elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

El futuro en sus manos

Casos fuera de lo común. Un ex reo volvió a la cárcel para someterse al examen, pese a que estaba libre hacía cinco días. Aún con discapacidad, una veintena de alumnos sordos quieren dar el salto a la universidad

Publicada 28 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Perseverancia. El ex convicto, mientras realizaba la Paes en la penitenciaría. Foto EDH /Arturo Silva

Ronald Jovel/corresponsales
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Nicolás Hernández / Ex reo y alumno de Bachillerato General

Tras recuperar su libertad el sábado pasado, tras cuatro años en prisión, Hernández volvió a la penitenciaría ayer para someterse a la evaluación.

Ex preso regresó a Mariona para ser bachiller

Cualquiera que sepa lo que es perder su libertad, y ver pasar los años tras las rejas, de seguro que al salir no estaría dispuesto a poner un pie en el reclusorio.

Irónicamente, Nicolás Hernández, a cinco días de haber salido del Penal La Esperanza, mejor conocido como Mariona, volvió ayer por la mañana al recinto; esta vez no por haber cometido un delito ni mucho menos. El deseo de graduarse como bachiller este año le doblegó, y hasta tuvo problemas para ingresar, ya que olvidó su documento.

El hombre salió libre el sábado, luego de cuatro años de encierro por haber estado relacionado con la venta de drogas, tiempo que aprovechó para continuar sus estudios, que había dejado en 1986. En la penitenciaría comenzó desde noveno grado hasta hoy que termina el Bachillerato General.

A eso de las 8:30 de la mañana comenzó la Paes para Hernández. Pasaban las horas y seguía concentrado en la prueba. Faltando cinco minutos para la 1:00 p.m se levantó de su pupitre y entregó el examen.

Después de tomar un halo de aire, confesó lo que le motivó a regresar a la prisión.
“Vine para salir adelante, ya había hecho el esfuerzo durante tres años y no podía dejarlo tirado. Me he dado cuenta que el estudio es importante para abrirse paso en la sociedad”, dijo el hombre de 33 años y oriundo de Soyapango.

Con respecto a la prueba, sostuvo que lo más difícil fue las Matemáticas, ya que no todos los ejercicios le eran familiares.

El reencuentro con su esposa e hijos y demás parientes fueron un ingrediente extra para querer hacer este ejercicio, aunque reconoció que “en los cuatro días que he estado con ellos no he podido estudiar porque no me podía concentrar, es algo maravilloso”.

Nicolás no sólo se gradúa de bachiller. La vida en la cárcel le dio una lección. Ahora ve de una forma diferente la vida, y no esconde su deseo de continuar su preparación académica el próximo año en la universidad.


Sin barreras. Karen se dirige a la profesora en el test. Foto EDH /Arturo Silva

Karen Elena García / Estudiante de Bachillerato General
Los 22 jóvenes sordos del Centro Escolar Griselda Zeledón, pidieron a la ministra de Educación que les facilite el acceso a la educación superior.

Una prueba reivindicativa

La llegada de la ministra de Educación, Darlyn Meza, al Centro Escolar Griselda Zeledón fue bien aprovechada por los 22 jóvenes con discapacidad auditiva que realizaban la Paes.
Utilizando como canal de comunicación a una intérprete, los alumnos le hicieron ver sus necesidades y expectativas.

Una de esas inquietudes que expusieron a la funcionaria fue las barreras que les imposibilitan accesar a la universidad y escoger la carrera de su predilección. El principal obstáculo es la falta de intérpretes en los centros de educación superior.

Por su parte, la funcionaría hizo eco de la petición de los estudiantes y de entrada se mostró interesada en buscar una solución al problema. Además se comprometió a trabajar en ese sentido.

“Les vamos a ayudar, vamos a buscar el mecanismo para ver si les colocamos intérpretes y así puedan ellos estudiar la carrera que les guste”, aseveró la funcionaria.
Esa es la primera promoción de bachilleres con esta discapacidad que egresa de ese centro escolar, y busca abrirse paso en la educación superior.


Ejercicio. Se examinó en el Instituto Isidro Menéndez. Foto EDH /Arturo Silva

Leonor Alvarenga Osorio / Ama de casa
Esta mujer de 39 años y madre de tres hijos hace un espacio cada sábado para la enseñanza.

Un trabajo a base de voluntad

El interés por aprender no tiene edad. Leonor Abigaíl Alvarenga Osorio, de 39 años, y una dedicada madre de tres hijos es un claro ejemplo de ello. Visiblemente nerviosa, pero segura del reto que tenía delante, la señora ocupó ayer temprano uno de los asientos del Instituto Nacional Isidro Menéndez de San Miguel.

Como ella, otros compañeros de bachillerato general a distancia llegaron a este centro educativo con el mismo objetivo: realizar la prueba y demostrarse a sí mismos que el esfuerzo de cada sábado (el único día que asisten a clase en esta modalidad de estudio) merece la pena.

Alvarenga no oculta que la tarea es difícil. Dividir el tiempo entre la casa y los deberes de la escuela es un sacrificio necesario, según comenta la señora, si se espera encontrar un trabajo digno.

Como ella, otros 31 alumnos de la modalidad a distancia se examinaron en el centro migueleño. Además, otros 405 estudiantes del Isidro Menéndez estuvieron presentes en las aulas.

Digna Emérita Pineda, compañera de Leonor, estaba más entusiasta. Incluso se atrevió a dar un pronóstico de su nota.
“Me preparé bien y espero obtener una calificación de un ocho”, manifestó Pineda.
Educación registró en el departamento de San Miguel la tasa más baja de inasistencia escolar, apenas de un uno por ciento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


elsalvador.com WWW