Francisco
Imendia*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
La crisis provocada tanto en la sociedad costarricense
como a nivel panamericano por la renuncia de Miguel Ángel Rodríguez,
fugaz secretario general de la Organización de Estados Americanos(OEA),
plantea la posibilidad de seguir contando con un candidato centroamericano
para que ocupe la vacante en ese organismo regional.
La carrera por la silla del secretario es algo así como haber pisado
un hormiguero. La movilización de políticos y diplomáticos
en el plano hemisférico ya es intensa, según los despachos
internacionales de prensa. Se dice que Honduras, El Salvador y Guatemala
tienen varios candidatos para ocupar la máxima posición
en el organismo regional; que desde Suramérica se plantea una estrategia
para que sea un caribeño el nuevo secretario, dado que posee 14
de los 34 votos, y con cuatro más lo consigue. Y por último
se mencionan los nombres de los ex presidentes de México y Brasil
Ernesto Zedillo y Henrique Cardoso.
De lo que no se ha hablado es de que en los 56 años de existencia
de la OEA, nunca un centroamericano ha dirigido ese organismo. Sin tomar
en cuenta los 15 días que ejerció como secretario el desafortunado
costarricense, Centro América tiene derecho a reponerlo, pese a
que se dice que nuestra región perdió su turno, como si
se tratara de perder el puesto en una fila de trámites de oficina
pública.
Centro América no debe dejar pasar la oportunidad de tener un digno
representante a la cabeza del organismo regional, en virtud de la importancia
geopolítica que eso significa para nuestra región. En ese
orden, los cancilleres centroamericanos reunidos recientemente en nuestro
país acordaron proponer un solo candidato para la OEA.
La candidatura o cualquier propuesta aislada es como la golondrina que
no hace verano, sobre todo en temas de política exterior. El consenso
centroamericano en este caso nos hará fuertes en el cabildeo para
lograr nuestro objetivo.
¿Por qué es importante un centroamericano al frente de la
OEA? A nadie escapa que el mundo cambió después de los atentados
del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. El terrorismo es parte
de la agenda global y el organismo hemisférico puede cooperar en
ese tema desde esta región del mundo.
Si los países del hemisferio queremos ayudar a combatir el flagelo
del terrorismo, tenemos la oportunidad de hacerlo con los instrumentos
jurídicos internacionales con que cuenta la OEA. Igualmente, si
los latinoamericanos queremos acuerdos sólidos y mejor trato para
nuestros emigrantes, que suman millones, qué mejor que un representante
centroamericano para abordar esos temas de la agenda hemisférica.
Por otra parte, la subregión centroamericana, después de
tantos años de conflictos internos, hoy vive en paz. El proceso
democrático, desde Contadora, Esquipulas II, hasta los Acuerdos
de Paz, abrió el camino a una nueva sociedad con instituciones
sólidas, que garantizan el Estado de Derecho. Desde esta perspectiva,
Centro América puede aportar mucho al hemisferio con sus propias
experiencias en el tema de la democracia y los derechos humanos.
En cuanto al comercio, todavía tenemos una agenda inconclusa a
nivel regional y subregional. El ALCA y el CAFTA se tienen que concretar,
y la instancia de la OEA juega un papel determinante en esas iniciativas
comerciales. Un centroamericano puede y debe impulsar políticas
laborales y sociales, que beneficien a los países menos favorecidos
de nuestro hemisferio, a través de la promoción de las inversiones.
¿Por qué un centroamericano? Porque un centroamericano incidiría
favorablemente en la subregión en temas tales como la educación,
el desarrollo sostenible, la cultura, el combate a la pobreza, además
de los asuntos relacionados con la democracia, los derechos humanos, la
lucha contra las drogas, el combate a la corrupción y la preservación
del medio ambiente.
Hoy tenemos la brillante oportunidad de aprovechar el foro hemisférico,
constituyéndolo en una nueva ventana para promocionar nuestros
valores como sociedad centroamericana y, al mismo tiempo, ser la sede
de importantes foros internacionales. Si antes nos conocieron como sociedades
divididas donde imperaba la ley del fusil, ahora que nos conozcan como
una Centro América en paz, que practica la democracia, que permanece
unida, que trabaja por su desarrollo integral y busca la prosperidad.
Es el momento de exaltar los valores cívicos y cerrar filas. Desacreditar
a un candidato regional no tiene sentido. El divisionismo amparado en
la deshonra es miope y un fatídico bumerán para toda la
región. Es hora de dejar a un lado los revanchismos ideológicos
y el subdesarrollo provinciano en lo político, y comenzar a pensar
en el bien común que nos acarrearía el tener a un centroamericano
con visión, valores y capacidad probada en la máxima instancia
de conducción de la OEA.
*Embajador de El Salvador en México.

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