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Saqueos de escuelas son frecuentes en zona rural

Ahuachapán. En pocas ocasiones los rateros son identificados. Docentes y padres de familia claman por soluciones definitivas. Autoridades no dan respuestas satisfactorias

Publicada 01 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Medidas. Carlos Careto, director de la escuela de San Francisco Menéndez, muestra las defensas de hierro colocadas. Foto EDH / Roberto Díaz Zambrano
Roberto Zambrano
El Diario de Hoy

elpais@elsalvador.com

Cada vez es más difícil impartir clases y mantener cautiva a la población estudiantil de zonas rurales.

Los docentes deben ingeniárselas para dar clases sin recursos.
Mientras, los rateros venden los equipos, material didáctico y alimentos que roban en estas instituciones.

Al menos en quince centros de estudio de cantones, han robado este año. Las pérdidas van desde material didáctico, libros de consulta, electrodomésticos hasta los frijoles y el arroz que sirven para preparar los refrigerios de alumnos.

La noche es la preferida por los delincuentes para entrar a las instalaciones que se quedan solas. En ninguna hay vigilantes que impidan que cometan los robos.

La policía aseguró que todos tienen la misma forma de operar: violentan las cerraduras de las puertas o quitan las láminas de los techos para entrar a las direcciones de las escuelas.
La directora departamental de Educación, Lorena Brito de Pineda, manifestó que cuando se enteran de un atraco, apoyan a los maestros con algunos folletos para reemplazar los libros robados.

A pesar de la difícil situación que enfrentan los padres de familia, de Pineda les sugirió que paguen un vigilante.

La noticia no es nueva para las directivas de padres que, en varias ocasiones, han pedido a las autoridades del Ministerio de Educación (Mined), les asignen una cuota para pagar un vigilante que evite los hurtos.

La respuesta ha sido desalentadora: no disponen de dinero para cubrir la plaza.

Candados

La gobernadora departamental, Ingrid Béndix, explicó que lo conveniente es que los padres de familia gestionen la vigilancia, o las madres de familia se turnen para cuidar los centros educativos.

“Estos sujetos ni siquiera respetan a los niños y se roban sus cuadernos, no digamos cuando los dejan sin alimento”, enfatizó José Mangandi, de la escuela del cantón Río Frío.
El profesor Carlos Antonio Carrero, del Centro Escolar Francisco Menéndez, fue optimista al confesar que ellos colocan candados en las puertas y un joven protege el lugar. Así han evitado algunos robos.

La comisionada de la Policía Nacional Civil ahuachapaneca, Nery Sales, indicó que ellos mantienen vigilancia permanente con patrullajes en cantones y caseríos con los Grupos de Tarea Conjunta (GTC) y en la ciudad con recorridos en vehículo y bicicleta.
Una de las soluciones que propone la oficial es que organizarán a las comunidades, para que mantengan cuidadores que avisen al Sistema 911

Alumnos afectados. Foto EDH

La historia que varios han sufrido

El cuatro de octubre los alumnos del centro escolar del caserío La Playa, en el caserío Bola de Monte, cantón Garita Palmera, en San Francisco Menéndez, se quedaron sin su radio grabadora y un aparato de vídeo valorados en 350 dólares.

Los ladrones esperaron a que todos se fueran para entrar al lugar como a las 8:00 de la noche, escalaron el muro de protección y falsearon la dirección. No les bastó dejarlos sin un equipo valioso para impartir clases, sino que dejaron a los estudiantes sin lápices, libros de consulta ni folletos. Tampoco podrán comer su refrigerio durante tres meses, ya que los alimentos se los llevaron.

El director José Mauricio Quezada, lamentó la pérdida.
Las autoridades aseguran que siguen investigando el caso. No es una historia exclusiva.
Similares desgracias pueden narrar docentes y estudiantes del Centro Escolar del cantón El Jobo, El Paraíso y Juan de Dios del Cid, de Turín.

También la del caserío Las Chinitas del cantón San Lázaro, la escuela del cantón El Naranjito, en Concepción de Ataco, escuela El Diamante, de San Francisco Menéndez y el centro escolar La Palma, en Garita Palmera.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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