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Todas las edades
Al lugar llegan personas de todas las edades. Niños, jóvenes
y ancianos se acercan para recibir alimentos.
Foto EDH |
Geraldine
Varela
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
Antes de las seis de la mañana salimos de la casa, afirmó
la mujer con aspecto descuidado, la ropa sucia y unas sandalias rotas.
Se trata de María Teresa Mendoza, de 34 años,
quien desde hace dos años asiste fielmente al oratorio Salesiano
San Luis Gonzaga, en la ciudad de Santa Tecla. Allí un grupo de
buenos samaritanos regala desayunos a personas como ella, sin hogar.
María Teresa, junto a su esposo, madre, suegra y dos pequeños
hijos, es una entre un centenar de personas que cada viernes, a las ocho
de la mañana, espera su ración de comida.
Los responsables de esta obra llamada Divino Niño Jesús
son un grupo de personas de diferentes congregaciones que, hace ocho años,
tuvo el deseo de ayudar a quienes viven en las calles.
Primero decíamos que íbamos a ayudar sólo a
ancianos y a niños, pero luego pensamos en no excluir a nadie,
porque todos tienen derecho a comer, comentó Consuelo de
Rivera, quien al igual que su esposo, Leonidas Rivera es una de las fundadoras
del proyecto.
Cuando empezaron la obra salían a recoger mendigos a las calle;
poco a poco los invitados fueron llegando al lugar acordado y el número
creció.
Alineados en una larga galera, niños, jóvenes y adultos
contemplan a lo lejos cómo sirven el alimento mientras un predicador
habla palabras de esperanza.
Dificultades
La misión de estos cristianos es a veces angustiosa. Todas las
semanas deben buscar a otras personas que puedan y deseen colaborar, ya
que conseguir comida y cocinar para más de cien personas no es
cosa fácil.
Es triste llegar al jueves, no tener nada que darles y saber que
ellos van a estar ahí al día siguiente esperando la comida.
Muchas veces nos ha tocado poner todo de nuestro bolsillo, afirmó
Leonidas.
Él asegura que son alrededor de 120 dólares los que se invierten
cada viernes.
Agregó que a muchos no les gusta colaborar porque al oratorio llegan
alcohólicos y drogadictos. Sin embargo, la mayoría de veces
su labor es bendecida por otros altruistas que donan alimentos sin que
ellos tengan que pedírselo.
Los indigentes piden también a estos samaritanos que les consigan
calzado y ropa, para no pasar frío en las heladas calles de Santa
Tecla.
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Cada vez más.
El número de indigentes va en aumento. Cada viernes llega una
persona nueva. Foto EDH |
El deseo es continuar con la obra, pero temen no poder
hacerlo debido a la inversión que tienen que realizar. Lo que piden
es que personas puedan ayudarles, ya sea donándoles alimentos o
cocinándolos.
Pese a las dificultades, los benefactores de los indigentes confían
en poder seguir con la iniciativa. Dicen que mientras tengan vida, seguirán
con la misión.
La jornada termina como a las nueve de la mañana. A esa hora casi
todos se han ido; de vez en cuando queda una anciana agradecida ayudando
a barrer las sobras de lo que los demás comieron.
Al fondo, los samaritanos, tomados de las manos elevan una oración
de gratitud por haber tenido qué compartir.
Si desea ayudar puede comunicarse al 228-1606, con Leonidas o Consuelo
Rivera.

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