y sus equipos comiencen a ganar. Hay veces que el jugador se predispone a no jugársela por el entrenador”.

Tanta es el stress con el que debe convivir un entrenador que muchas veces el cuerpo no resiste. Ferguson tiene un marcapasos, Gerhard Houllier (ver recuadro) casi se muere.

El uruguayo Washington “Pulpa” Echamendi murió de un ataque al corazón mientras dirigía a su equipo, el Deportivo Cali. El español Helenio Herrera, quien marcó toda una época en el Inter, tuvo que tomarse una temporada sabática cuando tenía 53 años por la presión del puesto. El inglés Graeme Souness fue sometido a una operación de triple by pass, mientras que Kenny Dalglish dimitió en el Liverpool debido a un ataque de ansiedad.

Nada lo resume mejor que el caso de Johan Cruyff, quien tuvo que dejar de entrenador por pedido de su médico. El doctor Borrell le dijo al holandés que llevaba dentro “una bomba de relojería que podía estallar en cualquier momento”.

Raúl Cocherari, actual conductor de Limeño, es un hombre de fuerte personalidad y ya se ha
enfrentado a varios presidentes de clubes. “De Metapán me fui porque el presidente exigía que pusiera a algunos jugadores. Lo mismo me pasó en Chalatenango, donde ocurrió algo parecido con un portero. Aquí hay personajes dentro del fútbol que son macabros, pero hay algunos locos como yo que nos la jugamos”, comentó.

Y, efectivamente Cocherari tiene razón, hay que estar un poco loco para sentarse en ese banquillo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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