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“Los primeros días fueron más bien de apagar fuegos”

Los momentos críticos y las difíciles negociaciones después del golpe de Estado el 15 de octubre de 1979 aún están presentes en la mente de Mario Andino. El hombre de negocios las vivió en primera fila

Publicada 01 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

En su patio. Representar al sector privado en aquella época no fue fácil para este empresario retirado. Pero según él valió la pena hacerlo. Foto EDH
Marvin Galeas
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Desde el patio de la casa de Mario Andino, ubicada en la zona residencial Altamira, se puede apreciar, como en una postal, toda la ciudad de San Salvador.

Provistos de un par de tazas con café, el sitio es perfecto para reflexionar sobre los sucesos que sacudieron al país luego del golpe de estado del 15 de octubre de 1979.

En aquel momento, el sector privado del país lo propuso para que integrara la primera y fugaz junta de gobierno, surgida tras el golpe.

Perfil
Mario Andino, después de
haber sido primer bachiller de la República en 1953 ganó una beca para estudiar ingeniería eléctrica en Italia y Suiza.
Trabajó durante 31 años para la multinacional Phelps Dodge, de la cual llegó a ser vicepresidente ejecutivo. Además, ha sido director de diversas instituciones empresariales como Fusades y Fepade. Actualmente acaba de ser nombrado presidente de Insaforp.

La esperanza del sector fue tratar de hacer los más racionales posibles las medidas económicas y políticas de los golpistas. Pero eran tiempos exacerbados aquellos.
Todo parecía estar tocado por utopías incendiarias y resentimientos históricos.

La palabra “razonable”, simplemente no tenía cabida. La primera junta se disolvió. Las llamadas reformas estructurales fueron decretadas y el país se sumió en la etapa más triste de su historia.

El testimonio de Mario Andino, protagonista de primera fila de aquellos hechos, es de un incalculable valor histórico.
 
¿Cómo es que usted, identificado con ideas de derecha, llega a la primera junta, después del golpe?
Entré con el respaldo del sector privado. Acuérdese que había una emergencia. No es que hubiera una convocatoria. La decisión se tomó en una reunión improvisada en la Cámara de Comercio en donde estaban elementos muy representativos de las distintas gremiales.
El Coronel Majano nos da la oportunidad de que lleguemos a platicar con él. Eso fue dos días después del golpe. Entonces, pensamos: si nos da la oportunidad de trabajar con ellos, ofrezcámosle colaborar al más alto nivel.
¿A quién podemos proponer? pensaron y se les ocurre que a mí, quizá porque yo tenía una proyección comunitaria bastante grande.

La decisión del sector privado de integrarlo a usted en la junta, fue para no quedarse completamente fuera de la ensalada, ¿entonces?
Exacto. Desde los primeros momentos de mi participación yo les dije a mis compañeros del sector privado que en la junta de lo que se hablaba era de las reformas que nos afectaría y de la gran presión porque fueran hechas de inmediato.
 

Recientemente. Fue nombrado como presidente del Instituto Salvadoreño
de Formación Profesional (Insaforp). Foto EDH

¿Qué decían entonces sus compañeros del sector privado?
—“No te salgas. Más vale que estés ahí y aunque no las puedas detener, intenta al menos, que sean lo más racionales posible”.
Entonces, en ese sentido, logramos tener un gabinete en el cual había miembros del sector privado como Manuel Enrique Hinds que era ministro de Economía, Luis Nelson Segovia, ministro de Justicia y que fue muy valioso. Estaba Arbizú Mata que fue presidente del Banco Hipotecario.
 
¿A quiénes consideraba como de los más radicales de izquierda?

Uno de los más radicales hacia la izquierda era el coronel René Guerra y Guerra. El fue uno de los directores de la Juventud Militar. 
 
¿Eran los militares los que más presionaban hacia la izquierda?

Sobre todo los más jóvenes.

¿A qué atribuye usted eso?

Una de las mayores motivaciones que tenía la fuerza armada en general, era no caer en la misma situación de Nicaragua luego de la toma del poder de los sandinistas el 19 de julio de 1979.
Esta situación se vio agravada porque precisamente en La Unión, la fuerza armada le dio albergue a centenares de guardias que huían del régimen sandinista.
Venían sin ningún recurso. Lo único que se traían era el rifle que vendían en 150 pesos o algo así. Venían sin nada. Esto había impactado a muchos oficiales y pensaban que eso les podía pasar a ellos.
Manejaban la teoría de que si una revolución iba a llegar, “mejor que llegara con ellos”.
 
Pareciera que muchos militares por esos años tenían como un resentimiento histórico con el gran capital
Bueno... sí, no pocos oficiales tenían un dicho que ilustra eso: “Nos cansamos de ser chuchos de casa grande”.
 
¿Cómo fueron aquellos primeros días en la Junta?
Después de nuestra primera conferencia de prensa que fue el primer acto público que hicimos, nos reunimos.
Recuerdo que Guillermo Ungo dijo —“como somos tan diversos y como cada uno puede tener distintos intereses por qué no hacemos un plan mínimo. Es decir, ver en lo mínimo que estamos de acuerdo para empezar a trabajar”—.
Por ejemplo, estamos en contra de la corrupción, estamos por implementar un gobierno democrático. Estamos porque haya mayor equidad”. Esa fue como la lista de Santa Claus.
A mí eso me dio una buena esperanza pensando que podíamos hacer algo bueno dentro de esa diversidad.
 

