 |
| En su patio. Representar al sector privado en
aquella época no fue fácil para este empresario retirado.
Pero según él valió la pena hacerlo. Foto
EDH |
Marvin
Galeas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Desde el patio de la casa de Mario Andino, ubicada en la zona residencial
Altamira, se puede apreciar, como en una postal, toda la ciudad de San
Salvador.
Provistos de un par de tazas con café, el sitio es perfecto para
reflexionar sobre los sucesos que sacudieron al país luego del
golpe de estado del 15 de octubre de 1979.
En aquel momento, el sector privado del país lo propuso para que
integrara la primera y fugaz junta de gobierno, surgida tras el golpe.
| Perfil |
Mario
Andino, después de
haber sido primer bachiller de la República en 1953 ganó
una beca para estudiar ingeniería eléctrica en Italia
y Suiza.
Trabajó durante 31 años para la multinacional Phelps
Dodge, de la cual llegó a ser vicepresidente ejecutivo. Además,
ha sido director de diversas instituciones empresariales como Fusades
y Fepade. Actualmente acaba de ser nombrado presidente de Insaforp.
|
La esperanza del sector fue tratar de hacer
los más racionales posibles las medidas económicas y políticas
de los golpistas. Pero eran tiempos exacerbados aquellos.
Todo parecía estar tocado por utopías incendiarias y resentimientos
históricos.
La palabra razonable, simplemente no tenía cabida.
La primera junta se disolvió. Las llamadas reformas estructurales
fueron decretadas y el país se sumió en la etapa más
triste de su historia.
El testimonio de Mario Andino, protagonista de primera fila de aquellos
hechos, es de un incalculable valor histórico.
¿Cómo es que usted, identificado con ideas de derecha,
llega a la primera junta, después del golpe?
Entré con el respaldo del sector privado. Acuérdese
que había una emergencia. No es que hubiera una convocatoria. La
decisión se tomó en una reunión improvisada en la
Cámara de Comercio en donde estaban elementos muy representativos
de las distintas gremiales.
El Coronel Majano nos da la oportunidad de que lleguemos a platicar con
él. Eso fue dos días después del golpe. Entonces,
pensamos: si nos da la oportunidad de trabajar con ellos, ofrezcámosle
colaborar al más alto nivel.
¿A quién podemos proponer? pensaron y se les ocurre que
a mí, quizá porque yo tenía una proyección
comunitaria bastante grande.
La decisión del sector privado de integrarlo a usted en la
junta, fue para no quedarse completamente fuera de la ensalada, ¿entonces?
Exacto. Desde los primeros momentos de mi participación yo les
dije a mis compañeros del sector privado que en la junta de lo
que se hablaba era de las reformas que nos afectaría y de la gran
presión porque fueran hechas de inmediato.
 |
Recientemente. Fue nombrado como presidente del
Instituto Salvadoreño
de Formación Profesional (Insaforp). Foto
EDH |
¿Qué decían
entonces sus compañeros del sector privado?
No te salgas. Más vale que estés ahí
y aunque no las puedas detener, intenta al menos, que sean lo más
racionales posible.
Entonces, en ese sentido, logramos tener un gabinete en el cual había
miembros del sector privado como Manuel Enrique Hinds que era ministro
de Economía, Luis Nelson Segovia, ministro de Justicia y que fue
muy valioso. Estaba Arbizú Mata que fue presidente del Banco Hipotecario.
¿A quiénes consideraba como de los más radicales
de izquierda?
Uno de los más radicales hacia la izquierda era el coronel René
Guerra y Guerra. El fue uno de los directores de la Juventud Militar.
¿Eran los militares los que más presionaban hacia la izquierda?
Sobre todo los más jóvenes.
¿A qué atribuye usted eso?
Una de las mayores motivaciones que tenía la fuerza armada en general,
era no caer en la misma situación de Nicaragua luego de la toma
del poder de los sandinistas el 19 de julio de 1979.
Esta situación se vio agravada porque precisamente en La Unión,
la fuerza armada le dio albergue a centenares de guardias que huían
del régimen sandinista.
Venían sin ningún recurso. Lo único que se traían
era el rifle que vendían en 150 pesos o algo así. Venían
sin nada. Esto había impactado a muchos oficiales y pensaban que
eso les podía pasar a ellos.
Manejaban la teoría de que si una revolución iba a llegar,
mejor que llegara con ellos.
Pareciera que muchos militares por esos años tenían
como un resentimiento histórico con el gran capital
Bueno... sí, no pocos oficiales tenían un dicho que ilustra
eso: Nos cansamos de ser chuchos de casa grande.
¿Cómo fueron aquellos primeros días en la Junta?
Después de nuestra primera conferencia de prensa que fue el primer
acto público que hicimos, nos reunimos.
Recuerdo que Guillermo Ungo dijo como somos tan diversos y
como cada uno puede tener distintos intereses por qué no hacemos
un plan mínimo. Es decir, ver en lo mínimo que estamos de
acuerdo para empezar a trabajar.
Por ejemplo, estamos en contra de la corrupción, estamos por implementar
un gobierno democrático. Estamos porque haya mayor equidad.
Esa fue como la lista de Santa Claus.
A mí eso me dio una buena esperanza pensando que podíamos
hacer algo bueno dentro de esa diversidad.
 |
Uno de los más radicales hacia la
izquierda era el coronel
René Guerra y Guerra .Foto EDH |
¿Qué opinaban los dos
militares de la junta?
