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Desde washington
Latino América perderá dos amigos en E.U.

Ambos hombres pusieron en ocasiones su preocupación por América Latina sobre las preocupaciones de su electorado. Fueron promotores decididos de preferencias arancelarias y acuerdos de libre comercio

Publicada 29 de octubre 2004, El Diario de Hoy


Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy

marvingaleas@ yahoo.com.mx

Latinoamérica seguirá con igual expectativa que el resto del mundo las elecciones del martes, pero, independientemente del resultado, la región habrá perdido dos de sus mejores aliados en esta ciudad cuando el senador Bob Graham (D-Fla.) y el representante Cass Ballenger (R-N.C.) se jubilen en enero.

Graham es un demócrata moderado que buscó reformas y cooperación en América Latina en torno a grandes ideas como el libre comercio, instituciones democráticas más fuertes y control civil de los militares. Ballenger, un empresario conservador y pragmático, se dedicó a ayudar con proyectos muy concretos a los más pobres del hemisferio. Ambos pusieron en evidencia lo que unos pocos políticos bien ubicados y bien intencionados pueden lograr en esta ciudad.

Aunque difieren en estilo e inclinación política, ninguno dejó que la Guerra Fría o el 11 de septiembre eclipsaran su enfoque humanitario y su compromiso con América Latina. Durante sus 18 años en el Capitolio, ambos definieron un papel que será seguramente difícil de igualar por otros senadores y representantes.

En la pared, al lado izquierdo de su escritorio, donde uno esperaría ver un mapa de su distrito en Carolina del Norte, Ballenger mantiene, en cambio, un mapa de Centro América. Ballenger habla sobre las necesidades de cada país con el interés genuino que surge de una profunda dedicación en tiempo y dinero —mucho suyo y más de sus familiares, amigos y asociados.

Como miembro del Comité de Relaciones Internacionales y luego como presidente del subcomité del Hemisferio Occidental, Ballenger usó sus influencias para obtener transporte militar y enviar miles de pupitres escolares, cuadernos, suministros médicos, toneladas de láminas de zinc para techos, y hasta un camión de bomberos a Centro América.

Incluso durante la más reciente etapa de profundas divisiones políticas, Ballenger nunca dudó en extender una mano al partido opuesto y “nunca vio a la política hacia América Latina dentro de líneas partidistas”, dijo William Delahunt (D-Mass.), uno de los más frecuentes compañeros de viaje de Ballenger a la región. “La verdad es que los latinoamericanos están perdiendo un defensor que abogó por sus causas”. El embajador hondureño Mario M. Canahuati no podría estar más de acuerdo. “Vamos a extrañarlo”, expresó al explicar que la dedicación de Ballenger a los pobres de Honduras fue sencillamente única.

Cuando Graham llegó al Senado a mediados de los 80, las intervenciones de Estados Unidos en América Latina habían sembrado amargura y resentimiento. Pronto empezó a trabajar en lo que llamó “ponernos en el lado positivo” de la región, redactando un proyecto de ley que buscaba extender preferencias comerciales a países del Caribe y Centro América. Convencido de que los éxitos o fracasos de América Latina afectarían a su Estado y su país, Graham permaneció involucrado en la región, mientras que la mayoría de sus colegas, tras el fin de la Guerra Fría, pensaba cada vez menos en ella.

Graham se crió en Miami, pero sus intereses al sur de la frontera iban más allá de Cuba y Haití. En 1995, Graham fue uno de los pocos legisladores que presionó por un paquete de rescate por $40 mil millones para México, tras el colapso del peso. La mayoría en la delegación de la Florida se opuso y demandó que México rompiera lazos con Cuba a cambio del apoyo estadounidense.

Graham también ayudó a fraguar coaliciones bipartidistas para aprobar iniciativas como asistencia antidrogas y preferencias comerciales para países andinos en el frente de la guerra estadounidense contra las drogas. No sorprende entonces que el embajador colombiano Luis Alberto Moreno le considere “uno de los amigos más grandes que América Latina haya tenido en el Senado estadounidense en las últimas dos décadas”.

Ambos hombres pusieron en ocasiones su preocupación por América Latina sobre las preocupaciones de su electorado. Fueron promotores decididos de preferencias arancelarias y acuerdos de libre comercio con la región, a pesar de la oposición de productores de azúcar en la Florida y la industria textil en Carolina del Norte.

El compromiso de Ballenger y Graham con América Latina y el Caribe empezó mucho antes de que llegaran al Congreso y probablemente continuará mucho después de su retiro. Graham está planeando establecer un centro académico que promueva mejores relaciones con Latinoamérica y sus ramas legislativas en particular. Como un ciudadano corriente, se espera que Ballenger continúe sus esfuerzos de lucha contra la pobreza, particularmente en Nicaragua, el segundo país más pobre del hemisferio.

Unos cuantos expertos defensores del amplio tema latinoamericano continúan en el Congreso —Christopher J. Dodd (D-Conn.), Richard Lugar (R-Ind.) y Mike DeWine (R-Ohio), en el Senado, Delahunt y Bob Menéndez (D-N.J.) en la Cámara Baja.

Nadie se hace ilusiones sobre si América Latina llegará a ascender algún día no muy lejano a la cima de las prioridades de la política exterior estadounidense. Lo que es mucho menos discernible es si el vacío dejado por dos hombres que, a su manera, mostraron nuevas formas de mantener a Estados Unidos involucrado en América Latina, se llenará nuevamente.

*Columnista del Washington Post.


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