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El legado de los pipiles

En la muestra hay piezas de coleccionistas privados

Publicada 28 de octubre 2004, El Diario de Hoy

1- Incensario. Tiene soporte de tres patas. Tiene pintadas figuras muy específicas de la etnia.

2- Deidades. La mayoría de las piezas plasma las divinidades de los pipiles.

3- De un guerrero. Este pie posee detalles físicos impresionantes.

4- Sandalia. Uno de los modelos de calzado que utilizaba la tribu. Foto EDH


Morena Azucena
mlazucena@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Quetzalcoatl (serpiente emplumada), Tlaloc (Dios del agua), sandalias, pies de guerreros, cajetes, incensarios y vasijas coloridas son algunas de las evidencias pipiles que serán expuestas a partir del 4 de noviembre en la sala temporal del Museo David J. Guzmán.

El director de la institución, Gregorio Bello Suazo, explicó que las piezas –que están en el taller de restauración y en el depósito del museo– tienen un alto valor histórico.

El más importante es que todas representan a un grupo étnico que se desplazó en Ahuachapán, Sonsonate, La Libertad, San Salvador y Cuscatlán.

En la línea histórica temporal, los pipiles están ubicados entre el año 900 d. C. hasta el 1524, cuando ocurrió la conquista; a pesar de los datos –considera Bello Suazo– no se han estudiado con amplitud.

“Es un tema importante para el país porque casi siempre se piensa en los mayas. Al acercarse a esta cultura (la pipil), nos damos cuenta de su cosmovisión y calidad artística”, estimó el funcionario de Concultura.

Otro aspecto importante de los objetos incluidos en la exhibición, es que el 60 por ciento pertenece a coleccionistas privados.
“Son piezas nunca vistas. La idea es que el público pueda apreciarlas”, reiteró.

Más allá

Sumado a la exaltación de la cultura Pipil, a través del evento del jueves próximo, se pretende incentivar a los coleccionistas a registrar legalmente sus piezas.

A cambio, el Museo David J. Guzmán garantiza la seguridad y la conservación de las
mismas.

Asimismo, en el caso de las joyas de barro, la restauradora Leticia Escobar aseguró que se les ha dado el tratamiento requerido.

“Hay piezas que presentaban petrificaciones, hongos y malos resanos. Los hemos corregido y restaurado”, dijo Escobar.

No todas poseen la ficha técnica e información de donde fue encontrada, debido a que no hay un registro que lo respalde.

Éstas, sin embargo, han sido evaluadas por los expertos, y muchos de sus detalles coinciden con las características artesanales de los pipiles.

Y para darle peso científico, la exposición se basa en la investigación realizada por los arqueólogos Paul Amaroli y Roberto Gallardo.



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