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Punto de vista
De vida o muerte

Durante estos últimos cuatro años, se ha notado en Estados Unidos un apoyo decidido al valor de la vida: Bush ha nombrado, en todos los puestos claves del gobierno, funcionarios comprometidos con la defensa de la vida.

Publicada 30 de octubre 2004, El Diario de Hoy


Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy

marvingaleas@ yahoo.com.mx

La próxima semana conoceremos quién será el Presidente de Estados Unidos durante los siguientes cuatro años. Muchos están pendientes del resultado y del proceso electoral, principalmente por motivos económicos, de estabilidad de los mercados, de política exterior, etc. Mientras que a otros también nos preocupa el resultado de las votaciones, porque del futuro Presidente dependerán, literalmente, las vidas de muchas personas, en especial niños no nacidos y soldados norteamericanos cuyo futuro, junto con el de los iraquíes, será decidido en las urnas el próximo martes.

Con frecuencia, ante una desgracia en la que sólo ha habido pérdidas materiales, como un accidente automovilístico, por ejemplo, nos consolamos considerando que lo material, en realidad, no importa; sabemos que lo irreparable de veras habría sido la pérdida de una vida humana, y es que la vida como valor, siempre tiene un peso específico que la hace punto de referencia obligado para todo lo demás.

Las posturas de los dos candidatos presidenciales ante el tema de la vida parecen definidas. Kerry suele ser ambiguo: unas veces dice una cosa, y otras, lo contrario. Con relación a temas morales, sigue más bien la línea de muchos demócratas que apoyan el aborto y la financiación de entidades internacionales que promuevan los “derechos” sexuales y reproductivos.

Respecto a la política exterior, y concretamente a la presencia de tropas norteamericanas en Iraq y la lucha contra el terrorismo, tampoco se aclara. A veces se limita a criticar y otras promete acciones concretas que retira cuando le complican su imagen. Lo único seguro es que, en general, parece que para John Kerry la vida humana no es un valor fundamental.
Mientras, Bush ha sido consistente en sus declaraciones sin importarle perder votos por sus opiniones apegadas a los valores que defienden la vida, y ha enfocado el asunto desde una perspectiva diferente: con la conciencia de que en Estados Unidos hay un gran número de personas que creen que la vida humana es un valor absoluto.

Durante estos últimos cuatro años, se ha notado en Estados Unidos un apoyo decidido al valor de la vida: Bush ha nombrado, en todos los puestos claves del gobierno, funcionarios comprometidos con la defensa de la vida, lo que ha causado también —por ejemplo— relaciones más bien tirantes con las oficinas de Naciones Unidas que se ocupan del tema, además de un tratamiento más bien hostil contra Bush, por parte de medios de comunicación comprometidos con movimientos pro aborto.

Todo eso parece bien, sin embargo, paradójicamente, mientras con una mano Bush defiende la vida humana de los no nacidos, con la otra ha firmado declaraciones de guerra que han implicado la muerte de muchas personas… Durante su gestión presidencial, principalmente a partir del 11-S, su postura ha sido claramente agresiva contra aquellos que él y sus aliados consideran servidores del “imperio del mal”, y ha embarcado a su nación en “guerras preventivas” –apoyándose, como en el caso de Iraq, en datos falsos —que han cobrado vidas de muchas personas inocentes.

Es paradójico, porque la consideración de la vida humana parece tener, para Bush, algunos bemoles: ya no es el valor absoluto que defendía hace cuatro años durante la campaña presidencial, y casi da la impresión de que para él la vida no es digna intrínsecamente, sino que su valor depende de que quien la viva haya nacido en suelo norteamericano. Algunos partidarios de esa forma de ver las cosas pueden alegar que es muy distinta la vida de un no nacido que la de un terrorista… Y no les falta razón, pero, lastimosamente la política exterior de Bush ha causado muchas más muertes en ciudadanos civiles que en terroristas consumados, de esos que, según la imaginación de algunos, pasan su tiempo escondidos maquinando proyectos contra la gran nación del norte.

Sin embargo, me parece de justicia reconocer que Bush y algunos funcionarios de su administración han hecho un esfuerzo loable para sostener con perseverancia una mentalidad pro vida en Norteamérica, y quizá por ello ciertos medios de comunicación han convertido a este Presidente en una caricatura de sí mismo con relación a temas que tienen fuertes connotaciones morales.

De las elecciones anteriores —que ganó apretadamente Bush— se puede inferir que al menos cincuenta millones de norteamericanos estaban claros de que hay cosas más importantes que la economía, y de que existen valores más altos por los que vale la pena luchar. Pronto podremos ver si siguen pensando de la misma manera.
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.


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