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Morena Azucena/Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
Corina es una joven de 21 años con siete meses de gestación
que habita al sur oriente de la capital, en el antiguo barrio San Esteban.
Ella es uno de las tantos sobrevivientes del terremoto que enlutó
San Salvador el 10 de octubre de 1986. Tenía tres años cuando
todo eso ocurrió y habitaba un edificio domiciliar de tres niveles,
ubicado frente a la ermita de la vecindad.
La estructura soterró a Corina, a la mamá de ésta
que estaba embarazada, a dos tías y a un primo que tendría
su misma edad. Sólo ella y su progenitora vivieron para relatar
aquello.
Leyendas
capitalinas
La Loca Amparo es una de las figuras urbanas que fue popular a principios
del siglo XX, por sus escándalos y agresiones a los peatones.
El Zungo era conocido por sus asaltos y violaciones a las doncellas.
Carrito era un demente que se creía automóvil y siempre
andaba una bolsa con pesetas.
- Te pica era otro de los locos tira piedras. |
Hace poco más de un mes, la futura madre protagonizó un
extraño suceso que aún mantiene en incertidumbre a muchos
de la colonia. Todo sucedió tras la llegada al barrio de un pequeño
circo.
Justo a la hora de las funciones del mediodía y la noche, un niño
de aproximadamente siete años se asomaba por la ventana de un edificio
desolado, que se ubica frente a un predio baldío, a dos cuadras
del oriente de la ermita. Nunca bajaba y todos los días cambiaba
de ropa.
Daba la impresión de que la algarabía de los circenses le
atraía.
Intrigados por la presencia del pequeño, cirqueros y algunos vecinos
decidieron preguntar en la ferretería que funciona en el primer
nivel de la estructura en cuestión. Allí les aclararon que
nadie habitaba los pisos de arriba.
Nunca supimos quién era y después que el circo se
marchó no hemos vuelto a verle. Dicen que un niño murió
allí, pero son rumores, expresó Corina.
Historias como ésta son comunes en todo el país. Las explicaciones
fantásticas suelen ser parte de la vida cotidiana de los salvadoreños.
Dicha costumbre
no conoce fronteras. A escala mundial, el concepto leyendas urbanas
se ha popularizado desde la década de los 70.
El experto de la American Folklore Society, Jan Harold Brunvand, asegura
que no es la realidad o la ficción lo que define a este tipo de
narraciones, sino la transmisión oral y sus variables.
Son protagonizadas por cualquier persona, en sitios comunes y en todas
las épocas, y siempre incluyen un elemento asombroso.
Al respecto, en la colonia Flor Blanca, en la 43a. Avenida Norte, está
ubicada una residencia muy peculiar. Algunos vecinos aseguran que por
las noches se escuchan gemidos y llantos, y que en una de las esquinas
de la casa se reúnen gatos negros.
Lo que sí es cierto es que la vivienda en cuestión fue escenario
de tres crímenes violentos, en el pasado. La comunidad, alarmada,
pide exorcizarla.
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El ángel del farolito era un muchacho
entre los 14 y 15 años que recorría el centro durante
el domingo de Resurrección. Salía a tempranas horas
de la mañana con atuendo de ángel: alas, un manto, un
farol y una campana.
Foto EDH / AP |
En el antiguo Instituto Nacional (ahora Alcaldía
de San Salvador) un grupo de estudiantes se metió a una bodega
en la que guardaban 600 fusiles, pinturas, muñecos, espadas
y máscaras de esgrima. Además dicen que en sus pasillos
asustaban. |
| Algunas
historias fantásticas |
| Cuando mataron
al ex presidente Manuel Enrique Araujo, sus sesos fueron enterrados
en una botella en el Palacio Nacional. Dicen que el difunto aún
busca sus órganos. |
Aseguran que
en el edificio de la Dirección de Publicaciones e Impresos
(DPI) se pasea el fantasma de la escritora Lilian Serpas. Durante
una época ella vivió en ese lugar. |
A mediados de
los 50, se reinauguró un banco capitalino. En medio del acontecimiento
murió un hombre que rodó por las escaleras del edificio
y se desnucó. |
Por los años
30, en el centro de Ilobasco se paseaba un señor que se creía
el padre sin cabeza que andaba con una manta blanca. Más que
asustar, él quería ver a su amante. |
Una leyenda
mundial: se dice que en el humo de las Torres Gemelas se podía
ver la cara del diablo. Y que en el Pentágono, lo que quedó
intacto fue una Biblia. |
Como si fueran verdaderas
Lo que se ha de contar, así se traduce legenda,
término latín del que proviene la palabra leyenda. A través
del tiempo, también se ha asociado con lo mágico, lo fantástico
y lo inexplicable.
En la
literatura popular, este relato se caracteriza por ser anónimo,
perdurable en el tiempo y por sus personajes, casos y lugares misteriosos,
como el misticismo que existe alrededor de El Cipitío y La Siguanaba.
Nadie sabe cómo nacieron, ni quienes crearon por primera vez estos
personajes y las leyendas. Desde hace mucho, sin embargo, éstas
han generado miedos, odios, terror y hasta amor entre los salvadoreños.
¿Por qué? El antropólogo Ramón Rivas reconoce
que la respuesta no es tan sencilla.
Las leyendas cumplen una función social, porque surgen del
contacto diario. Y su misión es alertar a la gente de las cosas
misteriosas, dijo. Es decir, tienen un papel más allá
de lo esotérico.
Jan Harold Brunvald, acuñador del término leyenda
urbana, lo explica así: son historias dichas con cierta
convicción, como si fueran verdaderas. Pero más bien responden
a coincidencias o son demasiados raras para ser literalmente verdaderas.
Si bien su génesis es incierto, Rivas adjudica el origen de éstas
a la propiedad y capacidad imaginativa de una sociedad.
¿Cómo perduran en el tiempo? Porque todo lo que trascienda
en el tiempo subraya Rivas no desaparece tan fácilmente.
El especialista comenta que existen leyendas políticas, guerras,
biográficas y urbanas. Así, tenemos la carreta chillona,
como el espanto local por excelencia; el ex presidente Maximiliano Hernández
Martínez y su pacto con el diablo y las puertas sin salida del
Castillo Venturoso.

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