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Los samaritanos tecleños

Santa Tecla. Más de un centenar de indigentes buscan alimento cada viernes. Unas seis personas cocinan para ellos. La inversión de la obra es grande y temen no poder continuarla

Publicada 27 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Todas las edades
Al lugar llegan personas de todas las edades. Niños, jóvenes y ancianos se acercan para recibir alimentos. Foto EDH

Geraldine Varela
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Antes de las seis de la mañana salimos de la casa”, afirmó la mujer con aspecto descuidado, la ropa sucia y unas sandalias rotas.

Se trata de María Teresa Mendoza, de 34 años, quien desde hace dos años asiste fielmente al oratorio Salesiano San Luis Gonzaga, en la ciudad de Santa Tecla. Allí un grupo de buenos samaritanos regala desayunos a personas como ella, sin hogar.

María Teresa, junto a su esposo, madre, suegra y dos pequeños hijos, es una entre un centenar de personas que cada viernes, a las ocho de la mañana, espera su ración de comida.

Los responsables de esta obra llamada “Divino Niño Jesús” son un grupo de personas de diferentes congregaciones que, hace ocho años, tuvo el deseo de ayudar a quienes viven en las calles.

“Primero decíamos que íbamos a ayudar sólo a ancianos y a niños, pero luego pensamos en no excluir a nadie, porque todos tienen derecho a comer”, comentó Consuelo de Rivera, quien al igual que su esposo, Leonidas Rivera es una de las fundadoras del proyecto.

Cuando empezaron la obra salían a recoger mendigos a las calle; poco a poco los invitados fueron llegando al lugar acordado y el número creció.

Alineados en una larga galera, niños, jóvenes y adultos contemplan a lo lejos cómo sirven el alimento mientras un predicador habla palabras de esperanza.

Dificultades

La misión de estos cristianos es a veces angustiosa. Todas las semanas deben buscar a otras personas que puedan y deseen colaborar, ya que conseguir comida y cocinar para más de cien personas no es cosa fácil.

“Es triste llegar al jueves, no tener nada que darles y saber que ellos van a estar ahí al día siguiente esperando la comida. Muchas veces nos ha tocado poner todo de nuestro bolsillo”, afirmó Leonidas.

Él asegura que son alrededor de 120 dólares los que se invierten cada viernes.

Agregó que a muchos no les gusta colaborar porque al oratorio llegan alcohólicos y drogadictos. Sin embargo, la mayoría de veces su labor es bendecida por otros altruistas que donan alimentos sin que ellos tengan que pedírselo.

Los indigentes piden también a estos samaritanos que les consigan calzado y ropa, para no pasar frío en las heladas calles de Santa Tecla.

Cada vez más.
El número de indigentes va en aumento. Cada viernes llega una persona nueva. Foto EDH

El deseo es continuar con la obra, pero temen no poder hacerlo debido a la inversión que tienen que realizar. Lo que piden es que personas puedan ayudarles, ya sea donándoles alimentos o cocinándolos.

Pese a las dificultades, los benefactores de los indigentes confían en poder seguir con la iniciativa. Dicen que mientras tengan vida, seguirán con la misión.

La jornada termina como a las nueve de la mañana. A esa hora casi todos se han ido; de vez en cuando queda una anciana agradecida ayudando a barrer las sobras de lo que los demás comieron.

Al fondo, los samaritanos, tomados de las manos elevan una oración de gratitud por haber tenido qué compartir.

Si desea ayudar puede comunicarse al 228-1606, con Leonidas o Consuelo Rivera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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