Mario
Rosenthal*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
La historia reciente en especial con la globalización
nos comprueba que la mano de obra barata desplaza a los demás trabajadores.
La industria de textiles en Estados Unidos primero abandonó las
regiones de Nueva York, Pensylvania, Connecticut y Massachusetts y se
trasladó a los estados del sur en busca de mano de obra barata.
Luego se fue más al sur, principalmente al Estado de Texas y a
la región fronteriza de México, donde se establecieron muchas
familias mexicanas.
Ahora el New York Times dedica un espacio para informar de los problemas
que afrontan los trabajadores con el traslado de las empresas manufactureras
a China continental, que tiene salarios aún más bajos.
Algunas empresas maquileras de textiles vinieron a El Salvador y todavía
se encuentran aquí, pero todos los años algunas se van con
la aprobación de los tratados de libre comercio, al trasladar sus
actividades a China.
Es importante tener presente la amenaza que representa la entrada de China
a la Organización de Comercio Mundial (WTO), que abre las puertas
de todos los mercados del mundo a productos chinos.
Ya los televisores, computadoras y textiles chinos han llegado a dominar
los mercados de Estados Unidos, y aunque no nos damos cuenta, aquí,
en El Salvador, consumimos una gran variedad de productos chinos, que
se encuentran en los supermercados, ferreterías y zapaterías,
sin mencionar la ropa.
Es una triste verdad, pero con el correr de los años, no nos atrevemos
a aventurar o adivinar en cuánto tiempo la industria maquilera
textil desaparecerá en El Salvador y en muchos otros países.
Esto ya se ve, y no se puede negar que la mano de obra barata desplaza
a los demás trabajadores. Podemos preguntar ¿a qué
se dedicarán los obreros desplazados?
Hay males que traen beneficios, además de desgracias.
Un puente que se cae se repone con uno de mayor capacidad y más
fuerte, por más inconvenientes que cause. Veamos la desgracia de
la caída del precio del café. Lo mismo pasó en 1929-1930,
cuando el precio de la bolsa de café cayó a seis colones.
Hubo una revolución crediticia, el general Maximiliano H. Martínez
decretó la moratoria y el grano se recuperó y las siembras
aumentaron. Ahora hay pocas esperanzas de una recuperación, porque
la caída del precio se debe a la sobreproducción, mientras
que en los años 1929-1930 se debía a la famosa depresión
causada por la debacle de los mercados de valores en Estados Unidos.
Pero la actual caída del precio del café ha traído
el beneficio de acabar con el monocultivo del que vivía el país
desde que Gerardo Barrios impulsó la siembra del grano, hace casi
dos siglos.
Antes toda la vida financiera del país se movía alrededor
del café, ahora el país no depende de una sola actividad,
algunos capitales de los ex cafetaleros se han invertido en una gran variedad
de actividades y el monocultivo ya no es el factor más importante
en la economía del país.
Inevitablemente lo mismo tiene que suceder con la maquila. Por suerte,
la maquila nunca ha sido el factor más importante de la economía
nacional. Pero no se le debe restar importancia, ha dado trabajo y ha
sostenido miles de familias. Si desaparece la maquila por la competencia
de la República Popular de China, es seguro que otra actividad
manufacturera vendrá a sustituirla.
Por el momento, lo que sostiene la economía nacional en gran parte
son las remesas y es más que seguro que seguirán creciendo.
Lo que sí nos preocupa es que los burócratas parecen creer
que la población y los impuestos que pagan sirven para sostener
al Gobierno y no al revés, como debe ser en una democracia, donde
el Gobierno existe para servir a los habitantes, supliendo los servicios
como educación, salud e infraestructura.
Un sátrapa exprime al pueblo para lograr sus gustos, no un gobierno
electo democráticamente como el nuestro.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

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