Los dos militares opinaban poco, pues lo que querían es que se
hicieran cosas razonables. Román Mayorga desde el inicio decía:
No tenemos tiempo, hemos perdido mucho tiempo, las reformas
deben hacerse rápido.
Los primeros días fueron más bien de apagar fuego. La guerrilla
siguió atacando. Hubo muertos. Se empezó a averiguar la
desaparición de reos y presos políticos. Era más
bien averiguar qué había pasado.
Se pedían inspecciones porque se creía que había
cárceles clandestinas en la Guardia, en la de Hacienda, en la Policía,
hasta en Casa Presidencial y pedían que se hicieran inspecciones.
La ocupación era atender todas esas demandas. Habían urgentes
necesidades de muchos gremios que cada quien llegaba a plantear.
Los primeros días fueron de oír. De hecho, aquí hay
una publicación que hicimos donde salgo yo atendiendo a los vendedores
de billetes de lotería. Esto viene a ser como una primera fase.
¿En qué momento comenzó a enrarecerse el ambiente?
Cuando comenzó la presión, tanto de los intelectuales de
izquierda como de los militares, a exigir las reformas.
Nosotros, Nelson Segovia, Manuel Enrique Hinds y yo, pedíamos que
nos explicarán claramente cuál era el proyecto que había
tras las reformas. Entonces Román Mayorga se ponía enojadisimo
y decía: Yo no tengo tiempo para estarles explicando.
Esto lo definimos hace años. Tú lo habrás
definido, pero yo lo quiero entender, respondía yo.
Imagino que dentro del gabinete, donde habían bastantes militantes
de izquierda y hasta comunistas Román Mayorga tenía mucho
apoyo.
Habían unos ahí, que a saber de dónde los habían
sacado. Vice ministros, jefes o subjefes de algunas autónomas,
que cuando tuvimos las primeras reuniones vociferaban.
Hubo quien se levantó y dijo: Ya estamos a tantas semanas
de que se dio el golpe y ¿cómo es que los Meza Ayau, los
Hill, los Dueñas y los Regalado no están en la cárcel
todavía?
¿Sabe usted que ha sido del ingeniero Román Mayorga, después
que salió de la junta?
Yo tengo un recorte de periódico de principios de enero del 80,
Román, después que salió de la Junta afirma: No
volveré más al país ni me meteré más
en política. El debe haber creído que lo traicionó
la Fuerza Armada.
¿Por qué se desarmó la primera Junta?
A principios de enero los grupos de izquierda perdieron la paciencia y
le pusieron un ultimátum a la Fuerza Armada. Una de las peticiones
de la izquierda y de la Democracia Cristiana era que me sacaran de la
junta.
Napoleón Duarte me lo explicó personalmente. Me dice: Mira
Mario, yo te quiero explicar por qué estamos pidiendo que te vayas.
No queremos representación del sector privado, porque las medidas
que vamos a tomar van a afectarlos directa y gravemente. Si tú
te quedas y las medidas no resultan van a decir que tú las boicoteaste.
Y si resultan, vas a quedar como un traidor a tu sector. Hemos decidido
que mientras tú estés en la junta nosotros no subimos al
gobierno como Democracia Cristiana.
Algunos que formaron parte de las juntas de gobierno, dicen que
las reformas, sobre todo la agraria, no dañaron al país,
porque ya había una crisis, especialmente en las fincas y haciendas.
¿Cuál es su opinión?
El país estaba convulsionado. Había tomas de fábricas,
había marchas había secuestros, había asesinatos
y en parte es cierto, pero el país seguía produciendo.
De hecho los índices del PIB (Producto Interno Bruto) y de exportaciones
que se lograron el mismo año 1979 no se han logrado todavía.
En ese tiempo el país crecía fácilmente a un 5 ó
6 por ciento. Incluso la parte fiscal. Una de las preocupaciones que había
era qué se iba hacer con el superávit fiscal que había.
Esa era la situación.
¿Estaba en crisis el modelo de tenencia de la tierra como
tantas veces se ha dicho y no sólo por la izquierda?
En lo absoluto. Si uno ve la hacienda La Carrera, debe aceptar que era
un modelo de propiedad, la reforma la destruyó...
Imagínese que una de las demandas de miembros del gabinete
de la primera junta era que la reforma agraria se hiciera rápido
y que la propiedad máxima permitida fuera de
¡40 manzanas!
¿Cómo fue su relación de trabajo con Manuel
Ungo?
Con él fue con quien mejor trabajé en la junta. Reconocer
algunos méritos en las personas no es identificarse con sus ideas.
Yo hablo de relaciones de trabajo. Ungo era el hombre más sensato
que había en la junta.
¿Era más radical Román Mayorga?
¡Uh! de lejos.
¿Con el evidente fracaso de las reformas, usted cree que como sociedad
estamos vacunados contra esas ideas?
Uno no se puede quedar confiado de que esas ideas no pueden resurgir fácilmente
si se haya un terreno propicio como la demagogia.
Estamos en una situación bastante crítica en Latinoamérica,
los precios del petróleo, China, con su competencia desleal, ya
no es una amenaza sino una realidad.
Es muy fácil que con esta situación puedan resurgir esas
ideas. No podemos confiarnos.
Una de las peticiones de la izquierda
y de la Democracia Cristiana era que me sacaran
Es muy fácil que con esta
situación puedan resurgir esas ideas. No podemos confiarnos

|