“Uno de los más radicales hacia la izquierda era el coronel
René Guerra y Guerra” .Foto EDH

¿Qué opinaban los dos militares de la junta?
Los dos militares opinaban poco, pues lo que querían es que se hicieran cosas razonables. Román Mayorga desde el inicio decía:
—“No tenemos tiempo, hemos perdido mucho tiempo, las reformas deben hacerse rápido”.
Los primeros días fueron más bien de apagar fuego. La guerrilla siguió atacando. Hubo muertos. Se empezó a averiguar la desaparición de reos y presos políticos. Era más bien averiguar qué había pasado.
Se pedían inspecciones porque se creía que había cárceles clandestinas en la Guardia, en la de Hacienda, en la Policía, hasta en Casa Presidencial y pedían que se hicieran inspecciones.
La ocupación era atender todas esas demandas. Habían urgentes necesidades de muchos gremios que cada quien llegaba a plantear.
Los primeros días fueron de oír. De hecho, aquí hay una publicación que hicimos donde salgo yo atendiendo a los vendedores de billetes de lotería. Esto viene a ser como una primera fase.
 
¿En qué momento comenzó a enrarecerse el ambiente?
Cuando comenzó la presión, tanto de los intelectuales de izquierda como de los militares, a exigir las reformas.
Nosotros, Nelson Segovia, Manuel Enrique Hinds y yo, pedíamos que nos explicarán claramente cuál era el proyecto que había tras las reformas. Entonces Román Mayorga se ponía enojadisimo y decía: —“Yo no tengo tiempo para estarles explicando. Esto lo definimos hace años”. —“Tú lo habrás definido, pero yo lo quiero entender”, respondía yo.
 
Imagino que dentro del gabinete, donde habían bastantes militantes de izquierda y hasta comunistas Román Mayorga tenía mucho apoyo.
Habían unos ahí, que a saber de dónde los habían sacado. Vice ministros, jefes o subjefes de algunas autónomas, que cuando tuvimos las primeras reuniones vociferaban.
Hubo quien se levantó y dijo: —“Ya estamos a tantas semanas de que se dio el golpe y ¿cómo es que los Meza Ayau, los Hill, los Dueñas y los Regalado no están en la cárcel todavía?”

¿Sabe usted que ha sido del ingeniero Román Mayorga, después que salió de la junta?

Yo tengo un recorte de periódico de principios de enero del 80, Román, después que salió de la Junta afirma: —“No volveré más al país ni me meteré más en política”. El debe haber creído que lo traicionó la Fuerza Armada.
 
¿Por qué se desarmó la primera Junta?
A principios de enero los grupos de izquierda perdieron la paciencia y le pusieron un ultimátum a la Fuerza Armada. Una de las peticiones de la izquierda y de la Democracia Cristiana era que me sacaran de la junta.  
Napoleón Duarte me lo explicó personalmente. Me dice: —“Mira Mario, yo te quiero explicar por qué estamos pidiendo que te vayas.
No queremos representación del sector privado, porque las medidas que vamos a tomar van a afectarlos directa y gravemente. Si tú te quedas y las medidas no resultan van a decir que tú las boicoteaste. Y si resultan, vas a quedar como un traidor a tu sector. Hemos decidido que mientras tú estés en la junta nosotros no subimos al gobierno como Democracia Cristiana”.

Algunos que formaron parte de las juntas de gobierno, dicen que las reformas, sobre todo la agraria, no dañaron al país, porque ya había una crisis, especialmente en las fincas y haciendas. ¿Cuál es su opinión?
El país estaba convulsionado. Había tomas de fábricas, había marchas había secuestros, había asesinatos y en parte es cierto, pero el país seguía produciendo.
De hecho los índices del PIB (Producto Interno Bruto) y de exportaciones que se lograron el mismo año 1979 no se han logrado todavía.
En ese tiempo el país crecía fácilmente a un 5 ó 6 por ciento. Incluso la parte fiscal. Una de las preocupaciones que había era qué se iba hacer con el superávit fiscal que había. Esa era la situación.
 
¿Estaba en crisis el modelo de tenencia de la tierra como tantas veces se ha dicho y no sólo por la izquierda?
En lo absoluto. Si uno ve la hacienda La Carrera, debe aceptar que era un modelo de propiedad, la reforma la destruyó...
Imagínese que una de las demandas de miembros del gabinete de la primera junta era que la reforma agraria se hiciera rápido y que la propiedad máxima permitida fuera de… ¡40 manzanas!

¿Cómo fue su relación de trabajo con Manuel Ungo?
Con él fue con quien mejor trabajé en la junta. Reconocer algunos méritos en las personas no es identificarse con sus ideas. Yo hablo de relaciones de trabajo. Ungo era el hombre más sensato que había en la junta.
 
¿Era más radical Román Mayorga?

¡Uh! de lejos.

¿Con el evidente fracaso de las reformas, usted cree que como sociedad estamos vacunados contra esas ideas?

Uno no se puede quedar confiado de que esas ideas no pueden resurgir fácilmente si se haya un terreno propicio como la demagogia.
Estamos en una situación bastante crítica en Latinoamérica, los precios del petróleo, China, con su competencia desleal, ya no es una amenaza sino una realidad.
Es muy fácil que con esta situación puedan resurgir esas ideas. No podemos confiarnos.  

“Una de las peticiones de la izquierda y de la Democracia Cristiana era que me sacaran”

“Es muy fácil que con esta situación puedan resurgir esas ideas. No podemos confiarnos”


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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