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La nota del
día
Que haya rigor sobre el que gasta
En un país de muy limitados
recursos, devastado por la guerra, la demencia política y catástrofes
naturales, es un imperativo moral cuidar y fiscalizar el gasto público
Publicada 28 de octubre 2004, El Diario de Hoy
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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La reforma fiscal planteada contempla
una mayor fiscalización sobre los contribuyentes, lo que incluye
penalizaciones y cárcel para quienes con dolo falsifiquen información,
escondan datos o se apropien de forma indebida de sumas propiedad del
fisco, como quedarse con el IVA pagado por los clientes de un negocio.
Todo bien, pero así como hay rigor sobre el que paga, lo debe haber
sobre el que gasta, lo que incluye no sólo las dependencias gubernamentales
y las autónomas, sino también alcaldías y entes como
la Universidad de El Salvador.
Vamos al detalle. Desde hace varias décadas la Universidad de El
Salvador no rinde cuentas a nadie sobre sus gastos, despilfarros, malversaciones
y malos usos de los millones de millones que recibe de los contribuyentes.
Como no rinden cuentas, hacen fiesta con los dineros de la gente.
La Corte de Cuentas no tiene acceso a los libros, nadie revisa erogaciones,
no se publican balances, no hay auditorías confiables, ni siquiera
se rinden reportes sobre las partidas en que se distribuye el gasto. Adicionalmente,
la UES cobra a los estudiantes por muchas cosas, desde matrículas
hasta pago de cursos, pero no dan información a nadie sobre las
sumas recolectadas, o el destino que se da a esos fondos.
Es obvio que esa gente, como las municipalidades con los dineros que reciben
de el Estado, cree estar por encima de tales pequeñeces
como llevar a cabo audito- rías o justificar un gasto. ¿Justificar
ante quién? Alegando que son autónomos, gastan,
gastan y gastan sin que se sepa si hay particulares que se quedan con
tajadas, o si hay alguna medida de prudencia en el gasto. Piénsese
que no son dineros del demos académico o las autoridades de la
UES, sino de los salvadoreños que merecen saber el destino que
se le da a sus dineros.
Islotes de irresponsabilidad presupuestaria
Vamos a las alcaldías. El gobierno entrega a los municipios más
del seis por ciento del presupuesto, pero éstos no rinden cuentas
e inclusive se oponen a las auditorías. Cuando además un
municipio que haya estado bajo control de los comunistas pasa a ARENA,
lo que se descubre son robos y despilfarros sin límite, incluyendo
contrataciones que no cumplen con las leyes de licitaciones. El dinero
se manipula a la diabla, las cuentas se manejan a la diabla y de allí
que al diablo con aquellos que quieran informarse o impedir tales abusos.
En las alcaldías dirigidas por los comunistas nadie verifica y
el dinero se gasta sin rendir cuentas. Véase la forma en que las
alcaldías manosean los millones de dólares que sacan a los
vecinos del Gran San Salvador en concepto de saneamiento y recolección
de basura. Se dan el lujo de pagar a los mafiosos veinte millones de dólares
como honorarios. Y así con lo que ingresa por tasas,
así harán con los fondos que el gobierno les entregue, ahora
incrementados como parte del chantaje para la aprobación del presupuesto
de 2004.
En un país de muy limitados recursos, devastado por la guerra,
la demencia política y catástrofes naturales, es un imperativo
moral cuidar y fiscalizar el gasto público, reducir el desperdicio
y perseguir la malversación. No deben haber islotes de irresponsabilidad
en el manejo de presupuestos públicos.

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