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Rolando por ahí
El espectro de Kafka ronda a El Salvador

Absurdo, cuando de ficción literaria se trata, resulta fascinante.

Publicada 27 de octubre 2004, El Diario de Hoy

Rolando Monterrosa
El Diario de Hoy
rolando@elsalvador.com


El autor emplea lo ilógico, lo falto de sentido, lo reñido con la razón y el buen juicio como telón de fondo en el escenario en que hace que se muevan sus personajes.

Éstos suelen ser víctimas del azar, de fuerzas desconocidas que alteran y hasta destruyen sus vidas. Debe haber algo de placer masoquista en la identificación del lector con estos pobres sujetos en cuyas situaciones se ha encontrado éste alguna vez. Hay también un gozo íntimo por estar fuera de la trama y entender cómo la inteligencia del autor aplica la lógica a lo ilógico o la razón a la sin razón, para entretener y conmover.

Aceptamos como válida y creíble la metamorfosis de Gregorio Samsa en “un repugnante insecto” y el pasivo sentimiento de culpa de “K....” que, en “El Proceso” permite que quienes sin motivo lo capturan lesionen sus más elementales derechos.

Pero cuando el absurdo se produce en la realidad, en la pantalla del televisor, a la hora de las noticias, algo te convierte de pronto en insecto o en el cautivo de verdugos desconocidos.
No, no se trata de una simple sensación, sino de una vivencia, porque no ocurre en las páginas de un libro, sino en el seno de la sociedad a la cual tú y yo pertenecemos.

Desde que por simple decreto un grupo de delincuentes que asesinaron, secuestraron, destruyeron la economía del país y generaron miserias insospechadas, se convierte en partido político y contribuye ahora a la promulgación de leyes que afectarán nuestras vidas, desde entonces comienza nuestro absurdo. Que un juez determine que a un secuestrador confeso no se le puede recordar que lo fue, porque se incurre en calumnia, es sólo un capítulo kafkiano más que autores siniestros parecen estar escribiendo, con nosotros como indefensos personajes.



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