Ronald Jovel
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Llegaron
un día acompañados de sus familiares con la promesa de recuperarse
pronto de la crisis temporal que padecían.
A otros los llevó la policía por andar en las calles sin
rumbo fijo. Los menos entraron con una orden de un juez en la que se recomendaba
su internamiento por un tiempo.
Hoy, después de cinco, diez y hasta 40 años, como el caso
de Carlos P., siguen ahí, enfermos a la fuerza, sin
un pariente que se acerque a traerlos, menos aún a visitarlos.
De los 343 pacientes del Hospital Psiquiátrico de Soyapango, 163
están clasificados como crónicos institucionalizados.
Guadalupe de Velásquez, jefa de
este servicio, es clara al afirmar que más del 70 por ciento de
los pacientes no debería estar dentro.
Muchos de ellos podrían estar en su comunidad, interactuando
con el entorno social porque pueden adaptarse y ser tratados de forma
ambulatoria, dijo Velásquez.
Pese a que la naturaleza del centro no es retener al paciente sino darle
un tratamiento asistencial, la negativa de apoyo por parte de los familiares
termina por dejarlos internos, lo que hace que el remedio termine siendo
peor que la enfermedad.
El siquiatra Nelson Miranda, especialista de la institución, razona
esta aseveración. Un paciente no requiere únicamente
de tratamiento médico Psiquiátrico, también necesita
estar en su ambiente natural, con su familia, explicó Miranda.
El médico dice que cuando se deja al enfermo encerrado, su
enfermedad se hace crónica, se deteriora.
Proceso judicial
El área social del Psiquiátrico ha llegado a localizar a
familiares, pero aún así no ha conseguido que se responsabilicen.
Incluso se han seguido procesos judiciales, apunta Miranda.
El abandono es como un suicidio social, se les niegan sus derechos.
El hecho de verse rechazados por su familia,... puede volverles agresivos,
manifestó el siquiatra.
Esquizofrenia, retraso y trastornos mentales son las enfermedades más
comunes. Sólo uno de los 163 enfermos crónicos padece de
demencia. El experto no duda que algunos de ellos sí tienen conciencia
del abandono, aunque se han acostumbrado a pasar su vida entre paredes
y barrotes.
Abandonar el hospital sin la ayuda de los familiares es casi imposible.
La mayoría terminará su vida encerrado; sólo unos
pocos privilegiados tienen la opción de llegar a un
asilo.
En los últimos cuatro años, unos 14 han logrado salir a
diferentes centros de atención. Es una verdadera lucha, porque
ninguna institución los quiere aceptar, apuntó el
siquiatra.
La jefa del área de crónicos dice que ocho pacientes sobrepasan
los 70 años y perfectamente podrían ir a una casa para ancianos,
pero por padecer enfermedades secundarias les han cerrado las puertas.
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Ocuparles es la mejor
terapia
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| Desde
1932, el Hospital desarrolla tareas como talleres orientados a la
recuperación de las habilidades de los pacientes. |
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Hacer atarrayas
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Jardineros
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Dibujo y pintura
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Higiene y Salud
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| Nuevos tejedores.
El ejercicio de coser es una práctica ideal para recuperar
las habilidades motrices. Si algún día salen, puede
ser también su medio de subsistencia. |
Destreza. A pesar
de la enfermedad que padecen, los internos son capaces de manipular
maquinaria como podadoras. Se encargan de dar el mantenimiento a los
jardines del hospital. |
Expresión.
Entre los olvidados existen también a quienes se les descubre
dotes artísticos. Esa terapia está orientada a que ellos
puedan expresar sus pensamientos a través del dibujo. |
El aseo. Es uno de
los hábitos que más trabajan en la institución.
Por la naturaleza de la enfermedad, a muchos se les olvida cómo
y por qué tienen que asearse cada día. |

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